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Del estrés al sosiego

Pequeños trucos pueden ayudar a afrontar la sensación de vivir con estrés, una característica típica ya de la sociedad moderna

  • Autor: Por CLARA BASSI
  • Última actualización: 19 de abril de 2012
Imagen: Grant Lindsay

Vivir de manera sosegada es comprar boletos para preservar nuestro bienestar físico y psíquico, la cara opuesta del temido estrés, cada vez más común en nuestra sociedad y que puede derivar en problemas de salud tanto físicos como psíquicos. ¿Qué es el sosiego y cómo alcanzarlo? Lograrlo es difícil, pero no imposible. Una psicóloga y un filósofo exponen las claves de cómo afrontar el estrés y, en la medida de lo posible, aprender a vivir con una actitud sosegada.

¿Qué impide vivir de manera sosegada?

El estrés es la sensación de encontrarse ante una situación de peligro real, lo cual está bien, porque actúa como un mecanismo de defensa que nos prepara para huir o para afrontar un peligro en caso de que se haga real, según Rosa Armas, psicóloga del servicio de ayuda psicológica urgente www.psicologoencasa.es. Sin embargo, se convierte en un problema cuando la situación estresante es producto de la imaginación, bloquea y no deja "funcionar" a la persona que la experimenta. "Ninguna situación por sí sola estresa. Estresa lo que pensamos de ella", afirma la especialista.

Pero, además, el estrés se ha convertido en una forma de vivir típica de las sociedades occidentales y modernas, en una palabra que se refiere a significados muy distintos: desazón, angustia, desesperación, inquietud, una mala gestión del tiempo, hiperactividad, tener la sensación de no llegar a todo o las consecuencias de distintos tipos de presión, como la laboral o la familiar, explica Francesc Torralba, doctor en Filosofía y Teología, director de la Cátedra Ethos de la Universidad Ramón Llull, y autor del libro "Sosegarse en un mundo sin sosiego. Cartas a una mujer acelerada", publicado por Plataforma Actual. La obra está escrita a modo de epístolas inconclusas a una mujer acelerada, aunque los mensajes que encierra, según reconoce el propio autor, son válidos para cualquier persona, hombre o mujer.

En contraposición a esta atropellada y acelerada forma de vivir, "el sosiego es tranquilidad interior, paz, bienestar emocional y mental, un estado de quietud que nunca se alcanza sin esfuerzo, tanto en lo físico como en lo espiritual", según lo define Torralba.

El desasosiego se manifiesta en la esfera mental y emocional, ya que la persona se muestra más irascible, inquieta e irritable

Pero, ¿qué aspectos de nuestra existencia nos impiden vivir de manera sosegada? Algunos enemigos del sosiego o "toxinas del alma" son la apatía vital, la indecisión, la envidia, los celos, el resentimiento (volver a sentir algo vivido en el pasado) y el sentimiento de culpabilidad. Todos ellos impiden experimentar la calma y, por ello, se deben combatir. "La envidia existencial es una enfermedad", ya que se desea ser como el otro, sin saber siquiera si se siente feliz en su fuero interno, y se niega el propio potencial y las propias capacidades, comenta Torralba. ¿Cómo es posible dejar atrás una vida dominada por el estrés y estos pensamientos obsesivos y aprender a vivir con sosiego?

Mens sana in corpore sano

La falta de sosiego puede ser la antesala de la enfermedad, puesto que existe una íntima relación entre lo corporal, lo psíquico y lo espiritual. Somos una unidad indisoluble. Un ritmo excesivo tiene como consecuencia que el cuerpo grite, se queje, y manifieste nuestro malestar como somatización, que para unos puede ser un cólico nefrítico, una migraña o ambas cosas. "El ritmo al que sometemos nuestra vida mental y emocional tiene repercusiones o consecuencias en nuestra dimensión corporal", explica Torralba.

En otras ocasiones, el desasosiego se manifiesta en la esfera mental y emocional, ya que la persona en este estado se muestra más irascible, inquieta e irritable. Y, en otras, el rostro es nuestro gran delator: como dice el refrán, el rostro es el espejo del alma e irradia lo que se lleva dentro, ya sea paz o estrés y nerviosismo. La psicóloga Rosa Armas aclara que los primeros síntomas físicos del estrés son el insomnio, la alteración del ritmo cardiaco, el nerviosismo excesivo o la falta de apetito. En cuanto a los síntomas mentales, el más típico es la sensación de desbordamiento, de no poder sobrellevar una situación ni controlarla.

De ahí que el lema clásico "mens sana in corpore sano" tenga pleno sentido y vigencia en nuestra sociedad o, al menos debiera tenerlo, según se desprende de la visión de Torralba. "Una persona con una vida mental y emocional sana tiene una vida corporal sana", afirma. Prueba de ello es que en la sociedad moderna cada vez son más comunes ejemplos de que los excesos se plasman en cuerpos obesos y estáticos y, al contrario, las disfunciones se reflejan en cuerpos simplemente enfermos.

Cada persona debe ser la soberana de su cuerpo. El cuerpo humano es un vehículo y un lugar de sensaciones, que nos permite comunicarnos, gozar, sufrir, opina Torralba. Explica que el cuidado del cuerpo no es una cuestión ornamental, sino vital y una condición indispensable para poder velar por la salud de otros. "Permanecer en el ser exige una ardua labor artesanal. Debes alimentarte, protegerte del frío y del calor, descansar el tiempo pertinente, beber agua, vestirte y asearte o cultivar tus dones espirituales", dice Torralba.

Mantener el cuerpo es crucial para que cada uno desarrolle una misión vital que dé sentido a su existencia. Ya sea vender zapatos, pintar casas, educar niños o cuidar personas; pensar y llevar a la práctica una misión da la sensación de que el paso por la vida no ha sido estéril y proporciona un gran sosiego.

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