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El tratamiento consiste en "lavar" los cerebros de estos recién nacidos para minimizar el riesgo de hemorragias
Un nuevo tratamiento desarrollado por investigadores de la Universidad de Bristol, en Reino Unido, permite mejorar la supervivencia de los bebés que nacen de forma prematura. En un artículo publicado en la revista "Pediatrics", se explica cómo esta técnica consiste en "lavar" los cerebros de los neonatos para minimizar el riesgo de hemorragias cerebrales.
Estas hemorragias constituyen una de las complicaciones más temidas en los bebés que nacen antes de tiempo, ya que pueden causar lesiones en el cerebro todavía en desarrollo y provocar parálisis cerebral, graves dificultades de aprendizaje e incluso la muerte. Casi la mitad de estos bebés sufren un trastorno conocido como hidrocefalia, causado por la acumulación de líquido cerebroespinal en el cerebro. La técnica desarrollada por estos científicos, denominada "Drift", consigue drenar el cerebro de este líquido e introducir de nuevo el fluido ya "limpio", explicó Andrew Whitelaw, autor de la investigación.
Este nuevo tratamiento consiste en colocar en el bebé, anestesiado con anterioridad, dos catéteres en los ventrículos. "Mediante el tubo colocado atrás se drena toda la sangre y el líquido que provoca presión, mientras que con el tubo delantero se introduce líquido ya limpio, similar al líquido cerebroespinal natural que produce el cerebro", detalló Whitelaw. "Cuando comienza el drenaje, el líquido que sale del cerebro tiene un color parecido al refresco de cola y poco a poco se aclara", señaló Whitelaw, hasta que "cuando el líquido comienza a verse claro como el agua, entonces se detiene el tratamiento", apuntó.
El proceso dura varios días -entre tres días y una semana- y sólo se puede aplicar a los bebés muy prematuros que ya han sufrido hemorragias severas y están en riesgo de hidrocefalia. Además, requiere una continua monitorización para asegurar que la presión en el cerebro del bebé no se eleva demasiado.
El tratamiento con estos bebés requería hasta ahora la inserción continua de agujas en la cabeza o espina dorsal para reducir la presión causada por la acumulación de líquido. Esto se lleva a cabo durante varios meses hasta poder implantar un "shunt" cerebral permanente, es decir, una válvula que desvía el líquido del cerebro al corazón o abdomen. Sin embargo, este tratamiento no es tan eficaz y a los dos años de vida el 71% de los bebés han fallecido o están discapacitados, frente al 54% de los bebés tratados con esta novedosa técnica.
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