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A cuánto tiene que estar el aire acondicionado en verano para no resfriarte

Regular la temperatura del aire acondicionado no solo es importante para ahorrar energía, también es clave para cuidar la salud y evitar el típico resfriado de verano

Ni los que confiesan que lo odian pueden librarse de él en verano. En las olas de calor, los aparatos de aire acondicionado se convierten en grandes aliados. Pero también en la época estival su puesta en funcionamiento da pie a conflictos en el hogar, los medios de transporte y, sobre todo, en los centros de trabajo: algunas personas se mueren de frío y otras, de calor. Además, con frecuencia coger un resfriado o quedarse sin voz por su culpa es bastante frecuente. ¿Hay una temperatura que puede evitarlo? Más que unos grados en concreto, un uso adecuado, como veremos a continuación.

Cuando el calor aprieta, podemos recurrir a distintos métodos para conseguir estar frescos sin aire acondicionado: toldos en el balcón, un ventilador en el techo de la habitación con el que notar un descenso de la temperatura de entre 3 y 5 ºC y hasta construir aires acondicionados caseros. Pero, aunque huyamos de él y no tengamos en nuestro hogar, está puesto en comercios, cines, restaurantes, el autobús, el metro, la oficina... Y en cada sitio, a una temperatura distinta. O, al menos, la sensación térmica es diferente. Y esto repercute en la salud.

Según los expertos, hasta un 20 % de los cuadros catarrales, laringitis, faringitis o procesos bronquíticos se producen en verano a causa del uso inadecuado del aire acondicionado. "El aire frío nos predispone a estos cuadros, pero la mayoría son leves", indica la neumóloga Isabel Urrutia, coordinadora del Área de Medio Ambiente de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR). Estornudos, congestión nasal y rinorrea (secreción nasal) son los efectos más conocidos.

Estos sistemas, si no tienen bien regulada la temperatura y es muy fría, provocan sequedad en el ambiente y, por lo tanto, al respirar el aire frío y poco húmedo, las vías respiratorias se irritan y las mucosas se inflaman y causan problemas como rinitis, faringitis, amigdalitis, laringitis o bronquitis. De ahí que convenga mantener un nivel adecuado de hidratación corporal tomando suficiente agua, en torno a 1,5 litros al día.

Pero los mayores riesgos vendrán en el caso de que el aparato de aire acondicionado no esté en condiciones óptimas. Si no se limpian bien los filtros del aire, se acumularán en su interior bacterias y, junto a virus y hongos, estos microorganismos lo tendrán más fácil para propagarse y originar problemas infecciosos como resfriados, gripes, bronquitis, afonía o la temida neumonía. Por eso, por prevención, cada año antes del verano conviene hacer una revisión del climatizador por salud, pero también para su funcionamiento eficiente.

Y sobre todo, hay que tener cuidado con los grupos de población más vulnerables. La exposición al aire frío puede resultar especialmente perjudicial en pacientes con asma o enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), pues podría agravar sus patologías. También con las personas mayores y los niños hay que ser cautos en el uso de estos dispositivos.

Imagen: Zoltan Matuska

Entonces, ¿a qué temperatura pongo el aire?

Como señala Urrutia, la temperatura idónea para el cuerpo, desde el punto de vista de la salud, oscila entre los 22 y los 24 ºC, aunque al principio parezca calor. "Por debajo de los 21 no es adecuado", sentencia la neumóloga. Y por la noche, lo mismo. La humedad relativa del aire deberá mantenerse entre un 35 % y un 60 %. De este modo se evitan los cambios bruscos y frecuentes de temperatura para permitir que el organismo se adapte de forma gradual. También es importante que la corriente de aire no apunte directamente al cuerpo, pero si esto ocurre, habrá que cambiar de posición o redireccionar la rejilla por la que sale el aire.

Por su parte, el IDAE (Instituto para la Diversificación y ahorro de la Energía) recomienda fijar el aire acondicionado en no menos de 26 ºC y advierte que "una diferencia de temperatura con el exterior superior a 12 ºC no es saludable".

¿Y en los coches? Lo conveniente en estos casos, según la especialista de la SEPAR, es que cuando el vehículo esté caliente, se abran las ventanas para dejar que ventile y poner el aire a las mismas temperaturas que recomienda.

En los centros de trabajo, también debería fijarse esa temperatura, apunta la experta. De hecho, hay un real-decreto, el reglamento de instalaciones térmicas en los edificios (RITE), que en 2009 sufrió una modificación para fijar la temperatura del aire acondicionado de oficinas (locales administrativos, comerciales y de pública concurrencia [culturales, restauración, estaciones y aeropuertos]) en no menos de 26 ºC, con una humedad relativa de entre el 30 % y el 70 %.

Y según el Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo (INSHT), en su 'Guía técnica para la evaluación y prevención de los riesgos relativos a la utilización de los lugares de trabajo', recoge que para evitar el malestar térmico, la temperatura en los locales laborales cerrados varía según el tipo de empleo: donde se realicen trabajos sedentarios propios de oficinas o similares, estará comprendida entre 17 y 27 ºC (en verano, la óptima se situaría entre los 23 y los 26 ºC), mientras que la temperatura de los locales donde se lleven a cabo trabajos ligeros estará comprendida entre 14 y 25 ºC (un rango en la época estival entre los 21 y 25 ºC). De nuevo la humedad relativa se establece que estará comprendida entre el 30 % y el 70 %.

Otros efectos del aire acondicionado en la salud

Como explica Daniela Silva, especialista en Medicina Interna de Vithas Internacional de Madrid, el uso inapropiado del aire acondicionado puede ocasionar no solo resequedad de mucosas y síntomas como dolor de garganta o cambios en la voz, sino también "irritación ocular, resequedad de la piel e incluso empeoramiento de algunas alergias. Algunos estudios han demostrado que las personas que trabajan en espacios con aire acondicionado excesivo incluso pueden presentar dolores de cabeza crónicos y sensación de fatiga".

Por eso, además de beber agua, también puede resultar útil el uso de lubricante ocular para hidratar los ojos, sobre todo en personas que pasan muchas horas delante de un ordenador, además del empleo de una crema hidratante para evitar la resequedad.


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