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Préstamos para bodas y comuniones

Bodas y comuniones se han transformado en costosas celebraciones que ponen en aprietos económicos a muchas familias españolas

Un ritual marcado por el cumplimiento de pautas sociales

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Ya sea para contratar un viaje u ofrecer un banquete, los expertos insisten en que se eviten, en la medida de los posible, las deudas. Son muchas las ocasiones en que se gasta más de lo que se tiene, o se aprovecha el crédito para renovar el coche y aparentar ante los demás una situación de bienestar económica ficticia. Hay que tener en cuenta que casarse, en realidad, no cuesta más de 100 euros. De base, los trámites documentales para contraer matrimonio tienen en Madrid, por ejemplo, un precio fijo establecido en 50 euros. Por lo demás, no existe una tasa o arancel concreto que se haya de pagar por una boda en la iglesia. Así, los párrocos son libres a la hora de determinar lo que piden a los novios por la celebración; un dinero que suele depender de los gastos que ésta ocasione (como las luces o la música), pero que en algunas parroquias puede ser gratuito o quedar a la voluntad de los contrayentes. En otras, la tasa se puede elevar, sobre todo si la boda se realiza “en una iglesia muy céntrica, muy solicitada o muy bonita artísticamente”.

En el caso de las comuniones, el planteamiento es similar, de modo que ambas cuestiones conducen a la misma pregunta: ¿por qué gastar 6.000, 10.000 ó 18.000 euros en un evento que podría celebrarse con 100? Y, más que eso, ¿por qué endeudarse y pedir un crédito para gastar más de lo que se tiene? Según Gerardo Meil, miembro de la Federación Española de Sociología (FES) y catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), las familias necesitan “ritualizar” determinado tipo de actos, como las primeras comuniones o las bodas, y dotarlos de un significado especial para que puedan ser rememorados en el tiempo como algo singular. El problema, señala, es que lograr esa singularidad resulta cada vez más difícil en la sociedad del consumo, donde todo funciona a ritmo de vértigo y las cosas -incluso los eventos- vienen acompañadas de la enseña “usar y tirar”.

La presión social hace que se gaste una media de 18.000 euros en un acto que, en esencia, no supera los 100 euros

Organizar estas celebraciones como un gran acto social que se prepara durante meses y que es costoso, tanto en tiempo como en dinero, es lo que dota al acontecimiento de una relevancia que de otro modo no tendría, explica este profesional especializado en la sociología de la familia. El hecho de invitar a los parientes y a los amigos se sitúa en la misma línea de validación social y, por ello, todo gasto parece escaso a la hora de realizar el festejo. El objetivo, por un lado, es lograr que ese día se salga de lo normal o lo corriente, y que no esté marcado por un “consumo acumulativo” como todos los demás. De ahí que una parte fundamental de los gastos tenga que ver con el reportaje fotográfico o la realización de un vídeo que atesore el momento a lo largo de los años. La importancia que se le da a este tema se ve reflejada en las cantidades de dinero que se destina a la contratación de estos servicios. Ambos -fotos y vídeo-, cuestan de media unos 400 euros.

Sin embargo, mientras se busca que el evento sea excepcional en el sentido más estricto del término, las familias españolas se desviven por celebrar la comunión o la boda “como es debido”, así, entre comillas, porque lo “debido” ha cambiado mucho en el curso de los últimos años. Para Gerardo Meil existen una serie de pautas sociales que, en cierta forma, obligan a las personas a cumplir con ellas, y eso resulta evidente en el caso de las primeras comuniones, que en la actualidad se festejan como si fueran bodas, con toda una parafernalia que dista mucho de aquellas chocolatadas o meriendas en la sala de casa. Como indica el sociólogo, con estos eventos se genera una voluntad por demostrar éxito económico y un nivel de bienestar que actúa como un bumerán para aquellas familias que, en realidad, no lo tienen.

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