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La FAO considera que los insectos comestibles deberían tenerse más en cuenta como recurso alimentario en el África central

Orugas y larvas tienen una mayor proporción de proteínas y grasas que la carne de bovino y el pescado y un elevado nivel de energía

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: lunes 8 noviembre de 2004

Según la agencia de la ONU, cada 100 g de orugas secas contienen cerca de 53 g de proteínas, un 15% de grasas y alrededor del 17% de carbohidratos. Su valor energético ronda las 430 kilocalorías por cada 100 gramos. Estos insectos, además, tienen una mayor proporción de proteínas y grasas que la carne de bovino y el pescado, y un elevado nivel de energía.

“Los insectos comestibles de los bosques son una importante fuente de proteínas y, a diferencia de los procedentes de las tierras agrícolas, no están contaminados de plaguicidas”, señala Paul Vantomme, experto forestal de la FAO.

Además, según la especie de que se trate, las orugas contienen abundantes minerales, por ejemplo: potasio, calcio, magnesio, zinc, fósforo y hierro, así como diversas vitaminas. La investigación revela que 100 g de insectos proporcionan más del 100% de las necesidades diarias de los respectivos minerales y vitaminas.

“Debido a su elevado valor nutricional, en algunas regiones se utiliza la harina de orugas en la alimentación infantil para combatir la malnutrición. Al contrario de lo que podría pensarse, en muchas regiones las orugas no representan un alimento que se consume en situaciones de emergencia, sino que forman parte integral de la alimentación cotidiana, de acuerdo a su disponibilidad estacional. Son consideradas un manjar”, explica Vantomme.

Fuente de ingresos

La recolección de insectos comestibles es también una buena fuente de ingresos. Así, es muy frecuente encontrar insectos en los mercados locales de las aldeas, mientras que algunas especies más codiciadas, como las orugas Sapelli, llegan a los mercados urbanos y a los restaurantes.

Por otra parte, la FAO destaca que recoger las orugas contribuye a mantener la reproducción natural de los árboles y sirve de control biológico contra las plagas. “Con frecuencia no se tiene en cuenta el valor nutricional y económico de los insectos comestibles, y debería promoverse su obtención y comercialización, en vista de los beneficios que representan para el medio ambiente y la salud humana”, concluye Vantomme.

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