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El Concorde realiza hoy su último vuelo comercial

El avión supersónico será exhibido en cuatro museos del mundo

  • Fecha de publicación: 30 de mayo de 2003

Había pasajeros que volaban en el Concorde entre París y Nueva York subían al aparato en la capital francesa a las ocho y media de la tarde y llegaban al aeropuerto neoyorquino JFK dos horas antes, a las seis y media. No es que viajaran hacia atrás en el tiempo, sino que se trata de la combinación de las seis horas de diferencia horaria y los 2.200 kilómetros por hora de velocidad crucero que alcanzaba la aeronave. El primer y hasta ahora único avión supersónico de pasajeros.

Con anticipación llegaban los viajeros a su destino, y antes de tiempo el Concorde ha entrado en los anales de la Historia. El avión realiza hoy su último vuelo comercial, y Air France anunció ayer que donará cuatro aparatos a otros tantos museos: el Museo del Aire y del Espacio de Le Bourget, el parque aeronáutico de Airbus (Francia), el Technik Museum (Speyer, Alemania) y el National Air and Space Museum (Washington, EE.UU.). Para la compañía francesa, este modelo de avión pertenece ya al patrimonio aeronáutico de la humanidad "y por lo tanto debe ser visto y admirado". La explotación comercial de la velocidad supersónica apenas ha durado 27 años. Un accidente y una cámara de vídeo han tenido la culpa.

No es la primera vez que se cuestiona la seguridad de un modelo de avión. A finales de los años setenta, comenzaron a ponerse en tela de juicio los niveles de seguridad del DC-10, uno de los aviones más grandes de la época. El fabricante, McDonnel-Douglas, tuvo que hacer malabarismos comerciales ante el desprestigio de sus aeronaves, que sufrían un accidente tras otro. Los DC-10 se sobrepusieron a la tormenta y siguieron volando.

El Concorde ha tenido menos suerte. El martes 25 de julio de 2000 un avión que despegaba en el aeropuerto de París sufrió un desperfecto y uno de sus motores se incendió a pocos metros del suelo. Un videoaficionado captó la imagen del Concorde cuando se convertía en una bola de fuego y se desplomaba a tierra con 100 pasajeros y nueve tripulantes.

El avión supersónico inició así su prematuro viaje a los museos. De nada sirvieron las explicaciones y las garantías de seguridad que ofrecieron las dos compañías que explotaban el avión, Air France y British Airways. Las imágenes se difundieron por todo el mundo y los pasajeros, simplemente, se negaban a viajar a velocidad supersónica.

Los últimos estudios han determinado, posiblemente demasiado tarde, las causas del fatal accidente. En el despegue, el Concorde se topó con una lámina de titanio que se había desprendido de un avión que acababa de utilizar la pista. Era un DC-10.




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