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Impacto psicológico del infarto de miocardio

Muchas personas que han padecido un ataque al corazón tienden a sufrir distintos grados de ansiedad o depresión y problemas de índole sexual

  • Autor: Por MONTSE ARBOIX
  • Última actualización: 16 de julio de 2014
Imagen: jDevaun

Sufrir un infarto de miocardio marca un antes y un después en la vida de las personas. Una parte de los afectados es capaz de sobreponerse, rehabilitarse y retomar su vida tal y como era antes del episodio cardiaco, pero otros viven con el miedo y la angustia de forma permanente. En fechas recientes, especialistas de la Fundación Española del Corazón hicieron énfasis en el impacto que tiene un evento de este tipo en la esfera emocional del paciente. Este artículo recoge sus comentarios y describe cuáles son las repercusiones psicológicas y emocionales de un ataque al corazón.

Impacto psicológico del infarto de miocardio

En el marco de la reciente sesión informativa "Tras el infarto, comprométete con tu salud cardiovascular", organizada por la Fundación Española del Corazón, especialistas y afectados departieron sobre la responsabilidad que debe asumir cada paciente después de sufrir un infarto de miocardio en el tratamiento y control de la enfermedad, así como de qué consecuencias tiene este episodio cardiaco en la esfera emocional del afectado.

El infarto de miocardio tiene una repercusión psicológica muy importante debida a la sensación de muerte inminente. Esta sensación, además, puede prolongarse en la fase crónica de la cardiopatía coronaria. Aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que el 80% de las muertes por trastornos cardiovasculares son evitables, si se controlan las causas desencadenantes (colesterol, hipertensión, sedentarismo... etc.), no hay que olvidar los factores psicosociales. Como apunta la Dra. Julia Vidal Fernández, psicóloga clínica y directora de Área Humana Psicología (Madrid), un gran porcentaje de los elementos implicados en el origen del infarto agudo y en su pronóstico son factores psicosociales relacionados con emociones (como la angustia, la tristeza o el miedo), con conductas de riesgo, a cómo se afrontan las adversidades y con el apoyo social.

Un infarto provoca cambios en la familia, en el hogar, con el círculo de amistades, en el entorno laboral y en la esfera sexual

Después de un ataque, según la especialista, se genera un abanico de sensaciones, como incertidumbre, negación, miedo a la muerte, tristeza, enfado, estrés de evitación o, por el contrario, de entereza para afrontar la enfermedad de manera activa mediante la búsqueda de soluciones.

Hay que tener en cuenta, que de forma paralela a la enfermedad clínica como tal, un infarto de miocardio provoca cambios en la familia, en el hogar, con el círculo de amistades, en el entorno laboral e, incluso, y no menos importante, en la esfera sexual. Los datos aportados por la especialista señalan que el 20% de los pacientes que han sufrido un evento de este tipo manifiesta impotencia sexual funcional relacionada con las emociones.

Todas las variaciones asociadas al infarto afectan, en menor o mayor medida, al entorno más amplio del afectado y, en consecuencia, a su calidad de vida. Un ejemplo es que por no gestionar de manera adecuada las emociones o no tener las herramientas apropiadas para ello, solo la mitad de los pacientes que podrían reincorporarse a su lugar de trabajo lo hace.

Infarto y alteraciones emocionales

El infarto es un evento muy estresante que pasa factura. La Dra. Vidal señala que durante los dos primeros meses posteriores al episodio cardiaco, entre un 15% y un 85% de los pacientes sufren trastornos psicológicos. Este porcentaje, después de un año, se va reduciendo y pasa de entre el 13% y el 66%. Sorprendentemente, dos años después del infarto, lo manifiestan entre el 20% al 34% de los afectados. La experta afirma que más allá de los años siguientes, los problemas emocionales no son debidos a la severidad del problema médico, sino por la preocupación y la percepción del estado de salud que tiene uno mismo.

Durante los dos primeros meses posteriores al episodio cardiaco, entre un 15% y un 85% de los pacientes sufren trastornos psicológicos

La emociones negativas provocan alteraciones cognitivas, fisiológicas y de conducta que, a la vez, favorecen el desarrollo de patologías cardiovasculares: el estrés, la falta de apoyo psicosocial, la ansiedad, la ira y la depresión son factores de riesgo en el desarrollo y la cronificación de las enfermedades cardiovasculares. La especialista pone dos ejemplos. Por un lado, la ira se relaciona con hipertensión, la angina de pecho y el infarto de miocardio. Y, por otro, la depresión es el mayor factor de riesgo del ataque al corazón. Cuando ya se ha superado un episodio, sufrir depresión duplica el riesgo de morir por infarto: los datos apuntan que una de cada dos personas con enfermedad cardiovascular sufrirá depresión.

Para evitar o revertir estas emociones, los psicólogos recomiendan técnicas cognitivas (para cambiar pensamientos), técnicas fisiológicas (para aprender a relajarse) y técnicas para modificar la conducta y también de autorrefuerzo y autocontrol (para mejorar los hábitos de salud y las relaciones personales). Que uno, después de un infarto, tenga un papel activo y que su vida continúe y de cómo lo haga depende en gran medida de él mismo.

Después de un ataque al corazón

Durante el mes siguiente al infarto, los especialistas de la Fundación Española del Corazón recomiendan:

  • Evitar el sedentarismo: caminar cada día durante una hora y huir de las actividades bruscas.
  • Seguir una dieta sana y equilibrada, baja en sal si se sufre hipertensión y baja en colesterol.
  • Reposo. Es un periodo de tiempo en el que el paciente debe descansar. Hay que olvidarse del trabajo. Más adelante, la exigencia física o el estrés que suponga la actividad laboral establecerán si se puede retomar.
  • Si surgen nuevos síntomas, hay que acudir a un centro de urgencias.
  • Al desplazarse, hay que llevar consigo el informe médico del alta, ya que sería de gran utilidad ante una emergencia.
  • Portar siempre encima los medicamentos vasodilatadores.
  • Seguir a rajatabla las recomendaciones y la pauta médica. Si algún medicamento sienta mal, lo mejor, antes de abandonarlo, es consultarlo con el especialista.
  • Evitar conducir o realizar largos viajes en avión, porque la inmovilidad mantenida perjudica la circulación de las piernas.

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