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Cómo cuidar de la piel ante el frío

Los problemas cutáneos a raíz del frío pueden afectar a la calidad de vida de las personas con diabetes, por lo que también es necesario proteger la piel en invierno

Imagen: lanakhvorostova

Durante los meses de invierno, las frías temperaturas pueden tener un impacto negativo directo sobre la salud. Y esta afirmación no solo se refiere a las enfermedades infecciosas, como los catarros tan habituales de estas fechas. El frío y el viento que lo acompaña a menudo también afectan al organismo por fuera; y aquí es donde entra en juego la piel. En el caso de las personas con diabetes, sobre todo en quienes tienen problemas circulatorios, la piel puede verse perjudicada en la época invernal. Por eso es esencial cuidarla, como se aborda en este artíuclo.

La piel es el órgano más grande del cuerpo humano, una membrana cutánea formada por varias capas de tejido que protegen el organismo. En el caso de las personas con diabetes, en especial en quienes existen complicaciones circulatorias, la piel puede verse muy afectada por factores externos como el frío. Y esto puede agravarse en las pieles de por sí secas y claras. Pero, en cualquier caso, siempre ante el frío es importante tener en cuenta el cuidado cutáneo.

Los problemas de la piel a raíz del frío no son una cuestión meramente estética, sino que pueden afectar a la calidad de vida de las personas con diabetes. Por eso, y al igual que durante los meses de verano se protege la piel del sol y el calor, desde la Federación Española de Diabetes (FEDE) se recuerda que también es importante hacerlo del frío.

¿Cómo afecta el frío a la piel?

No todo el mundo tiene el mismo tipo de piel y, por lo tanto, el frío afectará de un modo distinto a cada persona. En general, las partes del cuerpo que más soportan las bajas temperaturas son las que quedan expuestas a ellas: manos y rostro (sobre todo labios y mejillas).

Algunos de los síntomas más habituales son: sequedad, descamación, envejecimiento precoz, rojeces e incluso pequeñas heridas. En la piel del rostro, estas rojeces pueden manifestarse en episodios de rosácea o cuperosis.

¿Por qué afecta el frío a la piel?

En las personas con diabetes, cuando los niveles de glucosa en la sangre son altos, el cuerpo pierde líquido, provocando que la piel se reseque, lo que hace más fácil que esta pueda abrirse. Y cuando esto último se produce, se incrementa la posibilidad de la entrada de microbios que causan infecciones. De ahí la importancia de proteger la piel si se padece esta patología.

A esto se suma otra serie de problemas más generales, como el deterioro cutáneo en invierno, generados por los fuertes cambios de temperatura a los que se expone a lo largo del día, por ejemplo, al pasar de un espacio cerrado y caliente a las temperaturas frías del exterior. Esto se debe a que el calor dilata los capilares, mientras que el frío los contrae y, en este proceso, se altera la irrigación de oxígeno y nutrientes hacia las distintas capas de la piel. Además, los expertos en dermatología señalan que la sensación de sequedad obedece a que los cambios fuertes de temperatura deterioran la capa hidrolípida de la piel, disminuyendo la secreción de las glándulas sebáceas encargadas de mantener una buena hidratación.

Por último, más allá de las temperaturas frías y el viento, en las grandes ciudades la piel también se expone a un factor externo muy agresivo y que acelera el envejecimiento cutáneo: la contaminación ambiental.

¿Cómo evitar o mitigar el impacto del frío sobre la piel?

Ya que la piel protege al organismo ante los factores externos, lo justo es que las personas tratemos de protegerla. En este sentido, FEDE, siguiendo las pautas de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), recomienda estas indicaciones para mitigar el impacto del frío sobre la piel:

  • Mantener una buena hidratación del cuerpo, bebiendo 1,5-2 litros de agua a diario, aunque no se sienta sed de la misma forma que en verano. También se debe cuidar la alimentación a través del consumo de numerosas frutas y verduras, ricas en vitamina C y antioxidantes, que impulsan la regeneración de la piel.
  • En la limpieza diaria, evitar las temperaturas muy altas del agua, que remueven el manto hidrolípido, y emplear productos que respeten la estructura química de la piel, ya que algunos químicos pueden aumentar su vulnerabilidad.
  • Hidratar las zonas del cuerpo más expuestas al frío, como las manos, la cara y los labios, con productos específicos y adaptados a las necesidades de cada piel. Es recomendable que estos incluyan un factor de protección solar, sobre todo durante la práctica de deportes de invierno en zonas de nieve, pero también en el día a día.
  • Abrigarse bien al salir a la calle con prendas no demasiado ceñidas y de tejidos apropiados, como el algodón, que transpiran, manteniendo el calor corporal. Dentro de casa, se deben evitar las temperaturas por encima de los 22 grados y, para mitigar la sequedad que producen algunos sistemas de calefacción, se pueden usar humificadores.

Estos son algunos consejos esenciales, que se deberán ajustar a cada caso. Por eso, desde la Federación Española de Diabetes se recomienda consultar con un médico especialista en dermatología para identificar las necesidades de cada piel, detectar posibles patologías y elegir los tratamientos y productos de hidratación más adecuados para cada caso.


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