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Estafas piramidales

Estos negocios no cuentan con el respaldo de los organismos oficiales, de manera que los afectados no pueden recuperar todo el capital invertido

Img piramide Imagen: Dave Di Biase

Cada cierto tiempo, saltan a los medios de comunicación noticias sobre fraudes masivos llevados a cabo por medio de empresas de estructura piramidal. Miles de personas que habían invertido su dinero en un negocio que consideraban seguro y que les ofrecía elevados intereses pierden su capital y arrastran consigo a conocidos, familiares o amigos que habían confiado en obtener unas ganancias similares a las conseguidas por aquel que les invitó a participar. Es entonces cuando los afectados intentan recuperar su inversión y, en muchas ocasiones, culpan a los gobiernos por una falta de regulación, sobre todo cuando las empresas piramidales cuentan con cierto reconocimiento. Sin embargo, al no tener estos negocios un respaldo de los organismos oficiales, a los consumidores les es imposible recuperar la totalidad de su capital. Con frecuencia los responsables son juzgados y condenados, algo que no alivia demasiado a los estafados, pues normalmente su dinero no aparece.

Comienzan las complicaciones

¿Cuándo surge entonces el problema? Las pirámides pueden funcionar durante años e incluso durante décadas y habrán ido aportando ganancias a los inversores. Para que funcionen, tiene que haber más clientes nuevos que antiguos y en el momento en que esto no ocurre, el sistema se empieza a colapsar. Cuando esto sucede la gente comienza a vender. Los mejor informados lo habrán hecho con antelación y recuperarán su dinero, pero el resto se puede quedar sin nada. Realmente, los últimos en participar son los más perjudicados porque han invertido su dinero y no sólo no recibirán los intereses prometidos sino que tampoco obtendrán la inversión inicial.

Cuando reclamen se darán cuenta de que la empresa no estaba inscrita en los organismos oficiales para realizar estas funciones -en el caso de España la CNMV cuenta con un registro de empresas autorizadas para prestar servicios de inversión. Esto quiere decir que la compañía puede ser totalmente legal, pero no estar cualificada para ejercer cierto tipo de trabajos-. Pero los consumidores se han fiado de su relevancia social, del boca a boca y de lo bien que les ha ido a otros conocidos y no se han molestado en comprobar su respaldo estatal. Muchos participantes se habrán beneficiado de elevados intereses, e incluso habrán mirado a quienes tenían su dinero en el banco como si fueran personas sin información. No se han parado a pensar, en definitiva, que si las entidades financieras no ofrecen esos intereses será por algo.

Ante una estafa, lo mejor es asociarse con personas que también la hayan sufrido porque entre todos podrán obtener mejores resultados

En el momento en que el cliente reclama su inversión, es habitual que la entidad a la que hasta hace poco acudía con frecuencia esté cerrada. Los responsables intentarán convencer al consumidor de que realmente no lo sabían, que pensaban que las cosas iban a ir de otra manera… También puede darse la circunstancia de que huyan con el dinero y no se vuelva a saber de ellos. O que, si se les encuentra, pasen una temporada entre rejas, tras ser juzgados y condenados, pero no revelen nunca dónde están los fondos.

Ante estas situaciones lo mejor es asociarse con personas que han sufrido la misma estafa porque entre todos podrán obtener mejores resultados. Es frecuente que el dinero no se recupere nunca, al menos íntegramente, pero la presión que se puede ejercer en grupo siempre es superior a la que puede hacer un solo consumidor.

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