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Si tu cintura mide más de 88 cm, tienes un problema

Tener barriga prominente equivale a un mayor riesgo de infarto de miocardio, infarto cerebral, diabetes y otras dolencias menores, como el insomnio

Imagen: deagreez1

Si quiere saber si se ha pasado de peso, bájese de la báscula. Ese dato resulta secundario. Mejor tome una cinta métrica, mida el perímetro de su cintura y recuerde bien la cifra. Y ahora enfréntese a la realidad: si supera los 88 centímetros (en caso de las mujeres) o los 102 centímetros (para los hombres), debe asumir que tiene un problema. La obesidad abdominal es una fuente de riesgos notables para su salud. Y ahora ya puede subir a la báscula para averiguar si, además, tiene sobrepeso. En caso afirmativo, debería empezar de inmediato con una dieta saludable y con el ejercicio. A continuación se detallan los peligros del exceso de grasa localizada alrededor de la cintura y la fórmula para reducirla.

Los peligros del exceso de grasa localizada alrededor de la cintura no son pocos. Tener barriga prominente equivale a un mayor riesgo de infarto de miocardio, infarto cerebral, diabetes y otras dolencias menores, como la disfunción eréctil o el insomnio, según la Escuela de Medicina de Harvard (EE.UU.). Y el Estudio de Nutrición y Riesgo Cardiovascular en España (Enrica) indica que en esa situación se encuentran un 32 % de los hombres y un 40 % de las mujeres. No son pocos.

Las cifras (los 88 centímetros en caso de las mujeres o los 102 centímetros para los hombres) son la frontera entre el mal y el bien. Pero conviene estar alerta un poco antes. Se consideran ya zonas de riesgo los 82 centímetros en mujeres y los 95 centímetros en hombres. "Se sabe con certeza que la grasa visceral, la que rodea a los órganos, no es una grasa inerte. Bien al contrario, es capaz de producir cambios metabólicos y modificar el perfil lipídico, de manera que aumentan el colesterol y los triglicéridos, así como las posibilidades de trombosis", explica la doctora Paola Beltrán Troncoso, vocal de la sección de riesgo vascular y rehabilitación cardiaca de la Sociedad Española de Cardiología (SEC).

"La obesidad central también aumenta la tensión arterial y causa resistencia a la insulina, de modo que existe un mayor riesgo de padecer diabetes", añade la experta. Numerosos estudios consolidan esta idea. La prestigiosa revista Heart publicó una investigación de 2015 (en la que participaron casi 15.000 personas durante 12 años) que concluía que las personas con un perímetro de cintura excesivo sufren dos veces más riesgo de padecer muerte súbita. Y ese estudio mencionaba otro parámetro interesante y muy preciso: el índice cintura/cadera, es decir, el resultado de dividir el perímetro abdominal por el perímetro de la cadera. Por encima de 0,8 en mujeres y de 0,95 en hombres ya se habla de obesidad central.

¿Es fiable el índice de masa corporal (IMC)?

Por esa razón, los expertos ponen en duda últimamente el índice de masa corporal (IMC), resultado de dividir el peso de una persona en kilos por el cuadrado de su altura en metros. La Organización Mundial de la Salud (OMS) establece que, con un índice inferior a 25, uno puede considerarse sano y sin riesgos asociados al peso. Pero esta idea está altamente cuestionada. "Se trata de un error, porque el IMC no te dice nada de la distribución de la grasa, asunto mucho más relevante para el riesgo cardiovascular", abunda Paola Beltrán.

En realidad, hay un elevado número de personas consideradas delgadas por su IMC, pero con un perímetro abdominal excesivo. "Si tienen esa distribución de la grasa deben mantenerse en alerta. Podría decirse que están metabólicamente enfermos", apunta la doctora. ¿A pesar de que su tensión y sus niveles de colesterol o triglicéridos sean los adecuados? En efecto. "El concepto del obeso metabólicamente sano también está en discusión. A la larga, la grasa abdominal va a ponerlo en situación de riesgo cardiovascular", añade la experta de la SEC.

Los datos de corte establecidos por el National Institute of Health estadounidense (esos 88 y 102 centímetros) son "valores de referencia independientes de la edad y válidos solo para la población caucásica. Para los asiáticos se manejan cifras inferiores, ya que se trata de individuos más pequeños", señala Paola Beltrán, quien destaca problemas concretos asociados al exceso de grasa en la cintura como, por ejemplo, un riesgo superior de sufrir un ictus o un peor funcionamiento de los vasos sanguíneos, como comprobó una investigación de la Universidad Johns Hopkins (EE. UU.). En ella, 30 hombres y mujeres con sobrepeso se sometieron a una dieta baja en carbohidratos; otros 30 redujeron la ingesta de grasas saturadas. Después del estudio, se comprobó que el flujo sanguíneo había mejorado en los participantes que habían reducido su grasa abdominal. Este es uno de los puntos clave, en realidad: lo duro que resulta eliminar la grasa concentrada en la tripa.

Grasa abdominal: casi un órgano con vida propia

¿Qué hay que hacer para que desaparezcan los michelines? "Es cierto que existe esa dificultad. Cuando se establece ese patrón [la obesidad central], la grasa instalada es más complicada de reducir porque se comporta como un órgano paracrino [se liga o afecta a células vecinas], casi podría decirse que con personalidad propia", resume Paola Beltrán. No hay que perder la esperanza, en todo caso, porque la solución es conocida: comida sana y ejercicio.

Lo idóneo es tomar como referencia la dieta mediterránea: las proteínas deben provenir de las legumbres y el pescado, y los carbohidratos, de la fruta, los vegetales y los cereales integrales. La grasa fundamental ha de ser el aceite de oliva (nada de bollería industrial), y de las carnes rojas conviene no abusar.

Además, a la alimentación adecuada debe sumarse el ejercicio, necesariamente. "Para reducir la grasa abdominal tenemos que combinar el trabajo muscular con el ejercicio aeróbico, de una intensidad moderada pero durante largo tiempo. Y no decaer: se trata de un tema que no tiene nada que ver con la estética, sino con la salud", concluye la cardióloga Beltrán.


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