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¿Qué es mejor: una hipoteca fija o una variable?

Según el perfil del comprador de vivienda, puede resultar más conveniente decantarse por la seguridad del tipo fijo o por el bajo precio del interés variable

Imagen: The Tire Zoo

Muchos potenciales compradores de vivienda se preguntan si, dado el escenario actual- con el euríbor al -0,191 %-, les resultaría más conveniente financiar la adquisición de su nuevo hogar con una hipoteca a tipo fijo o a interés variable. Y es muy complicado responder a esta cuestión, ya que, como se ve en este artículo, existen argumentos muy sólidos para decantarse tanto por un producto como por el otro: las variables son ahora más baratas, pero las fijas son más estables y, a largo plazo, podrían ser más convenientes.

A favor y en contra de las hipotecas variables

Para decidir si es mejor una hipoteca fija o una variable se deben conocer las características de cada producto y sus ventajas e inconvenientes.

En el caso de los préstamos con un interés variable, su principal punto fuerte es que son más baratos, ya que el euríbor cotiza ahora en mínimos históricos. Hay que recordar que el tipo aplicado sobre estos productos se compone de un diferencial (que rara vez supera el 1,50 %) más el valor de un índice de referencia, que por lo general es el euríbor.

Por lo tanto, si el euríbor se mantuviera en unos niveles parecidos a los actuales durante mucho tiempo o subiera en los últimos años del plazo, optar por una hipoteca variable saldría más a cuenta. Además, estos préstamos suelen tener unas comisiones algo más baratas que los créditos hipotecarios a tipo fijo, sobre todo las de apertura.

Pero las hipotecas variables cuentan con un inconveniente: como su interés depende en gran medida de un índice de referencia, puede sufrir modificaciones importantes si este fluctúa. En consecuencia, el precio de las mensualidades puede cambiar mucho de un año para otro (o de un semestre para otro, según la periodicidad de la revisión), algo que no todos los bolsillos pueden soportar.

Luces y sombras de las hipotecas fijas

En cuanto a las hipotecas a tipo fijo, su gran atractivo reside en su estabilidad. Su interés es un valor que no está referenciado a un índice cambiante como el euríbor, por lo que la hipoteca fija no sufre modificaciones en ningún momento (a no ser que se toque el contrato o dejen de reunirse las condiciones de vinculación) y, en consecuencia, el precio de las mensualidades es siempre el mismo.

Otra ventaja de estos productos es que su interés se ha reducido notablemente durante los últimos años, aunque aún es más alto que el de las variables (rara vez baja del 2 % a 20 años). Sin embargo, si el euríbor experimentara un incremento notable a medio o largo plazo, tener contratada una hipoteca fija podría salir más barato y, además, protegería al hipotecado ante el encarecimiento de las cuotas.

Pero estas hipotecas tienen algunos inconvenientes: su interés depende mucho del plazo (cuanto más largo es, más alto es el tipo aplicado); sus cuotas son, en la actualidad, más caras que las de los préstamos a tipo variable; y tienen más comisiones. Por ejemplo, los créditos a tipo fijo pueden incorporar la denominada compensación por riesgo de tipo de interés, cuyo coste oscila entre el 0,5 % y el 5 % (no está regulado), y puede aplicarse si se produce una pérdida financiera en caso de subrogación o de amortización anticipada.

Imagen: Marco Verch

La decisión final depende del perfil de cada consumidor

Por todo lo expuesto, si se cree que el euríbor no sufrirá grandes variaciones durante las próximas décadas y la persona se ve capaz de asumir una posible subida de las cuotas, contratar una hipoteca variable puede ser la mejor opción.

Por el contrario, si se valora más la estabilidad y se considera que los índices de referencia podrían aumentar a corto o medio plazo, quizás será mejor decantarse por una hipoteca a tipo fijo.

En cualquiera de los dos casos, habrá que buscar una hipoteca que tenga buenas condiciones. Así, si se quiere firmar una hipoteca a tipo variable, es recomendable que su diferencial sea lo más bajo posible y que no tenga un fijo inicial elevado. Y lo mismo ocurre con las hipotecas fijas: se tiene que dar con un préstamo que tenga un interés atractivo (entre el 1,5 % y el 3 %) y, siempre que se pueda, con pocas comisiones y unos requisitos de vinculación asumibles.


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