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Pacientes sin fronteras

Invertir en salud es uno de los principales valores estratégicos para escapar de "los bucles de la pobreza", aseguran destacados expertos internacionales

Imagen: OMS

De un tiempo para esta parte la pregunta clave que se formulan los estrategas de Naciones Unidas y sus distintas agencias es «cómo escapar de las trampas que tiende la pobreza». Por el momento, no hay una respuesta única y el conjunto de todas las posibles es desalentador. «No hay progreso en absoluto; nada de lo que se ha hecho sirve de verdad», declaraba recientemente Margaret Chan, directora general de la Organización Mundial de la Salud. Bernard Kourchner, fundador de Médicos sin Fronteras y actual ministro galo de Política Exterior y Europea, defendía en el mismo foro la inversión en salud pública como mecanismo desatascador.

«Algunas enfermedades como la tuberculosis continúan creciendo en África y todavía muere muchísima gente de hambre; no conseguimos escapar de las trampas de la pobreza». La cita no es gratuita ni procede de alguien que no conozca a fondo la problemática sanitaria del mundo en desarrollo. Pertenece a Margaret Chan, actual directora general de la Organización Mundial de la Salud (OMS) tras haber dirigido los departamentos de Protección del Medio Ambiente Humano y de Enfermedades Comunicables. También ha sido representante del director general en el servicio especial de prevención y respuesta de la OMS a la pandemia de la gripe aviar. «No conseguimos avanzar», denunció en el foro internacional BioVision, celebrado recientemente en Lyon (Francia). El foro, una reunión internacional celebrada bianualmente bajo los auspicios de la ONU para debatir el impacto de las ciencias de la vida en la sociedad, centró en esta ocasión su foco en los llamados «Objetivos del Milenio para el Desarrollo».

Según dijo Chan en su intervención, las instituciones, los gobiernos y las organizaciones de ayuda al desarrollo deben hacer un esfuerzo para «cambiar los enfoques». «Hay que tratar la salud como una estrategia», aseguró. Y en esa estrategia deben participar «todos los socios», desde la industria hasta la comunidad científica pasando por la sociedad civil. ¿Para qué? «Para aportar instrumentos y soluciones». Por ejemplo, agregó, en forma de autorización para la distribución de fármacos para combatir las enfermedades que asolan África, América Latina o el Sudeste asiático.

La agricultura como primer paso

Los expertos recomiendan la inversión en formación en salud pública, ciencia y tecnología y economía para alcanzar los Objetivos del Milenio

Una de las fórmulas que deberían ensayarse, propuso Bernard Kourchner, fundador de Médicos sin Fronteras y de Medicus Mundi, pasa por «reenfocar el problema». «La clave es la gestión de los sistemas de salud públicos», aseguró. Kourchner entiende la salud pública como un asunto que liga la política y la sociedad civil, y sostiene que en los países en desarrollo estos sistemas hacen aguas por todas partes. De ahí su insistencia en «construir un nuevo sistema».

La afirmación de los dos expertos internacionales no es gratuita. Según los datos que maneja en la actualidad la OMS, unos 854 millones de personas en el mundo padecen desnutrición y una alta proporción de ellas se enfrenta a un riesgo real de muerte por falta de alimentos. Como mecanismo de supervivencia, el 70% subsiste gracias a una agricultura que apenas les reporta lo justo para comer una vez por día. Para incrementar la productividad de los suelos agrícolas, los países en desarrollo optan por recurrir a nuevo terreno cultivable hasta alcanzar, en algunas zonas del planeta, el 70% de nuevos suelos. Dicho de otro modo: dar de comer a un mayor número de personas «abre la veda para la deforestación de amplios territorios, el agotamiento de nutrientes agrícolas ya de por si pobres o la sobreocupación de deltas», explica Keith Wiebe, alto directivo del Departamento de Agricultura de Estados Unidos y miembro destacado de la FAO.

La situación, dice el experto, no se da en los países desarrollados, donde el rendimiento de la hectárea agrícola triplica, en el peor de los casos, al mejor de los aprovechamientos posibles del mundo en desarrollo.

Por otro lado, la occidentalización de los métodos de explotación abre, en opinión de Wiebe, las puertas a un uso indiscriminado y con «escasas posibilidades» de control de abonos, fertilizantes o pesticidas. Y si se opta por la tecnología, dada la preeminencia de patentes, una parte nada despreciable del incremento de productividad «deberá traducirse forzosamente en royalties», aspecto que, a su juicio, empeora la situación.

Jerry Steiner, director de Biotecnología de la multinacional Monsanto, entiende que las soluciones pasan por facilitar a los pequeños agricultores locales herramientas para «construir su propia economía». Esas herramientas toman forma de tecnología para incrementar la selección y el rendimiento de semillas, mejorar la gestión de la producción agrícola y el uso de la «biotecnología de segunda generación». Todo ello, añade Steiner, «con las garantías de seguridad alimentaria plenamente establecidas».

Construir un sistema de salud

Un mal uso de las tecnologías agrícolas, advierten los científicos, podría desembocar en una epidemia de obesidad en los países en desarrollo

Chan, desde la OMS, defiende que, pese a todo, «hay buenas noticias». Una de ellas es que el número de personas que tienen acceso a comida es cada vez mayor. Una vez se logre completar el objetivo de erradicar el hambre o paliarlo tanto como sea posible, la preocupación debería ser, según la directora general, asegurar la ingesta de nutrientes esenciales para no transformar la hambruna en una «epidemia de obesos». Chan recordó, en este sentido, el alarmante incremento de casos de obesidad en el Tercer Mundo. En paralelo, añade Kourchner, «hay que globalizar el sistema de salud pública» y «asegurar que hay probabilidades reales de ayuda».

La opción más defendida, especialmente entre representantes del continente africano, el lugar del planeta donde menos avances se han observado en los últimos años en la lucha contra la hambruna y en la prevención de enfermedades evitables, es simple conceptualmente, señala el fundador de Médicos sin Fronteras: «hay que invertir para que el sistema de salud se construya in situ y pueda ser liderado por agentes locales».

Por construir sistema entiende, entre otras cosas, desarrollar un tejido capaz de soportar el peso de inversiones en materia agroalimentaria, un crecimiento económico razonable y sostenible y condiciones de estabilidad. También, según Kul Chandra Gautan, miembro de UNICEF, aportar mecanismos de empowerment para minimizar la discriminación de género (algo en lo que el acceso a la cultura influye enormemente) y disminuir el peso de la enfermedad y la malnutrición en niños.

Y aquí es donde entra de nuevo Kourchner: «Hay que convencer a quienes hayan adquirido conocimiento y cultura para que sigan en casa, para que transfieran todo lo que han aprendido y contribuyan a crear sistema».

Un sistema al que, a juicio de John Kilama, presidente del Instituto de Biociencias y Desarrollo Global y uno de los más reputados conocedores de la realidad africana, no le hacen falta ni donaciones ni más deuda externa: «Lo que necesitamos son socios y no caridad». «El hambre no es una enfermedad, sino un síntoma», puntualiza. Y sus causas, enumera, son la propagación de enfermedades evitables, los escasos niveles de educación, la presencia de conflictos armados, la falta de ciencia y de científicos, el racismo, el rol actual de las compañías multinacionales o el peso de los subsidios agrícolas sobre «la libre competencia». Todo ello lleva, como dice Kourchner, a tener que efectuar aproximaciones en salud pública de tipo transversal. «Estamos hablando de pacientes sin fronteras, con necesidades médicas, sanitarias, de educación y de acceso a recursos que trascienden los límites de los estados».

Los Objetivos del Milenio

Imagen: OMS

Koffi Annan, en calidad de Secretario General de la ONU, dio a conocer, en la Cumbre del Milenio de 2000, el compromiso de los países firmantes de lograr una reducción significativa de los índices de hambruna y pobreza, además de mejorar las condiciones de vida de los países más desfavorecidos. El compromiso que ha alcanzado mayor notoriedad por lo que significa es la intención de reducir a la mitad la población que padece hambre o desnutrición para 2015.

En total, Annan dio a conocer ocho grandes compromisos. Constituyen los Objetivos del Milenio para el Desarrollo. Son:

  • Objetivo 1. Erradicar la pobreza extrema y el hambre
  • Objetivo 2. Lograr la enseñanza primaria universal
  • Promover la equidad de género y la autonomía de la mujer
  • Objetivo 4. Reducir la mortalidad infantil
  • Objetivo 5. Mejorar la salud materna
  • Objetivo 6. Combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades
  • Objetivo 7. Garantizar la sostenibilidad ambiental
  • Objetivo 8. Fomentar una asociación mundial para el desarrollo



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