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Nueva York, lujo y comida rápida

La oferta culinaria de 'La ciudad' rompe alguno de los tópicos existentes en torno a la mala alimentación americana

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: viernes 26 noviembre de 2004
Hemos de admitir, sin embargo, que Nueva York no tiene platos típicos, ni populares, pero sus calles y sus barrios abren un enorme abanico de posibilidades del mundo entero. El turista puede conocer el sabor de los cinco mares, y otros tantos continentes sin salir de Manhattan.


Alta cocina: quien triunfa aquí, lo hace en el mundo
Nueva York es una de las grandes capitales de la alta cocina, cuya principal característica es la fusión de costumbres y culturas como consecuencia de la entrada de inmigrantes que ha tenido lugar en la ciudad a lo largo de su larga historia.

Es la ciudad idónea para visitar algunos de los mejores y más lujosos restaurantes del mundo como Le Cirque, The Four Seaons o Gotham, aunque conviene saber que muchos de ellos no son aptos para la gran mayoría de los bolsillos, ya que un menú 'baratito' puede costar alrededor de los 250 euros por persona. Además, es habitual que concineros de prestigio, sobre todo europeos y orientales, sean invitados a algún salón de la élite neoyorkina durante unos días, para ofrecer su arte. El precio de participar en una muestra de esta calidad no se hace público. Pero si se quiere comer bien, no hay que preocuparse. Los restaurantes de comida internacional presentan cartas de calidad notable con precios asequibles. En ellos es posible degustar platos de cualquier rincón del mundo y no es difícil encontrarlos ya que aparecen en cada esquina.


La "cultura" de la comida rápida
En el lado opuesto a la alta cocina, se encuentran los populares puestos ambulantes de perritos calientes, hamburguesas, sandwiches, pollo frito, pizzas y helados, junto con los innumerables establecimientos de comida rápida, uno de los estandartes de la gastronomía americana. Es fácil observar como cualquiera de estos locales se encuentran abarrotados de gente durante todo el día, lo que contribuye al gran problema de obesidad que existe en este país, en el que no hay una tradición del buen comer. Sin embargo, para el turista resulta difícil visitar Nueva York y no probar algunos de estos platos en sus míticos carritos callejeros.

Y conviene no abandonar Nueva York sin haber probado especialidades tan sencillas y deliciosas como la tarta de queso, el "protzel", un típico pan salado, o los "bagel", bocadillos de origen judío rellenos de queso en crema. Si se es goloso y tiene buen saque, se puede terminar una comida, con un genuino "banana split", un refrescante postre elaborado con plátano, helado de vainilla, chocolate líquido, caramelo, crema, cerezas y nuez picada, todo un manjar.

 

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