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Los especialistas reunidos en la cumbre de Bangkok avalan la eficacia de los preservativos por encima de la abstinencia y la fidelidad
Con la llegada de los primeros microbicidas vaginales, dentro de 5 ó 7 años, se producirá la gran revolución preventiva contra el VIH, aseguró ayer en Bangkok la experta Zeda Rosenberg, que cifró en unos 850.000 los casos anuales de sida que se evitarían con ese nuevo método. Según cálculos muy cautelosos, bastaría con que un 20% de las mujeres de los 73 países más pobres del mundo empleara un microbicida eficaz al 60% para impedir 2,5 millones de infecciones en tres años.
La XV Conferencia Internacional del Sida repasó ayer el escenario preventivo de la pandemia. El virólogo José Alcamí, único español que forma parte del Comité Científico de este multitudinario foro, resume la situación como una "etapa realista" en la que la vacuna se encuentra en una "fase muy depresiva" y, en cambio, los microbicidas dibujan en un futuro más cercano una alternativa barata que puede ser usada por la mujer justo "en el momento de la conducta de riesgo".
Paralelamente, y como balance de la polémica sobre enfoques preventivos que se ha ido asomando a lo largo de toda la conferencia, la mayoría de los especialistas han avalado la eficacia de los preservativos masculino y femenino por encima de la abstinencia y la fidelidad, opciones defendidas con énfasis por EE.UU. y el Vaticano y apoyadas en Bangkok por el presidente ugandés Yoweri Museveni.
Joep Lange, presidente de la Sociedad Internacional del Sida, subrayó que "el uso de preservativos es uno de los métodos más baratos y de mejor relación coste-eficacia para prevenir la transmisión del virus". Y la sudafricana Quarraisha Abdool Karim lo argumentó con datos: el empleo habitual de este método anticonceptivo reduce en al menos un 80% la incidencia del VIH.
Retrasar las relaciones
Los expertos sí creen en la necesidad de programas para retrasar el inicio de las relaciones sexuales en los jóvenes, una circunstancia que por sí sola evita numerosas infecciones. Pero discrepan radicalmente del énfasis en la abstinencia y la fidelidad. Si la primera choca con la realidad sexual del mundo en desarrollo, sobre todo entre la juventud, la segunda también se ve desmentida por los hechos: "Muchas mujeres que han contraído el virus de sus maridos o parejas habituales les eran fieles", recalcó ayer la doctora Rosenberg, presidenta de la organización Colaboración Internacional para los Microbicidas.
Abdool Karim completó la argumentación apelando a la validez del preservativo femenino, que no sólo es "tan efectivo como el masculino para evitar las infecciones de transmisión sexual", sino que "como método añadido a él, puede incrementar el uso general del preservativo y, por tanto, reducir el contagio del VIH". Lo que aún no se ha probado con estudios científicos, aclaró la experta sudafricana, es la eficacia de opciones como la prevención farmacológica con antirretrovirales, el control de la infección por el virus del herpes simple o la circuncisión masculina, que "podrían tener gran potencial en el futuro".
Herramienta urgente
La esperanza más inmediata se concentra en los microbicidas, que Rosenberg describió ayer como "la herramienta preventiva que necesitan desesperadamente las mujeres". La gran ventaja de estas sustancias bajo investigación (hay ya seis, cuyos ensayos incorporarán a más de 20.000 mujeres en tres años) es que ellas mismas podrán aplicárselas en la vagina sin depender de la voluntad masculina. Sus posibles formulaciones serán en forma de gel, crema o emulsión, pero también podrían usarse en supositorios o con algún tipo de envoltorio.
La novedad de los microbicidas tiene que ver, según explicó José Alcamí, con la investigación de mata-gérmenes "específicos contra el VIH, pero de uso tópico y con una vida media de horas", que permiten su fácil empleo antes de las relaciones de riesgo. De hecho, nacen de una visión realista de los déficits en la prevención con preservativos, ya que demasiados hombres renuncian a ellos. En cuanto a su viabilidad científica, todavía tienen que superar varias pruebas de seguridad: no irritar la vagina o el cérvix, no eliminar bacterias vaginales que actúan como desinfectantes naturales, no cambiar la acidez que sirve de defensa natural, etc.
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