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Actualización en salud mental

Los especialistas destacan la prevención como medida para disminuir la tasa de muertes por suicidio relacionados con enfermedad mental

Imagen: Zirats Muniozguren

El Día Mundial de la Salud Mental, celebrado el pasado 10 de octubre, ha tenido como tema central el suicidio, causa destacada de muchas muertes prematuras y prevenibles. La finalidad es sensibilizar a la población y reducir los riesgos porque, a menudo, es el resultado de no haber diagnosticado y tratado una enfermedad mental grave.

El Día Mundial de la Salud Mental es una iniciativa de la Federación Mundial de Salud Mental y, este año, ha sido respaldado por la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio en colaboración con otras ONG y con el copatrocino de la Organización Mundial de la Salud (OMS). El 10 de octubre, los servicios de la salud mental, profesionales, pacientes y familiares junto con las asociaciones cívicas relacionadas se agruparon en más de 100 países para realizar actividades de sensibilización. Con ello, quieren llamar la atención del público general, los profesionales de atención primaria, los funcionarios de salud pública y los encargados de formular las políticas sanitarias.

En la campaña se combinan estrategias de educación y promoción con miras a ampliar la comprensión de las personas que padecen enfermedades mentales y mejorar las actitudes del público hacia ellas. El objeto es incitar a los funcionarios gubernamentales a redoblar los esfuerzos necesarios para destinar más recursos al reconocimiento y tratamiento temprano de los problemas de salud mental.

El suicidio, tema central

La OMS advierte que el suicidio causa más muertes al año que las guerras y los homicidios. Se calcula que entre 20 y 60 millones de personas intentan suicidarse cada año, de los cuales, un millón lo consiguen. Se estima que, probablemente, esta cifra está subestimada por el número de casos que no se recogen. Más del 90% de los casos están relacionados con trastornos mentales como la depresión, la esquizofrenia y el alcoholismo. «Demasiado a menudo, el suicidio representa la consecuencia trágica de un error en el diagnóstico y tratamiento de una enfermedad mental grave», considera el director general en funciones de la OMS, el noruego Anders Nordström, quien afirma también que «las muertes por suicidio y los factores que pueden conducir a ellas distan mucho de recibir suficiente atención y el problema requiere una respuesta global de la salud pública».

Un correcto abordaje de las enfermedades mentales reduciría la tasa de suicidios

En los últimos 45 años las tasas de suicidio se han incrementado en todo el mundo, sin tener en cuenta a las tentativas que son 20 veces más frecuentes que los actos consumados. La incidencia del suicidio como causa de muerte varía según los distintos países y culturas, oscilando entre el 0.2% en África al 2.6% en las regiones del este del Pacífico. Las cifras también varían según la franja de edad; en China es la primera causa de muerte entre las personas de 15 a 35 años y, en Europa, es la segunda en este grupo de edad. Y un dato a tener en cuenta: las tasas de suicidio se han incrementado entre los ancianos.

La ingestión de pesticidas es uno de los mecanismos más habituales de suicidio: aproximadamente un tercio de los casos están causados por este tipo de sustancia, estimándose que cada año hay tres millones de envenenamientos con el resultado de 250.000 muertes. Particularmente frecuente en zonas rurales, en especial en algunos países asiáticos, donde se estima que en la última década entre el 60% al 90% de los suicidios se produjeron por ingesta de pesticidas.

Es evidente que un correcto abordaje de los problemas de depresión y otras enfermedades mentales puede reducir la tasa de suicidios. Las estrategias que limitan el acceso a métodos comunes usados para autolesionarse, como los pesticidas, medicamentos y armas de fuego, también se han demostrado efectivas para reducir el número de casos. No obstante, es necesario adoptar medidas a otros niveles como, según señaló la OMS, la necesidad de formar a más expertos, aumentar el número de centros especializados y la implicación de toda la población para ayudar a reducir el número de personas que tratan de resolver sus problemas con comportamientos suicidas.

El estigma de la enfermedad mental

En este momento, 450 millones de personas en el mundo padecen enfermedades neurológicas y mentales, así como trastornos de conducta en los que, a pesar de que se dispone del conocimiento y de tratamientos efectivos, el abordaje terapéutico es insuficiente. Un estudio reciente efectuado en 14 países mostraba que, en países desarrollados, aproximadamente el 80% de los casos de enfermedades mentales graves no recibían tratamiento durante el primer año. Del estudio se concluye que es preciso que los enfoques de salud pública hagan hincapié en la erradicación del estigma y la discriminación persistente que, desde siempre, han rodeado a las enfermedades mentales y el suicidio, a fin de que quienes necesitan ayuda gocen de más posibilidades de acudir en busca de tratamiento y apoyo en las primeras etapas de su enfermedad.

Para evitar estas deficiencias, las políticas de salud mental deberían estar bien integradas dentro del sistema sanitario, promocionando la salud mental, con intervenciones en el ámbito de la salud primaria que promuevan los cuidados en la comunidad como punto clave. Una de las mejores formas de reducir el efecto desastroso del suicidio es atender, en el entorno comunitario, los trastornos mentales estrechamente vinculados a él. El hecho de que el tema de la campaña del Día Mundial de la Salud Mental de este año se haya centrado en las enfermedades mentales y el suicidio transmite un mensaje poderoso que contrarresta la percepción popular de que son un problema sanitario secundario y que pueden esperar a que se resuelvan otros problemas asistenciales más urgentes. Sin el debido tratamiento, estas enfermedades pueden ser mortales y, por lo tanto, hay que concederles una importancia capital.

UNO DE CADA DIEZ ESPAÑOLES PADECE DEPRESIÓN

Imagen: Ewanr / Flickr

Alrededor de cuatro millones de españoles, cerca del 10 por ciento de la población, padece depresión. «Sin embargo, casi la mitad de los pacientes están sin diagnosticar y de los que lo están, sólo uno de cada cuatro son adecuadamente tratados», según manifestó Jerónimo Sainz, vicepresidente de la Sociedad Española de Psiquiatría, con motivo de la celebración del Día Europeo de la Depresión el pasado 5 de octubre. La paradoja es que existen medios para tratar la enfermedad, como «los tratamientos con antidepresivos que alcanzan una eficacia en torno al 70 por ciento. Es una enfermedad que se puede curar», añade el experto.

Entre las razones de esta falta de diagnóstico, el psiquiatra apunta que «muchas veces el propio sujeto no tiene conciencia de que esté padeciendo una depresión y atribuye sus padecimientos a otras causas». Por este motivo, Sainz destaca la importancia de «la Atención Primaria como punto crítico» para llegar al diagnóstico y tratamiento de estos pacientes. Con motivo del Día Europeo de la Depresión, se ha llevado a cabo una campaña de sensibilización que se desarrolla bajo el lema Dejar de verlo todo negro es posible, en la que se han distribuido folletos informativos acerca de la depresión entre usuarios y médicos de familia de todos los centros de salud primaria españoles.

El objetivo es conseguir una mayor concienciación social sobre el impacto de esta enfermedad y lograr que se destinen más recursos para un correcto abordaje de los afectados y sus familias. Los expertos destacan el coste social que representa esta enfermedad, ya que a los gastos directos de asistencia sanitaria y farmacéutica hay que añadir la repercusión laboral y económica por días de ausencia. En concreto, un reciente estudio europeo cifra su cuantía alrededor del 10 por ciento del PIB de los países europeos.




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