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Los programas que bloquean webs pornográficas o violentas no sustituyen el control paterno
La lícita preocupación de los adultos por los contenidos a los que tienen acceso los menores en Internet ha traído la popularidad del software de filtrado. Estos programas que bloquean el acceso a páginas de contenido violento o pornográfico han demostrado sus graves limitaciones. Su incapacidad para situar una palabra en su contexto conduce a que, en demasiadas ocasiones, contenidos irreprochables sean censurados.
Es comprensible el deseo de los adultos de evitar que los menores accedan a contenidos pornográficos o violentos cuando navegan por Internet. La realidad es que más allá del cuidado personalizado de los padres, los filtros de contenido aparecen como la única solución posible frente a este tipo de contenidos. Sin embargo, su función censora y su dudosa eficacia les ha rodeado de una polémica que no se agota.
Los contenidos violentos y pornográficos se multiplican en la Red y no es necesario navegar demasiado para encontrarlos. Navegando por aguas más o menos turbulentas, desde páginas de música en mp3 a sitios de descarga de programas, no es extraño que algún enlace o pop-up conduzca al navegante a páginas de contenidos cuestionables.
Por eso, los abogados de los filtros de contenido defienden su utilidad. Y no sólo para los padres preocupados por sus hijos: los principales usuarios del software para controlar la navegación son empresas que vigilan la actividad de sus empleados, proveedores de acceso e instituciones educativas y bibliotecas.
Los filtros son programas que impiden el acceso a determinados sitios web cuyo contenido ha sido censurado por un sistema de clasificación. La mayoría funcionan a partir de 'listas negras' y búsquedas de palabras clave 'malditas'.
También los hay que limitan el tiempo de conexión, las horas del día a las que se puede navegar, almacenan el recorrido realizado por la Red e incluso extienden su vigilancia por canales de chat, programas de mensajería instantánea, grupos de noticias, correo electrónico, etc.
Los navegadores Netscape o Explorer ya hace tiempo que incluyen un 'asesor de contenido' en el que usuario puede autocensurar su equipo. Los padres, por ejemplo, pueden limitar los contenidos cuando navegan sus hijos e introducir una contraseña para desactivar la protección si son ellos los que se conectan.
Pero además de esta aplicación autolimitadora de los navegadores, existen muchos programas 'guardianes de la Red', como Optenet, CyberPatrol, Net Nanny, SurfWatch o CYBERsitter, mucho más potentes aunque hay quien les acusa de peligrosos para la libertad de expresión en Internet.
La mayoría de ellos combina sus propias listas de sitios prohibidos con sistemas de control de contenidos, como el de la Internet Content Rating Association -antes Recreational Software Advisory Council (RSACi)- o el de Safesurf, ambos basados en la Plataforma para la Selección de Contenido en Internet (PICS).
Tal es la preocupación porque estos censores de la Red no se extralimiten en sus funciones que hay una legión de organizaciones dedicadas a vigilar a los vigilantes, como Peacefire, Electronic Privacy Information Center o Censorware.
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