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La incontinencia urinaria

Una disfunción que afecta al 60% de las mujeres en edad avanzada

El silencio y la vergüenza han sido durante años la respuesta a un problema como la incontinencia urinaria. Miles de mujeres limitaban su vida ante las repercusiones sociales que se derivaban de una anomalía común. Sin embargo, los actuales avances médicos garantizan su solución. Conozca qué es y cómo se soluciona.

Un problema de grandes dimensiones

Lejos de parecer una anécdota, la incontinencia urinaria es un problema de primer orden que afecta fundamentalmente a miles de mujeres adultas. Sin ser una enfermedad propiamente dicha, la pérdida involuntaria de orina repercute a diario en la vida de aproximadamente el 20% de las féminas mayores de 35 años, tal y como asegura un reciente estudio elaborado en el Reino Unido. Otros análisis certifican que la mitad de las mujeres de edad avanzada padecen este tipo de disfunción de forma ocasional, y que una de cada diez la sufre de manera regular.

Esta anomalía, como tal, es propia de mujeres mayores de 30 años. Sin embargo, los expertos médicos confirman su aparición también en hombres y menores, aunque matizan que "como síntoma o reflejo de otras dolencias". Así, no es raro encontrar niños y jóvenes -sin importar su género- que no pueden evitar el escape de orina por sufrir enuresis, problemas congénitos, lesiones medulares o patologías como la esclerosis múltiple, entre otras circunstancias. Tampoco es extraño encontrar a varones adultos con esta disfunción debido a afecciones de próstata, diabetes, problemas neurológicos o infecciones diversas, aunque, como ya se ha aclarado anteriormente, la incontinencia urinaria es una disfunción típicamente femenina.

La explicación facultativa de la incontinencia urinaria en mujeres indica que se da por alteraciones en el denominado suelo pélvico -conjunto de músculos, ligamentos y huesos que guardan órganos vitales como la vejiga, vagina, o útero, responsables de la evacuación de la orina-. Factores como la edad, el embarazo, haber tenido varios partos o haber padecido infecciones pueden alterar su correcto funcionamiento y provocar escapes involuntarios, explica Javier Extramiana, jefe del servicio de Urología del Hospital Santiago Apóstol, de Vitoria. Además del género, otros factores de riesgo que explican la aparición de este problema son el sobrepeso, fumar o padecer patologías como la bronquitis crónica, que derivan en una tos persistente, según señala la Enciclopedia Médica de la Biblioteca de Medicina de Estados Unidos.

Sin duda, la aparición de anomalías en el suelo pélvico puede provocar que éste pierda fuerza y elasticidad, dejando así de sustentar correctamente los órganos reseñados con anterioridad, que pueden variar su posición inicial. El cambio de situación de éstos implica asimismo una alteración en su funcionamiento. Por lo tanto, cualquier esfuerzo -tos, estornudos o ejercicio físico, entre otros- puede presionar la vejiga y provocar un escape de orina incontrolado. Ésta es la denominada incontinencia por esfuerzo.

Otro tipo de incontinencia es la provocada por el estrés. Se encuentra muy relacionada con la anterior, de hecho, ambas tienden a aparecer de forma conjunta. Esta versión se presenta porque los órganos se encuentran fuera de su sitio natural y la irritación originada por los roces, por ejemplo, provoca inconscientemente deseos de orinar para remediar esta sequedad.

Sin embargo, no todos los escapes de orina se pueden considerar incontinencia. Para detectar positivamente esta disfunción, la clase médica apuesta por regir el diagnóstico a través de los siguientes pasos:

  • Exploración física en busca de anomalías.
  • Comprobar la relación que existe entre la anomalía detectada y un esfuerzo concreto del paciente.
  • Tras los dos primeros pasos, se obliga al paciente a elaborar un diario miccional en el que debe reflejar las horas a las que habitualmente orina, el volumen evacuado, así como las pérdidas detectadas y la acción que las provoca.
  • Después, los facultativos analizan el número de compresas usadas al día.
  • A continuación, el enfermo se someterá al denominado test de la compresa. Éste consiste en comprobar el cambio de peso de una compresa tras una hora de esfuerzo del paciente. Si la variación es de alrededor de 12 gramos, se considera incontinencia.
  • Tras todo lo dicho, se realizan estudios urodinámicos, en los que se reproduce a través de técnicas informáticas como es el proceso de evacuación de orina de cada paciente.

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