Recuperar los buenos hábitos a la vuelta de las vacaciones

Regresar al trabajo y a la rutina diaria puede ser más llevadera con una buena organización de la compra y el menú desde el primer día
Por EROSKI Consumer 5 de septiembre de 2006

Comienzan los horarios fijos, los niños vuelven al colegio, los mayores a sus trabajos y de nuevo hay que poner en marcha el despertador. Por estas y otras razones, la vuelta de las vacaciones resulta para muchas personas muy dura, sin embargo se puede hacer algo más llevadera si se organiza bien desde el primer momento.

La nevera está vacía

Al regresar a casa después de las vacaciones es muy frecuente encontrar la nevera vacía, tal y como quedó antes de marchar. Por lo tanto, el primer trabajo es llenar de nuevo la nevera. Este es el momento apropiado para hacer una planificación de las comidas que se van a preparar esa semana. La organización de comidas se ha de hacer en función de los horarios de toda la familia y de los turnos de trabajo. Es posible que a lo largo de la semana puedan ir surgiendo imprevistos, por lo que hay que estar preparado para ello.

Planificar las comidas y las cenas nos va a ayudar a preparar la lista de la compra para llevar al supermercado y comprar sólo lo necesario e imprescindible. Esto no significa que todos los días haya que comer y cenar diferente, sino que también conviene aprovechar los restos de comida. Cuando no se dispone de suficiente tiempo para preparar día a día las comidas resulta muy útil elaborar más cantidad y congelar la comida preparada. El plan de comidas y cenas, ubicado en un lugar visible de la casa, va a servir para recordar que hay que descongelar los alimentos o comidas preparadas con suficiente antelación en caso de que sea necesario. Así mismo, se puede disponer en casa de conservas -sardinas, espárragos, legumbre, verdura…- de congelados y de productos de cuarta gama -como las ensaladas listas para su consumo- que son alimentos muy socorridos para algunas ocasiones.

Adaptarse de nuevo a los horarios de trabajo

El verano lleva consigo libertad de horarios, planes espontáneos y en definitiva una escasa programación de las actividades. Durante las vacaciones los horarios de las comidas se ven muy alterados, empezando desde el desayuno que se realiza más tarde y a consecuencia de esto no se suele incluir una media mañana. En su lugar, es muy frecuente durante los meses de verano incluir aperitivos y vermouts antes de las comidas y en la tarde, que son por lo general alimentos y bebidas que aportan mucha energía pero que no sacian tanto como las comidas tradicionales. Las horas de la comida y la merienda suelen ser muy variables y las cenas, por lo general, tienden a ser más tarde de lo habitual. En definitiva, son los horarios del desayuno y de la cena los que sufren más cambio al volver a la vida cotidiana. Es muy habitual adelantar el horario de las cenas cuando hay niños en la familia, sin embargo es un hábito que los mayores también lo pueden adoptar. Antes de irse a la cama es muy útil dejar preparado el desayuno y el almuerzo del día siguiente, incluso en muchos casos la comida del mediodía.

Además de reestructurar las tomas del día, es conveniente establecer unos horarios fijos de las comidas, al menos en las tomas principales. Conviene adaptar los horarios a los de toda la familia para poder disfrutar de ese momento en compañía.

Retomar el ejercicio

El final de las vacaciones es un buen momento para retomar los buenos hábitos que se dejan de hacer durante el verano, entre ellos el ejercicio físico. Plantearse propósitos fáciles de alcanzar -no hace falta decidir ir al gimnasio o a caminar todos los días, quizás sea mejor comenzar con 2 o 3 días por semana-, facilitarán el cumplimiento de nuestros objetivos. Además, los meses de septiembre y octubre son la época ideal para realizar excursiones o algún tipo de deporte al aire libre.

No olvidarse de mantener el cuerpo bien hidratado

Otro aspecto a tener en cuenta es la hidratación del organismo. Con el paso de los meses, las temperaturas van bajando progresivamente y disminuyen las ganas de beber líquidos. Por esto, es necesario hidratarse y reponer líquidos aun cuando no se tiene sed.

Una alimentación ordenada, acompañada de ejercicio físico regular, va a compensar los posibles excesos que se hayan realizado durante las vacaciones.

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