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La lepra

A pesar de tratarse de una enfermedad curable, sigue presente en los países más pobres, aunque las ONG luchan por erradicarla definitivamente

Imagen: Wikipedia

El próximo 28 de enero se celebra el día mundial contra la lepra, una enfermedad que sigue afectando a los países más pobres, aunque los avances médicos permitan la curación completa en un 90 % de los casos. Varias ONG españolas luchan para que desaparezca de la faz de la Tierra, en una labor solidaria contra una enfermedad que provoca un gran rechazo social a los afectados por sus síntomas.

¿La lepra se cura?

La lepra tiene cura médica desde hace más de 20 años y, sin embargo, todavía millones de personas la sufren. Se calcula que se diagnostican entre 300.000 y 600.000 nuevos casos de lepra de forma anual, en unas estimaciones en las que divergen las ONG y la Organización Mundial de la Salud (OMS). Según explica Yolanda Sanchis, directora de comunicación de Fontilles , una de las ONG españolas que luchan contra la lepra, la disparidad en estas cifras se produce porque a "ningún país le gusta reconocer que tiene enfermos de lepra", lo que provoca que se faciliten cifras a la baja.

Por otra parte, se debe distinguir a los "enfermos activos", es decir, las personas que tienen en la actualidad el bacilo de la lepra, de los que incuban la enfermedad (un periodo bastante largo, de entre 5 y 20 años). Esto significa que el número de afectados es superior al que indican unas estadísticas que apuntan con claridad la relación entre pobreza y la pervivencia de esta enfermedad. Así, los países con mayor prevalencia son India, Indonesia, Brasil y estados africanos como Angola, Madagascar, Mozambique, Nepal, Nigeria, República Democrática del Congo o Tanzania.

¿Por qué entonces los países más pobres siguen padeciendo este mal? Desde la ONG Anesvad afirman que se perpetúa la enfermedad por las "condiciones higiénicas y alimentarias deficientes" de estas zonas, factor que se complementa con las dificultades para acceder a centros de salud, que en muchos casos no se encuentran cerca de las comunidades o que "no disponen de personal cualificado", medicamentos o infraestructuras para atender a leprosos. En Fontilles señalan que el "miedo al rechazo" empuja a los afectados a ocultar su enfermedad y esconderse, de manera que no sólo no se curan sino que pueden contagiar la lepra a otros que a su vez pueden propagarla a terceros mientras la incuban.

Es fundamental la prevención

La lepra es una enfermedad producida por el bacilo de Hansen que lesiona la piel con grandes manchas que alteran la sensibilidad hasta dejar de sentir, aunque también puede presentar nódulos. Si la lepra avanza, causa deformaciones que pueden incapacitar a las personas. Por fortuna, se trata de una enfermedad poco contagiosa y los avances médicos han permitido curarla en un 90% de los casos si se diagnostica a tiempo, con tratamientos que duran entre seis meses y dos años.

Esta mal se caracteriza por la aparición de úlceras cutáneas, cuya progresión causa deformidad importante, y daño neurológico periférico (en las cuatro extremidades) que gradualmente ocasiona pérdida de sensibilidad cutánea y debilidad muscular. La lepra presenta dos formas principales: la lepra tuberculoide, que produce grandes manchas hipersensibles que se vuelven anestésicas, y la lepra lepromatosa. Esta última origina grandes nódulos en la piel (lepromas). Si no se administra el tratamiento adecuado, la enfermedad avanza y los afectados pueden perder la movilidad de pies y manos. Es por ello que el diagnóstico precoz es crucial.

Aunque existen medicamentos efectivos que hacen innecesario el aislamiento de los enfermos, el resurgimiento de Mycobacterium leprae resistente a los medicamentos, al igual que el aumento en el número de casos en todo el mundo, ha originado una preocupación global acerca de esta enfermedad. El tratamiento, que hoy en día varía entre los seis meses y los dos años, delimita el deterioro, libera al enfermo de ser agente infeccioso y le permite llevar una vida normal. La prevención reside en evitar el contacto físico con personas afectadas que no hayan sido sometidas a tratamiento. Las personas afectadas con un tratamiento a largo plazo se vuelven no infecciosas (no transmiten el bacilo causante de la enfermedad).

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