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Jordi Sabaté, periodista especializado en las nuevas tecnologías y novelista

El software libre se viste de largo

  • Última actualización: 14 de abril de 2008

El autor destaca la importancia de la reciente certificación del formato OpenDocument como estándar internacional (ISO 26300) para el desarrollo de la economía global. También incide en la incongruencia económica que supone el uso de software propietario cuando existan alternativas libres de igual calidad. Jordi Sabaté es autor de la novela de ciencia ficción 'El misterio de las trescientas holandesas', publicada en España por Minotauro.

A base de fabricar software, Microsoft se ha convertido en la más grande, la más rica y la más poderosa empresa de las nuevas tecnologías, la nueva economía y, probablemente, del mundo. Esto la convierte en el mejor espejo de la realidad económica actual. Por lo tanto, preguntarse si seguirá toda la vida imponiendo su dominio absoluto en todos los apartados del software puede ser un buen ejercicio de análisis de futuro.

"Microsoft es la última de una estirpe: la de las grandes compañías que basan su negocio en el sentido físico de la propiedad sobre algo que no es tangible"

Tanto tienes, tanto vales

Microsoft forjó su imperio durante las pasadas décadas sobre una premisa que probablemente cada vez será menos válida: en el mundo cada cosa tiene su propietario. Según esta premisa, muy arraigada en la percepción física de la realidad, los seres humanos lo poseemos todo, desde los continentes más grandes hasta los matojos de hierba más insignificantes. Así, nuestro concepto de la propiedad tiene un fuerte componente espacial que determina que todo aquello que habita el entorno que ocupamos de forma permanente nos pertenece.

En cierto modo, Microsoft es la última de una estirpe: la de las grandes compañías que basan su negocio en el sentido físico de la propiedad sobre algo que no es tangible. Microsoft representa hoy el 23% de la facturación de las 25 empresas más grandes del mundo a base de vender cajas con discos compactos que contienen sus creaciones, sus programas.

Y Microsoft es el legítimo propietario de cada uno de estos programas y cada una de sus copias, por lo que el usuario debe pagar por utilizar cada uno de ellos, por hacerse con el derecho de uso de cada uno de ellos. Sin embargo, el mundo está cambiando; las nuevas tecnologías han propiciado un nuevo escenario en el que lo que pertenece a cada individuo tiene menos valor que lo que se comparte, se distribuye y se modifica/mejora de forma comunitaria, o en red.

En principio, quien desee instalar un programa de Microsoft en el escritorio de su ordenador debe pagar por ello y, en el 90% de los casos, también quien desee que su ordenador funcione. Aunque muchos usuarios no lo saben, han pagado un suplemento extra en el precio del ordenador por tener instalado, sin haberlo decidido, el sistema operativo Windows.

"En la inmensa mayoría de los casos, quien no pague a Microsoft no podrá acceder al mundo de las nuevas tecnologías"

Así que si el mundo de las nuevas tecnologías funciona, es en gran parte gracias a que Microsoft existe y 'alquila' sus programas. O dicho de otro modo: en la inmensa mayoría de los casos, quien no pague a Microsoft no podrá acceder al mundo de las nuevas tecnologías.

Contra la lógica del mercado

En este escenario, cuando una empresa quiere ganar el contrato de un cliente debe presentar un presupuesto. Si dicho contrato incluye (como cada vez ocurre más) tecnología informática, incluye por necesidad software. Hasta ahora, ahí ha estado Microsoft (y otros) para prestar sus servicios y cobrar por ellos. Y, claro, lo que cobra Microsoft y compañía hay que incluirlo en el presupuesto, con lo que éste se encarece... ¿Hay alguna posibilidad de evitar los gastos del uso de software propietario?

A veces sí, y no precisamente pirateándolo; aunque los estudios de la Bussiness Software Alliance (BSA) digan que en nuestro país el 46% de los programas que se usan tienen procedencia ilegal. Basta con usar, cuando se pueda, software libre, distribuido y mejorado en Internet; software compartido y elaborado que periódicamente es liberado para que los usuarios lo utilicen. Software tan bueno actualmente como el propietario y que, al ser gratuito, abarata los proyectos y permite a las empresas ganar los contratos.

"Los mecanismos económicos son prácticos y despiadados: contemplan al software como un medio y no como un fin"

Los mecanismos económicos son prácticos y despiadados: contemplan al software como una herramienta; como un medio, y no como un fin, para llegar al pleno desarrollo en la nueva era digital. Es por ello que los agentes económicos han decidido que no están dispuestos a pagar más peajes a un 'señor feudal' (llámese Microsoft, Adobe o cualquier otro fabricante de software propietario) si no es estrictamente necesario, y apuestan por un campo abierto y sin barreras. En otras palabras, la ley de la máxima rentabilidad dice que si el software libre es tan válido y más barato que el propietario, usar este último sería una estupidez que iría contra la lógica del mercado.

OpenDocument, estándar internacional

Prueba de ello es que Organización Internacional para la Estandarización [la que certifica la calidad de las herramientas con las que la mayoría de las empresas trabajan], concedió hace poco más de un mes el ISO 26300 a OpenDocument, un formato ofimático perteneciente a la 'suite' [paquete de programas] OpenOffice de OpenOffice.org: software libre 100% y alternativa más que viable a la 'suite' Office de Microsoft.

El formato .DOC del procesador Microsfot Word, por ejemplo, no tiene ningún tipo de certificación ISO, ni tampoco el .XLS de Microsoft Excel. ¿Qué usarán y recomendarán las empresas? ¿Algo certificado y gratuito, o algo sin estandarizar y de pago, por mucho que tenga la garantía de Microsoft?

Si no terminan de convencerse de que un programa que no haya sido fabricado por Microsoft puede funcionar bien, deberían saber que esta columna está escrita en formato .ODT, de OpenDocument, alojado en unos servidores que funcionan con Linux y publicado en el formato abierto .PHP.

"¿Qué usarán las empresas? ¿Algo certificado y gratuito, o algo sin estandarizar y de pago?"

Por lo tanto, en cuestiones de economía global, en los planes para el desarrollo de un determiando tejido empresarial, en las corporaciones y en los grandes proyectos institucionales, en la culturización digital del tercer mundo... las empresas que producen software propietario pueden ir despidiéndose del papel preponderante que han venido teniendo. La sustitución será lenta, pero imparable, sin marcha atrás. El software propietario, al menos en el ámbito profesional, está conviertiéndose en un lujo decadente.

Sería una tontería negar que los usuarios de software propietario (los que se compran el ordenador y no pueden, no saben o no quieren decir no a Windows; los que no conocen la existencia de The Gimp y prefieren pagar por Photoshop; los que desconfían de los procesadores de texto que no sean Microsoft Word o de los gestores de correo que no sean Outlook...) están en su derecho al usar programas de pago. Tambien sería injusto omitir que dicho software tiene, la mayor parte de las veces, calidad suficiente para satisfacer las expectativas del usuario más exigente. Sin embargo, es necesario subrayar que, a día de hoy, hay alternativas fiables y gratuitas al alcace de todos. La concesión del ISO 26300 a OpenDocument así lo certifica.




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