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Enfermedades protectoras

Sufrir una determinada enfermedad puede servir de protección frente a otra afección

  • Autor: Por MONTSE ARBOIX
  • Fecha de publicación: 23 de marzo de 2015
Imagen: denrud

Padecer determinadas enfermedades, algunas de ellas graves, podría ejercer un efecto protector frente a otras dolencias. Hace unos años, se observó que las personas que sufren la enfermedad de Alzheimer cuentan con menos probabilidades de tener cáncer y viceversa. Ahora, un estudio reciente explica que quienes viven con la forma de artritis más dolorosa, la gota, tienen menos incidencia del mal de Alzheimer. Este artículo comenta este descubrimiento y, además, explica por qué tener un determinado grupo sanguíneo protege frente a la malaria.

La gota protege de la enfermedad de Alzheimer

El ácido úrico, que tantos estragos provoca en los afectados de gota, tiene su lado positivo: actúa como neuroprotector y disminuye el riesgo de padecer la enfermedad de Alzheimer. Así lo señala un estudio realizado por un equipo de investigadores del Hospital General de Massachusetts y del Centro Médico Universitario de Boston, ambos en Estados Unidos. Los científicos analizaron los datos de más de 3,5 millones de personas con más de 40 años sin antecedentes de gota ni de demencia al inicio de la investigación. Todos los individuos incluidos fueron estudiados hasta que desarrollaron esta enfermedad reumática, fallecieron, salieron del registro de la Red de Mejora de la Salud (THIN) o finalizó el seguimiento.

Según los autores del trabajo, publicado en British Medical Journal, el efecto protector de la gota posiblemente sea debido al ácido úrico. Los resultados muestran que las personas con antecedentes de gota tenían un 24% menos de riesgo de sufrir el mal de Alzheimer (después de tener en cuenta otras variables, como edad, sexo, índice de masa corporal, nivel socioeconómico, hábitos de vida, condición cardíaca y tratamientos asociados).

La gota es una enfermedad reumática que se da cuando el exceso de ácido úrico en la sangre (hiperuricemia) se deposita, en forma de cristales de sales de urato, en las articulaciones, tejidos circundantes y riñones. El ataque de gota es un cuadro de aparición súbita que se acompaña con inflamación, intenso dolor y aumento de calor de una articulación, sobre todo dedo del pie, tobillo, empeine o rodilla. Así, en pocas horas, una articulación puede pasar a presentar estos intensos síntomas que hacen que un mínimo roce provoque un agudo dolor.

Menos malaria con grupo sanguíneo 0

La proteína RIFIN va hacia la superficie de las células de la sangre, donde se adhiere sobre todo a los glóbulos de tipo A

La malaria, denominada también paludismo, es una infección tropical causada por el parásito Plasmodium, que se hospeda en el mosquito Anopheles. Este insecto es el responsable (vector) de su transmisión. Según el Informe Mundial sobre el Paludismo 2012, en 2010 hubo 219 millones de casos en todo el mundo y causó la muerte de unas 660.000 personas, en su mayoría menores de cinco años.

Hace unos años, el estudio "Blood group O protects against severe Plasmodium falciparum malaria through the mechanism of reduced rosetting", publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America (PNAS), mostró que las personas con sangre del grupo 0 eran más resistentes a una forma específica de la enfermedad. Después de analizar los datos de más de 500 niños de Malí, los investigadores concluyeron que la probabilidad de desarrollar la forma más severa de la malaria era un 66,66% menor en pequeños con sangre del grupo 0. Y, al contrario: observaron que los niños con grupo sanguíneo A entraban con rapidez en coma y morían.

Ahora, otro trabajo publicado en Nature Medicine explica los mecanismos que hay detrás de la protección que proporciona el grupo sanguíneo 0. Los científicos, dirigidos desde el instituto Karolinska, en Solna (Suecia), han descrito cómo el parásito Plasmodium falciparum segrega la proteína RIFIN y cómo esta va hacia la superficie de las células de la sangre, donde se adhiere con fuerza, sobre todo a los glóbulos rojos (o hematíes) de tipo A. Y aunque se pega también a las del grupo sanguíneo 0, lo hace de manera más frágil. Según el investigador principal, la protección que ello confiere podría explicar por qué en zonas donde la malaria es tan común el grupo sanguíneo más frecuente sea el 0.

Cuando un mosquito Anopheles hembra pica a una persona infectada para obtener su sangre, el Plasmodium coloniza sus glándulas salivales, y cuando esta pica a otras personas, les trasmite el parásito. Después de una picadura, el parásito (denominado esporozoítos) viaja a través del torrente sanguíneo hacia el hígado, donde madura y produce otra forma, los merozoítos. Los parásitos ingresan en el torrente sanguíneo e infectan los glóbulos rojos provocando su rotura al cabo de 48-72 horas. Esto los destruye y siguen infectando otros hematíes.

Cáncer y enfermedades neurodegenerativas: o lo uno o lo otro

Hace unos años, un estudio publicado en la revista Neurology describía la baja probabilidad que hay de desarrollar de manera simultánea la enfermedad de Alzheimer y cáncer. Los investigadores concluían que las personas con mal de Alzheimer tenían un 42% menos de riesgo de desarrollar cáncer y viceversa: quienes sufrían cáncer tenían un 35% menos de posibilidades de padecer también este tipo de demencia. Así los autores concluían que podrían considerarse como entidades opuestas, una relacionada con la proliferación celular indiscriminada y la otra, con la muerte celular.

Más tarde, científicos del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) publicaron en PLOS Genetics la explicación del mecanismo del papel protector del cáncer frente a las enfermedades neurodegenerativas (como el Alzheimer) y viceversa: como personas afectadas por el mal de Alzheimer, Parkinson e, incluso, esquizofrenia desarrollan menos cáncer. Después de confrontar los datos de casi 1.700 personas de 30 estudios sobre enfermedades del sistema nervioso central y los de trabajos sobre cáncer de colon, pulmón y próstata, encontraron que había un centenar de genes (como PIN1, Wnt y P53) que intervenían en esta asociación excluyente entre tumores y enfermedades neurodegenerativas y su efecto protector cruzado.


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