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La FAO ha creado en diversos países africanos centros para ayudar a los jóvenes huérfanos por el sida en los que aprenden mucho más que técnicas agrarias
Los devastadores efectos del sida en África no sólo destruyen millones de vidas, también las esperanzas y el futuro de los que sobreviven. Un caso especialmente delicado es el de los millones de huérfanos que deja esta enfermedad, la inmensa mayoría de ellos sin medios ni recursos para seguir adelante y con asistencia muy escasa. Con el fin de ofrecer una oportunidad a estos niños, la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO) de la ONU ha puesto en marcha las Escuelas de Campo y Vida, una iniciativa basada en la creación de centros en las que se imparten conocimientos acerca de técnicas agrarias que pueden ayudar a mejorar sus condiciones de vida, a menudo desesperadas.
Hasta la fecha, se han levantado más de una treintena de estas instalaciones, destinadas a los huérfanos de Kenya, Mozambique, Namibia y Zambia, con cabida para un millar de jóvenes. La relevancia de estas escuelas radica en que muchos de estos chicos y chicas no saben cómo cultivar la tierra porque sus padres murieron de sida antes de poder transmitirles los conocimientos agrícolas necesarios. La mayoría de los centros se ubican en Mozambique, país en el que se sitúan 28 Escuelas juveniles de Campo y Vida para agricultores en las provincias centrales. Hasta ahora, 120 huérfanos han completado con éxito su formación
Hasta ahora, 120 huérfanos han completado con éxito su formación
y 840 estudiantes más están aprendiendo cómo cultivar la tierra con lecciones prácticas sobre técnicas agrícolas, nutrición y plantas medicinales.
Pero la formación no acaba ahí. Las lecciones de canto y danza ayudan a los niños a confiar más en sí mismos y potencian las relaciones sociales. El teatro y los grupos de discusión sirven para abordar temas cuyo conocimiento puede salvar la vida, como la prevención del sida o de la malaria, la igualdad de género o los derechos de los niños. En su proyecto de la creación de las Escuelas de Campo y Vida, la FAO trabaja con el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y otros organismos de Naciones Unidas. También lo hace con ONG e instituciones locales con el fin de dar una respuesta al número cada vez más grande de huérfanos a causa del sida. La enseñanza de técnicas agrícolas no es el único objetivo que guía la implantación de estos centros. De hecho, también se imparten nociones empresariales y preparación para la vida con huérfanos y niños de 12 a 18 años en situación crítica.
También se imparten nociones empresariales y preparación para la vida con huérfanos y niños de 12 a 18 años en situación crítica
Los conocimientos y técnicas aprendidas por los chicos y chicas, según defienden los promotores del proyecto, les ayudarán a desarrollar valores positivos sobre la igualdad de género y los derechos humanos. Esos centros abarcan tanto la agricultura tradicional como la moderna. Los niños aprenden a preparar el terreno, a sembrar y trasplantar, a escardar, regar, a controlar las plagas, a utilizar y conservar los recursos disponibles, a emplear y elaborar los cultivos alimentarios, a cosechar y almacenar, y a vender sus productos en el mercado. Del mismo modo, las escuelas contribuyen también a recuperar o reforzar los conocimientos tradicionales sobre cultivos autóctonos, plantas medicinales y biodiversidad. Además, en ellas se afrontan temas como sensibilización y prevención del sida, igualdad de géneros, protección de la infancia y salud sexual, ofreciendo al mismo tiempo ayuda psicológica y social, educación nutricional, y técnicas de empresa. Las Escuelas constituyen un espacio social seguro donde los estudiantes pueden desarrollar la autoestima y la confianza en sí mismos.
Las Escuelas constituyen un espacio social seguro donde los estudiantes pueden desarrollar la autoestima y la confianza en sí mismos
Según sus promotores, el objetivo de las Escuelas es dotar a los huérfanos con medios de conocimiento e inculcarles autoestima, además de facilitarles los elementos esenciales para que consigan seguridad alimentaria a largo plazo. Tal y como recalcan, estos cursos de formación son un importante punto de partida para librar del hambre y la pobreza a los huérfanos del sida.
De los 34 millones de huérfanos que viven en el África subsahariana, más de once millones perdieron a sus padres a causa del sida. Se estima que para 2010, más de 20 millones de niños podrían perder a su padre y madre, o a uno de los dos, debido a esa enfermedad. Los niños huérfanos de sida que viven en las zonas rurales están expuestos de forma particular a la malnutrición, a las enfermedades y a todo tipo de abusos.
De hecho, tal y como se señala desde la FAO, el riesgo de explotación sexual es muy alto para quienes están solos frente a la pobreza y obligados a ganar dinero para mantener a la familia. Después de la muerte de sus padres, los niños a menudo pasan a ser cabeza de familia y tienen que conseguir ingresos de alguna forma, una tarea muy difícil en las zonas rurales donde escasean el trabajo, los servicios y la infraestructura.
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