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Cómo saber si sufres una adicción a las redes sociales

Sentir la necesidad de publicar y fotografiar todo lo que a uno le pasa es una de las claves para reconocer una adicción a las redes sociales

Imagen: Duri From Mocup

Las redes sociales forman parte de nuestra vida. Para algunos se han convertido en un estilo de vida, y hasta incluso en un trabajo. Pero, ¿cómo saber cuando la pasión por las redes sociales se ha transformado en una adicción? Los expertos lo llaman "conducta adictiva a Internet". A continuación se dan las claves para saber reconocerla y cómo hacerla frente.

¿Estoy enganchado a las redes sociales?

Pese a que sean muy divertidas, e incluso ayuden a impulsar grandes cambios en la vida personal y profesional, las redes sociales también tienen algunos peligros. Casi el 40% de los jóvenes utiliza las redes sociales, al menos, dos horas en un día normal de colegio, apunta el estudio 'Investigación sobre conductas adictivas a Internet en los adolescentes europeos'. Este comportamiento es denominado por los expertos como "conducta adictiva a Internet". ¿Cómo saber si se sufre? Estas son, según los expertos, las claves para reconocer una adicción a las redes sociales.

1. Lo primero y lo último.

Lo primero que hace al despertar un usuario enganchado a sus redes sociales es lo mismo que hace antes de acostarse: consultar las novedades en Facebook, Instagram, Snapchat, etc.

2. La necesidad de medirlo todo.

Revisar con frecuencia los perfiles en redes y esperar obtener un feedback positivo de las publicaciones realizadas obliga a estar pendiente del número de likes, comentarios o retuits u otros factores para determinar el éxito o fracaso de una publicación.

3. Conversaciones impersonales.

Se sustituyen las conversaciones cara a cara con charlas a través de Internet. El usuario prefiere la vida digital a la vida real, ya que la sensación de soledad nunca existe y es mucho más fácil interactuar con otros usuarios.

4. Ansiedad e irritación.

Lo más seguro es que este sea el signo más claro y a la vez más preocupante de las adicciones a estas plataformas de interacción social. ¿El motivo? Estar en un sitio donde no haya cobertura o que la batería se agote y no exista la posibilidad de recargarla en el momento.

5. Publicar varias veces al día.

Cuando el usuario siente la necesidad de publicar y fotografiar todo lo que le sucede, desde sus comidas diarias hasta su pose antes de dormir; es decir, hacerse presente en sus diferentes redes con contenidos diarios y banales.

¿Cómo combatir una adicción a las redes sociales?

1. Reconocer la adicción.

Aceptar el hecho de que existe una adicción y ser consciente de que se debe superar para lograr un mejor estilo de vida. Se trata del famoso "Primer Paso de Alcohólicos Anónimos", y lo es por algo. Si no se admite que existe un problema, no hay ninguna posibilidad de que se pueda solucionar, ya que el hecho de admitirlo crea dentro de uno mismo la intención de superarlo.

En el caso de las redes sociales, las consecuencias no son tan desastrosas como con el alcohol o de las drogas, pero sin embargo sí pueden tener un efecto bastante negativo, sobre todo, en la productividad.

2. Omitir las notificaciones.

A menudo, las notificaciones son las culpables de que los usuarios estén de forma constante mirando el móvil, por lo que silenciarlas puede llegar a ser un primer paso para reducir el uso de las redes sociales.

3. Desconectarse de las redes sociales durante un tiempo.

Según algunos expertos, estar desconectado determinado tiempo permite al cerebro crear nuevos caminos neurales, lo que significa que nuevos comportamientos y rutinas comienzan a reemplazar a los antiguos. Sin embargo, esto también puede ocurrir en sentido contrario con hábitos que no son buenos.

4. Establecer momentos de conexión diaria.

Fuera de esos momentos, lo apropiado es no conectarse a ninguna red social. Al entrar solo cuando uno decide hacerlo, se está mandando un mensaje al cerebro de que se tiene el control.

5. Bloquear las redes sociales o borrar las aplicaciones.

Sería el último recurso. No se trata de la solución idónea, pero para situaciones extremas quizás sea una opción que habría que valorar.


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