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El esfuerzo familiar para la compra de vivienda crece hasta el 36,5% de su renta, la tasa más alta desde 1996

Se sitúa tres puntos por encima del nivel recomendado por las entidades financieras para evitar impagos

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: lunes 30 enero de 2006
Las familias españolas destinaron un 36,5% de su renta bruta disponible a la adquisición de una vivienda durante 2005, lo que supone un incremento de 1,5 puntos respecto al esfuerzo que tuvieron que realizar en 2004 y de 4,7 puntos respecto a 2003. Se trata, según los datos del Banco de España, de la tasa más alta desde 1996, cuando era necesario dedicar el 36,7%. Y está tres puntos por encima de la recomendada por las entidades financieras a sus clientes para evitar riesgos de morosidad e impagos.

Descontando las deducciones fiscales que priman la compra de vivienda en el sistema vigente, el esfuerzo de los ciudadanos se situó en el 25,6% de su renta en 2005. Este porcentaje es un punto mayor que el de hace dos años y 3,1 puntos superior al de hace tres ejercicios. También en este caso no se registraba un nivel tan elevado desde 1996.

Pero el continuo encarecimiento de la vivienda sigue obligando a las familias a contratar créditos hipotecarios de cada vez mayor cuantía. Así, el Banco de España calcula que el precio de una vivienda de tipo medio de unos 93 metros cuadrados fue 6,7 veces mayor a la renta bruta disponible de un hogar medio en 2005, frente a las 6,2 veces del ejercicio anterior y a las 5,5 veces de 2003.

El peor momento para los hogares se produjo en 1995, cuando el esfuerzo para hacerse con un piso ascendió al 45,4% de su renta bruta. La recuperación económica y la moderación de los precios permitió que las familias disfrutasen de una situación más desahogada en los ejercicios siguientes (30,4% en 1997, 28,3% en 1998, y 27,8% en 1999). El coste de las casas se disparó en 2000, año que marcó el cambio de tendencia.

La deuda familiar no para de crecer en valores absolutos y la posición del conjunto de los hogares también empeora, porque el ahorro total que atesoran -diferencia entre las rentas percibidas y los gastos de consumo- no basta para financiar su inversión en inmuebles, con lo que aumenta la vulnerabilidad doméstica.

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