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Bokodes, otra alternativa a los códigos de barras

Estas minúsculas etiquetas ópticas aportan nuevos usos y mayores posibilidades

Los bokodes son pequeños diodos Led recubiertos de un material con condiciones ópticas especiales. Se perfilan como el dispositivo que reemplazará a los códigos de barras, que marcan gran parte de los productos a la venta en el mercado, y a los bidimensionales, que sólo se han popularizado en Japón y en otros países orientales. Es una nueva tecnología, ideada por un grupo de trabajo del Laboratorio de Medios del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), que todavía se encuentra en fase de desarrollo y perfeccionamiento.

La palabra "bokode" procede de la combinación del término japonés "bokeh", que designa el efecto de cerco que se produce cuando se fotografía desenfocada una luz, y la voz inglesa "code". ¿Pero qué aportan los bokodes respecto al actual método de etiquetado? Por un lado, albergan mucha más información, cientos de bits que hacen palidecer al código de barras. Además, son más pequeños que estos. Son diminutas etiquetas ópticas, de tres milímetros de diámetro, un tamaño casi invisible para el ojo humano.

Su sistema de funcionamiento es más flexible. Se leen desde cualquier cámara del mercado, incluso con los dispositivos de los teléfonos móviles o las webcam. El único requisito, y el "truco" del sistema, consiste en que se debe enfocar al infinito, así la información se convierte en legible para las cámaras y también para el ojo humano, si se acerca lo suficiente el bokode.

Se pueden leer desde cualquier cámara del mercado, incluso desde los teléfonos móviles o las webcam

De esta manera, los costos de adaptación a la nueva tecnología serían menores para las empresas. Servirían como lectores algunos dispositivos muy extendidos y relativamente baratos, como los mencionados, sin necesidad de adquirir otro hardware. Además, abre una vía muy interesante para los consumidores, puesto que cualquier persona que tenga un teléfono móvil con cámara podrá leer la información adicional que porten los bokodes.

Estas nuevas etiquetas se leen sin fallo desde una distancia mayor que la exigida por los códigos de barras. Hasta varios metros de distancia. Para ello, se necesitan cámaras con una gran apertura del diafragma. Con una máquina reflex se pueden leer los códigos desde una distancia de cuatro metros.

En cambio, las cámaras compactas de los teléfonos móviles, cuya apertura de diafragma es mucho más reducida, se deben aproximar al bokode para leerlo. El grupo del MIT trabaja para alcanzar distancias de lectura de hasta 20 metros. Un aspecto interesante radica en que se han diseñado con la posibilidad de mandar información distinta en función de la posición desde la que se acceda, lo que podría brindar nuevos usos. Es decir, sería posible enviar datos a las personas que los leen desde el lado izquierdo y otros distintos a quienes lo hacen desde el derecho.

La cuarta forma de leer la información óptica

Hasta ahora, había tres maneras de comunicar la información de forma óptica: en dos dimensiones, como los bidis que constituyen la evolución de los códigos de barras; mediante variaciones en el tiempo, ya sean de luz que se apaga y enciende o de movimiento; y por las variaciones de la longitud de onda, un sistema que se utiliza en la fibra óptica. En cambio, los bokodes cifran la información mediante el ángulo: los rayos lumínicos que emiten varían en intensidad en función del ángulo con el que se hayan registrado.

El bokode también se posiciona como competidor del chip RFID, que emplea la radiofrecuencia para transmitir información. Sus promotores defienden que este sistema aventaja al RFID en temas como la privacidad, puesto que se necesita que producto y cámara tengan contacto visual para su lectura. Argumentan, además, que cualquier cámara puede leer los bokodes sin precisar de ningún escáner especial, a diferencia de lo que ocurre con RFID.

No sólo para etiquetar productos

Esta tecnología se ha diseñado también para calcular con bastante exactitud la posición y el ángulo de la cámara que apunta al bokode, una opción que, según sus promotores, permite nuevas aplicaciones que exceden las convencionales de un código de barras. Gracias a esta posibilidad, puede actuar de manera similar al mando de la Wii en el campo de los videojuegos, que maneja de modo inalámbrico un personaje a partir de los movimientos reales del usuario.

Con los bokodes se podrá acceder desde el exterior a la carta de platos de un restaurante

Se podrán crear pantallas de información pública que utilicen a la vez otras que tengan un bokode o juegos multijugador. La aplicación en el aula permitiría que cualquier alumno señalara un aspecto de las diapositivas que muestra su profesor con su propio puntero, que le identificaría de forma pública al utilizarlo, puesto que contendría la información de su propietario. Se abre la puerta a realizar encuestas en tiempo real para que el profesor conozca el grado de comprensión o la opinión de los alumnos sobre algún tema.

Otro de los usos que los promotores destacan consiste en proporcionar información relacionada con el entorno: acceder desde el exterior de un restaurante a la carta de platos con sólo leer el bokode desde un teléfono móvil u obtener de igual manera la información de las obras de un museo que se visita, sin necesidad de alquilar el sistema de audioguía. Otra posibilidad interesante pasa por su uso como reproductores del movimiento de las personas y los animales con mayor fidelidad. Para conseguirlo, se integrarían en el software que captura los cambios de posición.

Abaratar el coste de fabricación

En la actualidad, el precio de fabricación por unidad de un bokode se aproxima a los cinco dólares por unidad, pero el grupo de trabajo del MIT espera rebajarlo hasta cinco centavos de dólar cuando, en lugar de utilizar una lente y luces LED, como el prototipo actual, empleen hologramas reflectantes similares a los de las tarjetas de crédito.


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