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De tal palo, tal astilla: el papel de los padres en la prevención del cáncer

Los padres son el principal referente para sus hijos, un modelo en el que se inspiran para aprender cada día y a los que tratan de copiar

Imagen: TunedIn61

Con un estilo de vida saludable, se podrían evitar cerca del 40% de los cánceres. Si todavía no ha empezado a mirar por su salud, debe saber que lo idóneo es no solo aprender hábitos y ponerlos en práctica, sino además interiorizarlos. Nunca es tarde para adquirir sanas costumbres, pero cuanto antes se haga, menos esfuerzo costará, el beneficio sobre la salud será mayor y se podrán transmitir los mismos hábitos a las personas más cercanas, sobre todo a los niños y jóvenes a cargo. En el siguiente artículo se ofrecen varios consejos prácticos para lograrlo.

Cuando los niños observan que sus padres comen de todo, hacen ejercicio, no llevan una vida sedentaria, no fuman, moderan el consumo de alcohol y se protegen del sol de manera adecuada, será mucho más fácil que ellos aprendan ese estilo de vida. Además, en caso de que se resistan, siempre será más congruente que los progenitores se lo puedan exigir.

Los pequeños son sensibles a todo lo que les rodea y no se limitan a copiar actos; también asimilan frases y actitudes. Por tanto, no será suficiente con que le vean a uno comer verdura; lo idóneo es mostrarles que se come con disfrute e incluso que se verbalice lo rica que está. La frase "a mí tampoco me gusta pero la como porque es muy sana" es contraproducente. Además, les podría sonar poco convincente, dado que a ciertas edades es más importante si algo les gusta o no les gusta, que si es sano o no es sano. Por supuesto, los padres o tutores no son las únicas personas ejemplares. También se recomienda que sean un modelo de vida saludable los abuelos, los tíos y cualquier otro adulto cercano al menor.

Tras la teoría, llega la práctica

  • Cuanto antes se empiece, mejor. Alimentarse de manera sana y equilibrada es lo primero que el niño debe aprender, así que será fundamental que, por ejemplo, cuando pueda comer todo tipo de fruta, no se limite a pocas variedades. Habituar su paladar a muchos sabores y texturas diferentes evitará que haya resistencia a probar otro tipo de alimentos y platos. Cada temporada se puede encontrar una amplia gama de productos en el mercado.
  • El ejercicio, si se puede, mejor en equipo. Los beneficios son mayores, pues aprenderán a trabajar en equipo, ser generosos, sobrellevar las derrotas y motivarse y ayudarse unos a otros.
  • Cargarse de paciencia; cada niño aprende a su ritmo. Solo se tendrá que ser perseverante y reforzar cada pequeño cambio o esfuerzo (cuando se eche crema protectora él solo o tenga la iniciativa de usar gorra, cada vez que pruebe un alimento nuevo, etc.). Si no lo hace del modo correcto, no hay que decirle que está mal. Es conveniente corregirle enseñándole la manera correcta de hacerlo para la siguiente vez.
  • Hacer de la cocina un entorno agradable y útil, donde poder ayudar a crear platos. Los menores pueden ser grandes pinches cuando un adulto esté preparando la comida, siempre y cuando no sea una obligación y lo perciban como una tarea creativa. Les hará sentir importantes.
  • Las tareas en la cocina se adaptarán siempre a su edad y capacidades madurativas: acercarse los ingredientes, lavar los alimentos, darle vueltas a un guiso, amasar, decorar, probar de sal... Y siempre reforzando la buena intención, aunque no les salga del todo bien.
Imagen: AECC

Entre las preguntas más frecuentes que nos hacen padres y madres sobre la alimentación de sus hijos e hijas y las pautas que se deberían seguir destacamos:

  • ¿Por qué no es bueno el picoteo entre horas? Salirse de las cinco comidas al día aumenta la cantidad total de calorías ingeridas y altera el equilibrio nutricional diario. Hace que se llegue a las comidas principales con menos hambre. Las comidas que se hacen agradables al paladar son las que quitan el hambre. Si antes de comer o de cenar comen algo, ese alimento queda sobrevalorado y las lentejas o el plato de verduras que les esperan no lo acogerán con el mismo agrado.
  • ¿Qué tiene de malo dar chucherías a los niños? Son alimentos que no deben sustituir o complementar una comida, tienen escaso valor nutricional y un alto contenido calórico y sacian el apetito, evitando que se tomen alimentos necesarios. Si comen alguna chuchería, recomendamos dárselas después de una de las comidas (después de merendar, después de comer...). De esa forma tomarán menos y será la comida principal la que les habrá saciado el hambre. Es mejor no darlas como premio para no sobrevalorarlas, ni como consuelo en un momento de tristeza (caída, despedida, pérdida...), porque aprenderán que cuando tienen una emoción negativa se come, y en especial un alimento dulce.
  • ¿Qué repercusión tiene que mi hijo o hija desayune de forma adecuada? Si desayuna bien, mejora su rendimiento escolar, está mejor alimentado y se previene la obesidad. Si desayuna poco, puede llegar a acostumbrarse a almorzar demasiado y llegar con poca hambre a la comida.
  • ¿Cómo puedo conseguir que mi hijo o hija desayune mejor? Es fundamental que tenga tiempo suficiente para desayunar. Conviene despertarle con tiempo; es más fácil conseguirlo si se acuesta temprano.
  • ¿Qué le doy a mi hijo o hija para almorzar y para merendar? El almuerzo y la merienda son dos de las cinco comidas principales del día. Evitan el ayuno prolongado hasta la hora de comer o de cenar. Aportan energía. Alimentos que se pueden ingerir: fruta natural, lácteos, embutidos, cereales elaborados (pan, galletas, bollería -preferiblemente casera-) y no olvidar el injustamente desterrado bocadillo.
  • ¿Qué inconvenientes tiene la bollería industrial? La bollería industrial contiene muchas calorías y muchas grasas, sobre todo saturadas, por lo que aumenta la obesidad y eleva el colesterol. Si alguna vez se toma, buscar que esté elaborada con aceite de girasol, de oliva o de maíz, ya que otros aceites vegetales, como el de coco y el de palma, contienen muchas grasas saturadas (se utilizan mucho por su sabor dulce).
  • ¿Cómo consigo que mi hijo o hija coma más fruta? Si tiene dificultades para aceptarla o se quiere incluir más tipos de fruta, es mejor dárselas cuando tenga hambre o sed. Si le cuesta comer alguna fruta, es mejor que coma un poco aunque no acabe toda la pieza para irse acostumbrando a su sabor. Si los adultos comen fruta de forma habitual, ayudarán a normalizar su consumo en el hogar.
  • ¿Dónde se come? Es conveniente reconocer un único lugar de la casa donde se come, independiente de la zona de estudio y de ocio (juego, televisión...). Es preferible que los niños no realicen otra actividad mientras comen, para no distraerse y evitar que la asocien a comer. Por ejemplo, si come con frecuencia viendo la televisión, en un futuro ver la tele le estimulará la sensación de apetito.
  • ¿Cuándo se come? Es recomendable tener unos horarios regulares establecidos, para no acostumbrarse a comer a deshoras.
  • ¿Por qué se come? Sugerimos que se evite asociar estados de ánimo, en especial negativos al hecho de comer. Si le ofrecemos comida -sobre todo dulces- cuando le ha pasado algo malo (por ejemplo, se ha caído) asociará que una forma de consolarse es comiendo, y en un futuro tenderá a consolarse de esa manera.
  • ¿Su tiempo de ocio es activo o sedentario? Animamos a la familia a equilibrar el sedentarismo propio del nuevo estilo de vida, con actividades cotidianas que supongan algo de ejercicio (aprovechar más las zonas verdes, los parques, ir andando a los sitios cercanos, dar paseos, hacer excursiones, elegir actividades extraescolares que no sean todas de tipo sedentario, etc.). El estilo de vida activo o sedentario también se aprende. La vida es movimiento.

Etiquetas:

cáncer, dieta


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