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Leishmaniasis, la enfermedad tropical más olvidada

España puede jugar un liderazgo en la lucha internacional contra esta infección parasitaria

Imagen: Leishmania

La leishmaniasis es menos famosa que la malaria y, desde luego, muchísimo menos que el sida. Pero es, en cierto modo, prima hermana de ambas. Es, después de la malaria, la segunda enfermedad parasitaria que más mata. Y cuando ataca a la vez que el sida, la esperanza de vida de un enfermo sin tratamiento se reduce a un tercio. Algunos informes estiman que su carga equivale a 2,3 millones de años de vida saludable productivos perdidos al año en todo el planeta. Y los expertos aseguran que su incidencia va en aumento. En resumen: no merece ser una enfermedad olvidada. La Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI), en colaboración con la Organización Mundial de la Salud, está lanzando una acción internacional de lucha contra la leishmaniasis, que además es la única enfermedad tropical que aún es endémica en España.

«La leishmaniasis, junto con la enfermedad del sueño y la úlcera de Buruli, constituyen el grupo de las enfermedades más olvidadas», dice el investigador español Jorge Alvar, que desde hace dos años es responsable de los programas de control de la leishmaniasis de la Organización Mundial de la Salud (OMS). «Son enfermedades propias de la pobreza, y por el segmento de población a la que afectan, no interesan a la industria farmacéutica ni al mundo occidental en el grado que necesitan».

Sin que suene demasiado optimista, ya hay en marcha iniciativas para tratar de cambiar la situación. Una de ellas, lanzada por España, pasa por la aprobación de una Resolución de la Asamblea Mundial de la Salud. En mayo de 2006 el Consejo Ejecutivo de la OMS aprobó el texto de una Resolución para el «Control de la Leishmaniasis», que será refrendada en la próxima Asamblea Mundial. Tener una resolución implica que la comunidad internacional reconoce la importancia del problema y se compromete a trabajar para resolverlo. La Leishmaniasis era la única enfermedad tropical huérfana de resolución.

«No tengo ninguna duda que esta enfermedad está en un punto de inflexión en su historia: hay medicamentos nuevos, tests rápidos de diagnóstico, convencimiento político de que hay que eliminarla...Y por una vez parece que España puede salir en la fotografía», dice Alvar. Desde hace un año la AECI ha donado 2,5 millones de dólares a la OMS para combatir la leishmaniasis en el cuerno de África.

Endémica en España

La leishmaniasis tiene una forma sistémica que es letal si no se administran los fármacos adecuados

¿Por qué el interés de España especialmente por la leishmaniasis? Es la única enfermedad tropical endémica en España, por lo que algunos de los mejores grupos de investigación europeos son españoles. «Era lo natural que España se ocupara de la leishmaniasis», dice Alvar. En España, no obstante, esta enfermedad es un problema muchísimo menor en comparación con la situación en India, Nepal y Bangladesh (67% de la carga global de enfermedad); en el cuerno de África (Sudán y Etiopía, 18% carga de enfermedad); en Oriente Medio (11% de carga de enfermedad); en América Central y del Sur (2,5%); y en Europa (0,1%).

La leishmaniasis se transmite por la picadura de la hembra de una pequeña mosca, el flebótomo, infectada con protozoos del género Leishmania. Para el ciclo del parásito es imprescindible la presencia del insecto, es decir, la enfermedad no se contagia de un humano infectado a otro sin que actúe la mosca como vector. En ocasiones el reservorio son animales, como los perros. Y eso es lo que ocurre en España, donde se estima que en una población total de perros de unos 4,5 millones, alrededor del 6% tiene el parásito.

Población diana

La leishmaniasis tiene una forma cutánea, con lesiones y úlceras deformantes que sin tratamiento pueden tardar más de un año en cicatrizar, y otra visceral -sistémica, afecta a todo el organismo-, que resulta letal si no se administran los fármacos adecuados. En España se da un centenar de casos al año de leishmaniasis visceral en personas generalmente con un sistema inmune sano -pero sin terminar de madurar: la mayoría de los afectados son niños-, más varias decenas en inmunodeprimidos, como enfermos de sida.

Este último punto es clave para entender la dimensión de esta enfermedad a escala mundial. A mediados de los ochenta Alvar describió la perversa relación de la leishmaniasis con el sida: no sólo es una enfermedad oportunista -aparece cuando el sistema inmune está deprimido-, sino que «cuando se produce una coinfección de leishmaniasis y sida ambas enfermedades se potencian entre sí», dice Alvar, hasta el punto de que, sin tratamiento, la esperanza de vida del paciente se reduce muchísimo.

Este fenómeno de potenciación mutua entre ambas enfermedades no es un problema mayor en España, donde los enfermos de sida tienen acceso a fármacos antirretrovirales, pero sí en el mundo subdesarrollado. «En varias áreas de Etiopía ?señala Alvar- entre el 20% y el 30% de los enfermos con leishmaniasis tienen además sida, con pocas oportunidades de sobrevivir». Un panorama que se agrava aún más con la malnutrición, la falta de higiene y de educación. «Hemos comprobado que cuanta más educación, hay menos leishmaniasis. La gente sabe que no debe dejar residuos donde puede proliferar el insecto vector cerca de su vivienda, por ejemplo. La leishmaniasis ataca siempre a los más pobres de los pobres. Refuerza constantemente el ciclo miseria-enfermedad».

EPIDEMIAS FAVORECIDAS POR LAS GUERRAS

Las guerras, tanto las recientes y mediáticas como las que dan menos titulares, empeoran el problema. En Afganistán, las zonas de aglomeración de refugiados en Pakistán por las diversas guerras se habían convertido en un foco de leishmaniasis cutánea que ahora, con la vuelta a casa de los desplazados, se extiende por todo el país. «La epidemia de leishmaniasis cutánea en Kabul es la mayor conocida hasta la fecha, con más de 40,000 casos anuales», dice Alvar, que dirige en la zona un programa financiado en parte por La Caixa.

En el Cuerno de África «se espera una fuerte epidemia de leishmaniasis visceral en Sudán, una vez que se abra la frontera entre el Norte y Sur. Se desplazará más de un millón y medio de personas de zonas no endémicas a endémicas, como consecuencia de la paz firmada en enero del año pasado». Con los fondos de la AECI, la OMS ha abierto programas en Sudán norte (Gedaref), Sudán Sur (Alto Nilo) y Etiopía (Libo). En este último país, con el apoyo de Médicos Sin Fronteras de Grecia y España, tratan de explicar el por qué de la progresión de la leishmaniasis en una zona hasta ahora libre donde se ha declarado una epidemia con una mortalidad del 4%.




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