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El pan y la sal

Conviene consumir pan, pero es el alimento que más sal aporta a nuestra dieta

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: martes 23 junio de 2009
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El pan, compuesto de harina, agua y sal, es quizá el alimento universal por excelencia, no entiende de clases sociales y apenas hay zonas en el planeta en que, de una u otra manera, no se consuma, si bien la costumbre que tenemos aquí de acompañar cualquier comida con pan es un hábito dietético que distingue nuestra cultura occidental respecto de otras. De hecho, el pan, que para nosotros es un alimento básico e indispensable para cada día, no lo es para otras culturas y poblaciones, en las que este papel lo desempeña el arroz, por ejemplo.

Exceso de sodio e hipertensión van de la mano

/imgs/2008/10/sal1.jpgExcederse en un determinado momento en el consumo de sal (deleitarse con un bocadillo de jamón curado o de anchoas en aceite) no tiene trascendencia alguna en nuestra salud; ese ocasional superávit de sal es eliminado fácilmente por el organismo. No obstante, si el abuso en el consumo de sal es cosa habitual, o si el organismo se ve incapaz de eliminar ese exceso (y una de estas dos circunstancias, e incluso las dos, se da en muchas personas), las consecuencias acostumbran ser graves para la salud.

Y la primera medida es reducir drásticamente el consumo de sal. El consumo excesivo y prolongado de sal se asocia a retención de agua, con el consiguiente aumento de peso y con la exigencia planteada a corazón, hígado y riñones de manejar mayor volumen de líquido y trabajar por encima de sus posibilidades. Aumenta el riesgo de hipertensión arterial y empeoramiento de los síntomas asociados a enfermedades del corazón, hepáticas y renales. En ocasiones, el consumo abusivo de sal puede incluso propiciar enfermedades tan graves como el cáncer de estómago y la osteoporosis (un excesivo consumo de sal aumenta la excreción de calcio por la orina, lo que favorece la desmineralización del hueso).

Si el abuso de sal es habitual o si el organismo se ve incapaz de eliminar ese exceso, las consecuencias acostumbran ser graves para la salud

El mejor consejo: “cortarse” un poco con la sal, esto es, reducir su cantidad, a la hora de condimentar nuestras comidas, y seguir una dieta equilibrada, que incluya pan, mejor del día que de molde, en cantidad suficiente pero no excesiva. Pero, con esto no es suficiente. No se deben pasar por alto hábitos tan tóxicos como el tabaquismo y el sedentarismo. Dejar de fumar o reducir la cantidad de cigarrillos diarios y seguir un programa personalizado de ejercicio físico son medidas conocidas -y un tanto impopulares- pero muy eficaces para prevenir la hipertensión.

Reducir el consumo de sal, decisión sabia

Casi todos abusamos del consumo de este condimento que tanto sabor proporciona a los platos y a los alimentos curados o procesados, por lo que el consejo de controlar su ingesta es válido para todos, pero lo es especialmente, hasta el punto de convertirse en prescripción, para quienes padecen hipertensión o mayor riesgo de problemas cardiovasculares. El gusto por la sal es adquirido y, por ello, es posible modificarlo, educarlo. A medida que se ingiere menos sal, la preferencia por lo salado disminuye. Es cierto, sólo hay que dar el primer paso y animarse. Los especialistas en nutrición y salud de CONSUMER EROSKI proponen una serie de claves y consejos para aprender a controlar la presencia de este mineral en nuestra dieta:

  • Consumir preferentemente alimentos frescos, que contienen menos sodio.
  • Reducir el consumo de los más ricos en sal: embutidos, quesos curados, patés, conservas de pescado, aceitunas, sopas de sobre, pescados ahumados, salsas comerciales, comida preparada, snacks
  • Quienes acostumbran a comer pan en grandes cantidades y no quieren renunciar a este hábito deberían plantearse consumir pan sin sal.
  • Reducir el empleo de sal en la elaboración de los platos: cocinemos, de partida, con poca sal y dejemos que cada comensal agregue la suya.
  • Reducir el consumo de salsas (mayonesa, mostaza, salsa de soja, kétchup y otras de reciente aparición) sustituyéndolas por otras guarniciones como pimientos, patatas y verduras.
  • Si se come fuera de casa, solicitar comida con poca sal, y que las salsas y aderezos se presenten aparte en el plato, sin mezclar con el alimento principal
  • Recurra a las cocciones al vapor: al no existir un medio con el que el alimento entra en contacto, no hay cesión de sustancias sápidas a dicho medio, y se conserva mejor el contenido natural del sodio en origen del alimento, por lo que la necesidad de añadir sal es menor
  • Utilice hierbas y especias para condimentar los platos. No se trata de prescindir de la sal, sino de usarla en menor cantidad. En hortalizas y verduras puede usar perejil, albahaca, cebollino, comino, pimienta, zumo de limón. Con carnes y pescados combinan bien pimienta, pimentón, ajo fresco, ajo y cebolla deshidratados, así como zumo de limón y vinagre. Con aceite de oliva virgen y vinagre, se disimula la falta de sal.
  • Tenga siempre a mano productos bajos en sodio.
  • Emplee sal de bajo contenido en sodio (tiene la mitad de sodio que la sal común), sal de cloruro potásico (carece de sodio y se ha de emplear tras el cocinado; si no, se vuelve amarga) o la sal marina que, por su sabor más acentuado que la sal común, permite emplear menor cantidad para sazonar las comidas.

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