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La envidia

Es natural sentirla, pero hay que alertarse cuando todos los sentimientos están dominados por ella

¿Ha sentido alguna vez rabia o enfado por el éxito de otras personas? ¿Vive fijándose en lo que consiguen sus conocidos y no valora lo que usted logra? El diagnóstico está claro: sufre de envidia, uno de los sentimientos más comunes en el ser humano. Casi todos la hemos sentido en alguna ocasión, es una reacción que en principio no tiene por qué ser mala cuando se trata de admiración o comparación porque nos ayuda a mejorar y a superarnos. El problema surge cuando la envidia se transforma en un trastorno u obsesión, ya que impide sentir alegría y mostrar satisfacción por los éxitos ajenos. Los psicólogos aseguran que la educación desde la infancia y aprender a valorarse uno mismo son las mejores armas para superarlo.

Qué es la envidia

La palabra envidia procede del vocablo latino 'invidere', que significa "mirar con malos ojos". El filósofo griego Aristóteles la definía como "el dolor por la buena fortuna de los otros", aunque son numerosos los refranes y dichos populares que hacen referencia a esta emoción. También es considerada como uno de los siete pecados capitales en la tradición cristiana, lo que ha provocado que en nuestra cultura haya tenido siempre connotaciones muy negativas.

En la actualidad, la envidia se define como una sensación de admiración o deseo por tener algo que otro posee, y el rencor o resentimiento al ver el éxito del otro. Además, se añade el deseo de que el rival no tenga aquello que nosotros queremos. Para el psiquiatra Vicente Madoz, de la Fundación Argibide de Pamplona, la envidia "es un sentimiento o una disposición afectiva molesta y penosa, por lo tanto un fenómeno afectivo profundo, que en sentido estricto sólo se puede dar en la edad adulta. Un niño puede experimentar celos o afán de acaparamiento, derivados de su natural egocentrismo, pero no propiamente envidia".

Existen diversas teorías sobre el nacimiento de este sentimiento. La psicóloga clínica María José Aibar opina que la envidia sí aparece en los primeros años de vida: "cuando el niño comienza a relacionarse con el grupo familiar y social. El niño desea poseer lo que no tiene y se manifiesta con pataletas, rabietas y otras alteraciones conductuales. Estas muestras de disconformidad deberán ser calmadas para que el menor comience a tolerar sus frustraciones y controlar sus conductas impulsivas. De esta forma aprenderá a respetar las diferencias y valorar sus propias cualidades".

La perspectiva evolucionista que menciona esta psicología subraya que las emociones tienen un valor adaptativo para el individuo, y por tanto forman parte del ser humano porque son útiles y facilitan la supervivencia. Así, la envidia se considera un tipo de emoción más determinado por las influencias sociales y culturales, por la educación y el contexto en que se desarrolla cada persona. En este grupo se hallan también emociones como la culpa o la vergüenza.

La envidia es considerada por la psicología una forma solapada de admiración que puede ser útil. "Esto implica el deseo de tener aquello que posee el otro, pero no es necesariamente un sentimiento malo; puede servir como un impulso para superarse y seguir adelante en la dirección de lo deseado", apunta Emma Noval, psicóloga clínica. También el psiquiatra Vicente Madoz opina que observar a otras personas como modelos de uno mismo y tratar de imitarles puede ser una respuesta sana y positiva. "De hecho, la imitación y la identificación son dos mecanismos habituales de maduración personal", añade.

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