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Menores enganchados a las pantallas, ¿cómo detectar un uso excesivo?

Si el niño o adolescente muestra irritabilidad o ansiedad al no poder utilizar el móvil o la tableta o deja de relacionarse con sus amistades, puede ser que tenga un problema de abuso de las tecnologías

Imagen: ThinkStock

Menores pegados al teléfono móvil es una estampa habitual en casa, en la calle, al salir del colegio... ¿Cómo reconocer cuando los adolescentes tienen un problema con las pantallas y las usan de forma excesiva? ¿De qué manera restringir el uso de Internet a los menores? Y, ¿qué hacer para fomentar el uso responsable de las nuevas tecnologías por parte de niños y adolescentes? En este artículo se revelan las claves para lograrlo.

Adolescentes pegados al smartphone

Hoy en día, muchos padres tienen la sensación de que sus hijos viven constantemente pegados a una pantalla. Es posible que si usted tiene niños o adolescentes en su entorno se identifique con la siguiente historia, a pesar de que es ficticia.

Isaac tiene 14 años y cuando llega a casa después de clase, incluso antes de quitarse la mochila, ya va encendiendo su smartphone. Suele comer conectado, ya que mientras lo hace, sigue prestando atención a lo que ocurre en la Red. Además, prefiere divertirse a través de la pantalla; incluso con los amigos solo quiere disfrutar de manera online. Sus estudios empiezan a tambalearse, porque acude al instituto sin descansar lo suficiente, pues se queda jugando y navegando hasta altas horas de la madrugada. Aunque sus padres y profesores han intentado tomar cartas en el asunto marcándole límites en el empleo de la tecnología, él se pone agresivo y, al final, termina haciendo lo que quiere.

¿Cuándo se habla de uso excesivo de las pantallas? ¿Dónde está el límite?

A través de la historia anterior, cualquier persona sería capaz de darse cuenta de que existe un uso intensivo de la tecnología por parte del adolescente. Sin embargo, ¿es tan fácil de identificar cuando esto sucede a nuestro lado?

Muchos padres no son conscientes hasta llegar a niveles muy extremos, y esto ocurre porque socialmente se ha llegado a normalizar este abuso, aceptando sus síntomas previos. Ayudará a detectarlo si se observa que hay un abandono de obligaciones, pérdida de interés por actividades que antes le gustaban o escasa o nula relación con sus amistades. También es habitual contemplar comportamientos de irritabilidad e incluso presentar ansiedad ante la imposibilidad de seguir utilizando lo que le causa la dependencia (móvil, tableta, videojuego, etc.).

Imagen: ThinkStock

¿Por qué son las pantallas tan atractivas para los menores?

Catherine L'Ecuyer, investigadora y divulgadora educativa, manifestaba en una de sus entrevistas que las nuevas tecnologías resultan tan atractivas para niños y adolescentes, porque les aportan estímulos (luz, sonido, interacción...) que el cerebro interpreta como una sensación placentera, pudiendo llegar a padecer síntomas similares a las adicciones tradicionales, como con el alcohol o las drogas.

El propio Apple en un estudio realizado en 2016 ya revelaba que las personas miran el teléfono móvil una media de 80 veces al día, lo que supone cerca de una vez cada 12 minutos, si se descuenta el tiempo de sueño.

La problemática se ha generalizado de tal modo que ha sido necesario incorporar terminología específica para definir los diferentes síntomas derivados del uso excesivo. Se habla, por ejemplo, de nomofobia (miedo irracional a salir de casa sin el móvil), oniomanía (compra compulsiva online) y gambling (adicción a los juegos de azar y apuestas online).

Por ello, no es de extrañar que los gigantes tecnológicos inviertan importantes esfuerzos por diseñar servicios dirigidos a jóvenes, con el objetivo de salvaguardar su seguridad y bienestar, así como iniciativas orientadas a concienciar a los padres, como ha hecho hace poco Facebook con su Portal para padres.

Educar para prevenir: nuestro mejor aliado

Como se observa en la Línea de Ayuda de Internet Segura for Kids, la preocupación de los padres por que sus hijos consigan un equilibrio en el uso de las tecnologías ha ido en aumento y recurren a este servicio gratuito y confidencial en busca de medidas para realizar de forma adecuada esta educación TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación). También demandan ayuda cuando ya existe una dependencia.

En el hogar se puede tener la sensación de que el número de videojuegos, tabletas, smartphones, pulseras inteligentes, etc. de los hijos se multiplican, sobre todo después de celebraciones como cumpleaños, Navidad o buenas notas en el colegio. Pues bien, el primer filtro debería de comenzar aquí. No se trata de privar a los más pequeños de su utilización, sino de guiarles en cada una de las etapas, estableciéndoles unas pautas y supervisión acorde a su edad y capacidad crítica.

Esta educación TIC debe empezar antes de adquirir el primer dispositivo, marcando unas normas de uso que incluyan unos horarios apropiados y gestionando el tiempo dedicado de manera adecuada. Es conveniente enfocarlo como una más entre las diferentes actividades y tareas escolares y familiares, así se evita que se adopten comportamientos en los que se deje de lado alguna de las responsabilidades con las que se debe cumplir.

En este sentido, a medida que el menor va creciendo, es importante acompañarle en este empleo y hacerle reflexionar en qué invierte ese tiempo para que se dé cuenta de la importancia de hacer cada cosa en su momento, sin perderse otras actividades. En las primeras etapas (hasta los 12 años), se puede apoyar esta supervisión con herramientas que permiten esa gestión del tiempo para, a medida que el pequeño crece y muestra que realiza un uso adecuado, proporcionarle más independencia, igual que ocurre en el resto de aspectos de la vida.

Imagen: ThinkStock

Pero... ¿y cuando el problema ya existe?

A menudo, cuando existe un empleo excesivo de las tecnologías, el afectado no lo suele reconocer y se niega a colaborar. Otra de las barreras es que los malos hábitos establecidos forman parte de la rutina del niño y cambiar esta dinámica no es tarea fácil. Sin embargo, se debe tener siempre presente que nunca es tarde para reconducir un problema.

Volviendo a la situación se planteaba al comienzo del artículo, sobre el adolescente Isaac, sería necesario que los padres retomaran la confianza y se mostraran como un apoyo. Para romper el hielo y llevar la conversación hacia donde se pretende, se pueden buscar documentales como 'Love child' o 'Web Junkie', que tratan sobre este tema que interesa abordar con el menor.

Debido a que se necesita reeducarle tecnológicamente para poder dejar atrás el comportamiento actual, se le pueden proporcionar alternativas de ocio y planificar cómo y en qué momentos utilizar la tecnología. Para consensuar este empleo es posible apoyarse en pactos familiares para el buen uso del móvil: un documento que se puede utilizar para lograr un compromiso, ya que habrá que firmarlo.

También es importante ser un buen ejemplo en los aspectos que se quieren transmitir, así como manifestar confianza y mostrarse inflexible ante chantajes y cambios de normas. Para hacerlo más llevadero e ir motivándose con los progresos, se pueden ir fijando pequeñas metas que han de superarse.

Como complemento a todo este trabajo se puede contar con la ayuda de profesionales. A través de la Línea de Ayuda gratuita y confidencial de IS4K, 900 116 117, se puede recibir una atención personalizada a la situación planteada.


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