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Pedro de Alzaga, periodista y asesor en la formación de medios de comunicación y redacciones digitales

La sencillez de las grandes ideas

  • Última actualización: 11 de abril de 2008

El autor plantea la dicotomía a la que lentamente se va enfrentando Internet a medida que más y más usuarios van integrándose en la sociedad digital. Ante la cantidad ingente de información que cada día pasa de unas manos a otras por la Red, ¿cuál es la mejor manera de organizarla? ¿Con una estructura semántica donde la Web sea capaz de entender el significado de la información (palabras) que alberga y los buscadores puedan dar respuestas inteligentes? ¿O tal vez deban ser los propios usuarios como gran inteligencia global los que faciliten esta organización masiva? Sin pretender responder a este dilema, Alzaga sí cree que hay un principio inamovible más allá de las tendencias: la sencillez. Sin sencillez de cara al usuario, cualquier Web futura fracasará. Sin duda un aviso a tecnólogos y diseñadores. Pedro de Alzaga comenzó su carrera en la edición digital de El Mundo, pasó posteriormente a impulsar la de El País y a crear la de Prisa.com. Recientemente ha asesorado a 20 Minutos.es en su último cambio de diseño.

Han pasado quince años desde que el primer servidor web apareciera en Internet. Se dice pronto: tres lustros; mucho tiempo para los humanos, pero mucho más en términos tecnológicos y una eternidad en el mundillo de Internet.

¿Cómo es posible, entonces, que una tecnología tan simple como la web haya durado tanto tiempo sin sufrir cambios profundos en su estructura? ¿Por qué no se ha modificado, apenas, su forma de mostrar, agrupar y conectar la información? O, dicho de otro modo: ¿Por qué la Web ha sobrevivido a otras tantas tecnologías, incluso más potentes, llamativas y prometedoras, que se quedaron por el camino de este progreso? Tal vez se deba a que la tecnología web es, fundamentalmente, sencilla.

"La tecnología web es capaz de ocultar la complejidad de los ordenadores conectados con la Red, las líneas de comunicación y los programas informáticos que se agolpan en la trastienda de Internet"

Un internauta hace clic en un vínculo y su navegador muestra el documento con el que está asociado. Un documento que, tal vez, se encuentre al otro lado del planeta, en un ordenador situado en un laboratorio y que habla un lenguaje informático distinto al del PC del internauta. Y sin embargo, el resultado es básicamente el mismo: un clic devuelve un documento.

La tecnología de la Web es capaz de ocultar la complejidad de los ordenadores conectados con la Red, las líneas de comunicación y los programas informáticos que se agolpan en la trastienda de Internet. Al mismo tiempo, el hipertexto establece un método razonable para conectar información dispersa y heterogénea, y lo hace un modo tan sencillo que casi cualquier internauta intuye su funcionamiento. Ambos elementos, trabajando de forma conjunta, tal vez sean la clave que explique el crecimiento de una 'World Wide Web' que hoy cuenta un curioso corpus cibernético de más de 15 mil millones de páginas.

"Actualmente, hay dos propuestas para crear una nueva Web que resuelva algunos de sus problemas y cambie su estructura tecnológica para llevarla un poco más allá del 'clic documento'"

Sin embargo, no toda la historia de la Web puede escribirse en clave de vino y rosas. Algunos fallos y omisiones durante su diseño han provocado una Red más cercana al catálogo comercial o al simple caos informativo, que al rigor científico o académico de sus autores. Una situación que aleja a muchos ciudadanos de la Web, obliga a los internautas a adquirir más pericia para encontrar información en un océano de ambigüedad multilingüe, y a los buscadores a hacer un esfuerzo cada vez mayor para extraer el grano informativo de la paja publicitaria.

Dos tendencias para el futuro de la Web

Actualmente, hay dos propuestas para crear una nueva Web que resuelva algunos de estos problemas y cambie su estructura tecnológica para llevarla un poco más allá del 'clic documento' que tan buenos resultados ha dado hasta ahora.

"La Internet semántica da más importancia al fondo, al significado de la información que se publica, y deja de lado otras consideraciones formales"

La primera se conoce como 'Internet semántica' y está encabezada por Tim Berners Lee, el creador de la Web original. Esta corriente pone el acento en el contenido que se publica en la Web y pretende mantener la sencillez y transparencia que hizo triunfar a la tecnología anterior a costa de exigir cierta rigidez en la trastienda informática. En definitiva, la Internet semántica da más importancia al fondo, al significado de la información que se publica, y deja de lado otras consideraciones formales.

"Los partidarios de la llamada Web 2.0 creen que los cimientos de la nueva Web deben reposar sobre cualquier tecnología que sirva para construir las herramientas que permitan la participación del internauta"

Por su parte, los partidarios de la llamada Web 2.0 creen que los cimientos de la nueva Web deben reposar sobre cualquier tecnología que sirva para construir las herramientas que permitan la participación del internauta, sin otra pauta que la que marquen los programas y el diseño que consigan este objetivo.

Resumiendo mucho, si la primera cumpliera sus promesas y consiguiera implantarse de forma generalizada, un internauta podría, entre otras cosas, localizar información en Internet dejando de lado las crípticas claves de un buscador y usando un lenguaje más parecido al que hablamos los humanos ("¿Cuándo, dónde y cómo murió Cervantes?", sin que importe el idioma con que se formula esta pregunta); si la segunda consiguiera imponerse, el nuevo web sería un territorio construido por y para la participación de sus usuarios, al margen de cualquier otro consenso de fondo.

"Podemos exigir, al menos, una cosa: sencillez para evitar que la web se convierta en territorio exclusivo de tecnólogos y diseñadores, o esclava de cualquier gregarismo"

Existen muchas razones para dudar de estas propuestas, pero también otras tantas para no pasarlas por alto, pues ambas pretenden diseñar la Web que podríamos usar mañana. Mientras el tiempo nos dice lo mucho de cierto o falso que hay en ellas, podemos exigir, al menos, una cosa: sencillez.

La misma la sencillez que evite que la web se convierta en territorio exclusivo de tecnólogos y diseñadores o la haga esclava de cualquier gregarismo; la misma sencillez que provocó el éxito de la actual 'World Wide Web'; y la misma sencillez que, a fin de cuentas, otorga a un medio la cualidad de democrático. ¿Democrático semántico, o democrático 2.0? Democrático, a secas.




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