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Tipos de azúcar

Una amplia variedad de edulcorantes permite la elaboración de productos light, aunque no todos son bajos en calorías

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: miércoles 4 enero de 2006

¿Sabía que el sorbitol, edulcorante típico de los chicles y caramelos sin azúcar, produce diarrea si es consumido en grandes cantidades? ¿Y que la fructosa empleada en algunos productos para diabéticos tiene el mismo aporte calórico que la glucosa? Estos son algunos de los errores en los que se puede incurrir al pensar que los alimentos sin azúcar contienen menos calorías y que no hay peligro de consumirlos en mayor cantidad. La clave para evitar confusiones está en leer con atención las etiquetas de los productos y en comprobar el aporte calórico de cada uno. De esta manera se demostrará que no siempre los alimentos dulces sin azúcar contienen menos calorías como su ‘versión’ con azúcar.

Productos light y para diabéticos

Diversos estudios aseguran que el consumo de azúcar no tiene una relación directa con el aumento de peso, sino que la obesidad es consecuencia de un desequilibrio energético en el que se ingieren más calorías de las que se queman. De hecho, el primer estudio de intervención nutricional, denominado proyecto CARMEN (Carbohydrate Ratio Management in European National Diets), confirmó que se puede controlar el peso si se disminuye el consumo de grasas y se aumenta el consumo de azúcar y otros hidratos de carbono.

En el estudio, financiado por la Unión Europea, participaron 400 voluntarios con sobrepeso procedentes de cinco países (Dinamarca, Holanda, Reino Unido, Alemania y España). En todos los casos se analizaron las dietas de los participantes para determinar quiénes consumían un exceso de grasa y quienes un exceso de hidratos de carbono, se dividió a los voluntarios en tres grupos y se estudiaron las consecuencias de reducir el consumo de grasas y sustituirlo por el de carbohidratos -en dos de los tres grupos-, mientras que el resto mantuvo sus pautas de alimentación. Los resultados preliminares demostraron que los dos grupos que aumentaron el consumo de azúcar e hidratos de carbono y redujeron el de grasa perdieron entre 1 y 2 kilogramos durante los seis meses que se prolongó el proyecto.

Sin embargo, cada vez tienen más importancia los productos light, que para recibir esta denominación deben reducir en un 30% sus calorías en relación con la versión original del producto. Se trata de alimentos y bebidas con menos azúcares o grasas que pueden ser útiles para ayudar a perder peso o mantenerlo, aunque esto sólo se consigue si se combinan con una dieta baja en calorías, sana y equilibrada, y una actividad física regular.

Respecto a los productos elaborados para personas diabéticas, Serra coincide en afirmar que en su elaboración se trata de mejorar el producto y adaptarlo a las condiciones del enfermo, aunque advierte de que en ocasiones se recurre a la fructosa y, en ello, “hay cierta falsedad”. “Se vende como sustituto del azúcar pero tiene el mismo aporte calórico que el azúcar, insistiendo en que no hay diferencias excesivas con ésta -explica-. Por lo tanto, la mejora del paciente es muy pequeña, ya que la fructosa en ocasiones se emplea para camuflar el sabor metálico de algunos edulcorantes”.

Este edulcorante se utiliza en la elaboración de turrones navideños y otros dulces, como mazapanes o bombones, y su principal virtud es que no da lugar a hiperglucemias tan acusadas en pacientes diabéticos, como ocurre con el azúcar, pero aporta las mismas calorías que la sacarosa (4 calorías por gramo) y su consumo debe controlarse. En la actualidad, existen en España casi dos millones de diabéticos, que producen la liberación de insulina de forma imperfecta y cuyas células no reciben la señal de absorber glucosa. El informe de la FAO y la OMS refleja que el azúcar “no está directamente implicado en la etiología de la diabetes”, sino que influyen los factores hereditarios y la obesidad. Tampoco las recomendaciones para controlar el colesterol en la sangre hacen referencia al consumo de azúcar, aunque los productos en el mercado para ambas enfermedades proliferan cada año y continúan aferrados a una publicidad agresiva que se incrementa en épocas críticas como el verano o la Navidad.

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