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Trastorno bipolar

Alrededor de un 2% de la población sufre esta enfermedad crónica, de origen genético y que suele aparecer durante la adolescencia

  • Autor: Por MARÍA LANDA
  • Fecha de publicación: 25 de abril de 2005

Todas las personas pasan por diferentes estados de ánimo a lo largo de la vida sin tener que alarmarse por ello, pero en el caso de los enfermos bipolares esos cambios de su tono vital pueden llevarles a situaciones extremas como regalar todas sus propiedades sin ningún control o suicidarse. La enfermedad bipolar, también conocida como maníaco-depresiva, consiste en una alteración de los mecanismos que regulan el estado de ánimo, que provoca en el enfermo episodios de euforia, ánimo excesivo, hiperactividad, trastornos del sueño y del apetito, además de fases de fuerte depresión que pueden prolongarse durante varios meses. Durante estos períodos el enfermo puede sufrir además delirios y alucinaciones que hagan necesario su hospitalización para evitar males mayores. Aunque no tiene cura, una medicación controlada permite llevar una vida normal a un alto porcentaje de los pacientes.

Síntomas de cada fase

En nuestro cerebro existe el denominado "sistema lïmbico" cuyo cometido es regular el estado de ánimo a través de una especie de 'regulador'. La función de este sistema resulta similar a la de un termostato doméstico que adapta la temperatura del sistema de calefacción a los cambios ambientales de una vivienda y la mantiene estable. En general, el estado de ánimo de las personas tiende a ser regular y dependiente de los factores ambientales externos, pero cuando una persona padece un trastorno bipolar, su 'animostato' no funciona correctamente y su humor pasa a ser inestable y muy variable, a veces causado por un factor externo y otras sin ninguna causa aparente. Esto provoca que el paciente alterne a lo largo de su vida episodios depresivos, fases asintomáticas, conocidas como eutimia, y episodios de euforia, que pueden llevarle a situaciones extremas de pérdida de control de sus actos.

La fase de 'manía' provoca episodios de euforia o ánimo excesivo. Los enfermos experimentan durante este período algunos de los siguientes síntomas: irritabilidad, hiperactividad, disminución de la necesidad de dormir, locuacidad, aumento de la sociabilidad, ideas de grandeza, aumento del impulso sexual, aceleración del pensamiento, gastos excesivos e inapropiados, conducta desordenada, planes irrealizables, ideas delirantes o alucinaciones.

Los síntomas de la fase depresiva suelen coincidir con los que conocemos de una depresión normal: apatía, falta de ilusión, sensación de tristeza o vacío, baja autoestima, dificultad para realizar las tareas habituales, enlentecimiento, falta de concentración, deseo de morir, molestias físicas, ansiedad, insomnio o exceso de sueño, pérdida o exceso de apetito, inhibición social, ideas de culpa o ruina.

La causa del trastorno bipolar es genética, pero los factores externos pueden acelerar su aparición, según explica Eduard Vieta, psiquiatra y coordinador del Programa de Trastorno Bipolar del Hospital Clínico Universitario de Barcelona. "La causa principal es genética, pero al igual que ocurre con otras enfermedades como la diabetes, unas personas son más vulnerables que otras a la aparición del trastorno bipolar. Uno de los factores que más influye en este trastorno es el estrés, pero no lo que entendemos habitualmente por estrés, porque aquí lo que estresa son los cambios que no permiten una adaptación de la persona".

El consumo de drogas también es otro factor que puede desencadenar antes la enfermedad, tal y como señala Ana González Pinto, jefe clínico de Psiquiatría del Hospital Santiago de Vitoria. "Los factores externos aceleran la aparición de muchas enfermedades psiquiátricas. En el trastorno bipolar el consumo de drogas puede ser muy peligroso porque adelanta la aparición del primer episodio, y la edad en la que esto ocurre es muy importante para el paciente", explica la doctora. El primer episodio del trastorno bipolar suele aparecer durante la adolescencia, aunque también puede darse en niños o no presentarse (o más bien detectarse) hasta la edad adulta, que es cuando llega a su máximo auge. La edad más común es alrededor de los 18 años, de ahí la importancia de conseguir retrasar su aparición para evitar que el paciente no termine los estudios o no pueda incorporarse al mercado laboral.

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