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La obesidad infantil crece al doble de velocidad que en la generación anterior, según investigadores norteamericanos

Casi la mitad de los niños españoles padece problemas de sobrepeso

  • Última actualización: 8 de marzo de 2004

Pese a que la mayor parte de datos sobre la obesidad tiene su origen en Estados Unidos, el cambio de los hábitos nutricionales está extendiendo el problema de la conocida como "epidemia del siglo XXI". La "globalización" de la obesidad es un hecho, tanto como que entre un 45 y un 50% de los niños españoles tiene problemas de sobrepeso, o que un 15% es obeso.

Desde el pasado miércoles, San Francisco acoge la conferencia anual de la American Heart Association. Las comunicaciones no pueden ser más desalentadoras. Por ejemplo, los adolescentes estadounidenses -no olvidar que el fenómeno cada vez es más parejo al europeo- están engordando a gran velocidad, dos veces la tasa de sus padres cuando éstos tenían su misma edad. En una generación (unos 20 ó 25 años) el porcentaje del aumento de la masa corporal es el doble, indica un informe de la Universidad de Iowa.

Riesgo de enfermedades

El sobrepeso y, en mayor medida la obesidad, están unidos a la elevación de las tasas de riesgo de enfermedades cardiovasculares o diabetes, entre otras. En el estudio dirigido por Patricia H.Davis se demuestra que obesidad y sobrepeso están unidos a la subida del colesterol y de la tensión arterial, los factores de riesgo más peligrosos ante las dolencias cardiovasculares. Tanto es así, que si entre 1971 y 1981 la correlación entre colesterol y el índice de masa corporal se cuantificaba en un 16% y respecto a la tensión era del 23%, de 2001 a 2003 -siempre en población adolescente- las tasas eran del 32% y del 38%.

La obesidad, más en EE.UU. que en Europa, es un gran problema de salud. ¿Pero qué mueve a los jóvenes a engordar al doble de velocidad que sus padres? La respuesta está en la alimentación y en la vida sedentaria. Un equipo de investigadores de la Universidad de Boston ha rastreado los hábitos de los jóvenes norteamericanos y su renuncia a los productos lácteos y a los carbohidratos. El problema es que no se han moderado con el resto. El "olvido" de lácteos y cereales no se corresponde con las ganancias de peso, ya que el estudio analizó a un grupo con estos "malos hábitos" y los comparó con otro que sí los consumían. Los que tomaban lácteos y carbohidratos tenían ganancias de peso inferiores a los que los habían apartado de su dieta.

"Malos hábitos"

Una de las hipótesis de trabajo es que "una dieta baja en calcio puede aumentar la actividad de ciertas hormonas que promueven el almacenamiento de energía en células que participan en el proceso de la obesidad", dice uno de los autores, Lynn L.Moore. Además, la renuncia a los lácteos y con ellos a niveles "lógicos" de calcio promueve una reducción de la densidad de los huesos en plena etapa de crecimiento.

Pero estos hechos no justifican por sí solos tal grado de obesidad. Otros estudios presentados en el mismo congreso no sólo hablan de la necesidad de incluir en las dietas un consumo moderado de carbohidratos, fruta, verduras y lácteos, sino de cambiar los modos y un estilo de vida que se compone, en muchas ocasiones, de tres horas frente al televisor. Americanos y europeos prefieren alimentos precocinados y comida "rápida", y olvidan que donde se puede controlar la alimentación es en la casa de cada uno a través de la dieta mediterránea. Y por ello, los especialistas siguen con un mensaje que no cala: coma en su casa y contrólese.

En ocasiones, la causa que lleva a un cuerpo hacia la obesidad puede ser genética, pero es un mínimo porcentaje. Por ejemplo, los niños españoles hacen un 40% menos de ejercicio físico que hace 20 años, un proceso paralelo al anteriormente descrito. No sólo los niños engordan el doble de lo que lo hacían sus padres, sino que en un plazo de tiempo similar, la actividad física se ha reducido a la mitad. Unas jornadas de Pediatría organizadas por el Instituto Dexeus pusieron sobre la mesa que si durante la primera infancia se mantiene un cierto nivel de actividad, las cifras disminuyen drásticamente a partir de la adolescencia.

Ejercicio físico

En este sentido, las recomendaciones de los pediatras españoles son claras: realizar ejercicio físico al menos tres días por semana, y dedicar media hora al día a actividades tan fáciles como andar, subir y bajar escaleras, o montar en bicicleta. U otra recomendación más orientada hacia los centros de enseñanza: doblar el número de horas semanales de deporte reglado (de dos a cuatro), y aumentar hasta 30 minutos el tiempo diario de ejercicio muscular coordinado.

Un niño o un adolescente obeso no sólo tiene problemas físicos inmediatos que pueden acabar en diabetes, sino que también están afectados psicológicamente por su aspecto físico. Eso lleva en muchas ocasiones a situaciones coléricas. Desde la Universidad de Texas, otra investigación reafirma que estos extremos de conducta conducen a seguir ganando peso. "Los problemas que expresa la cólera se traducen en problemas nutricionales y en sobrepeso, lo que conlleva un alto riesgo de enfermedades cardiovasculares", asegura William H. Mueller. El problema afecta más a las niñas pero pone sobre el tapete la necesidad de "mirar la salud emocional de los niños, más allá de la dieta y el ejercicio", plantea el autor.

Etiquetas:

estudios, infantil, obesidad




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