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La economía española, ¿en recesión o depresión?

La Comisión Europea y el FMI prevén un negro futuro para España, que se asoma al abismo de la depresión

Img monedas descenso Imagen: sanja gjenero

Desde que la economía mundial empezó a dar los primeros síntomas de estancamiento a mediados de 2007 -con las hipotecas de alto riesgo en EE.UU., la desconfianza en los mercados, la restricción del crédito, la nacionalización de bancos o el aumento del paro- los temas económicos se han convertido en el centro de las conversaciones de los ciudadanos, y los medios de comunicación han calificado sucesivamente la situación económica como desaceleración, recesión, crisis o depresión. Aunque no todos los economistas se ponen de acuerdo en la definición de cada uno de estos términos, existen rasgos comunes que permiten saber si realmente la economía española pasa por una desaceleración, si atraviesa una recesión o si, en el peor de los supuestos, ha entrado en una depresión en la que puede pasarse una larga temporada.

Oficialmente en recesión

/imgs/2009/01/crisis.art.jpgTras los primeros meses de 2008, cuando el país sufrió una intensa desaceleración y siguió creciendo a un ritmo menor, hoy en día se puede decir que España se encuentra oficialmente en recesión. Esto es debido a que el Producto Interior Bruto ha caído durante dos trimestres seguidos. A lo largo del tercer trimestre de 2008 la contracción del PIB fue de un 0,2% mientras que en los últimos tres meses del año llegó a alcanzar el 1,5%, según los datos del indicador sintético de la actividad que elabora el Ministerio de Economía y Hacienda. La recesión se produce, por tanto, tras dos trimestres de contracción y ha sucedido por primera vez desde 1993.

¿Qué consecuencias tiene la recesión sobre la economía española? Los ciudadanos llevan ya meses sufriendo los negativos efectos de la crisis. Muchos expertos señalan que España ha crecido mal, basando su expansión en el ladrillo, y por eso ahora sus habitantes pagan las consecuencias de una manera más intensa que el resto de los europeos.

Cada uno de los efectos nocivos de la crisis ha ido generando otros y, como fichas de dominó que caen y empujan a la siguiente, un mal dato económico ha ido trayendo consigo nuevas consecuencias negativas. Los primeros síntomas de la crisis que generó la desaceleración y que, posteriormente, ha desembocado en la recesión que sufrimos se dieron a mediados de 2007 con el “escándalo” de las “subprimes”. La concesión de hipotecas de alto riesgo ha afectado no sólo al sistema financiero estadounidense sino a todas las economías del mundo, entre ellas, por supuesto, la española.

Paralelamente, en España se ha producido el pinchazo de la burbuja inmobiliaria. El crecimiento casi ficticio de la economía del país se ha venido abajo arrastrado por el sector de la vivienda. Una gran parte de los trabajadores que se dedicaban a la edificación están en el paro y, junto a ellos, quienes estaban empleados en tareas relacionadas con la construcción: empresas y trabajadores del mueble, escayolistas, pintores, decoradores. La desconfianza en el futuro que se vivía a mediados de 2008 es hoy un hecho, porque las peores previsiones se han convertido en realidad. La quiebra de empresas y el cierre de negocios que se está produciendo durante la recesión están generando, además, la destrucción de miles de empleos.

Con respecto a 2007, el desempleo aumentó en 393.900 personas en el sector servicios, 358.900 en la construcción, 155.500 en la industria y 35.000 en la agricultura

Pero el paro no sólo ha afectado al sector inmobiliario. Durante 2008, los despidos crecieron en todos los ámbitos. Con respecto a 2007, el desempleo aumentó en 393.900 personas en el sector servicios, 358.900 en la construcción, 155.500 en la industria y 35.000 en la agricultura. Los ciudadanos están sufriendo ya el paro en tasas que no se veían desde hace mucho tiempo, pues durante el año pasado la cifra de desempleados se incrementó en 1.280.300 personas.

De hecho, los datos de la Encuesta de Población Activa del cuarto trimestre de 2008, facilitados a finales de enero por el Instituto Nacional de Estadística, son demoledores. El número de ocupados de estos tres últimos meses del año se ha reducido en casi medio millón de personas (489.600 exactamente) con respecto al trimestre anterior y se sitúa en 19.856.800 ciudadanos. Los parados fueron 609.100 más que el trimestre anterior y llegaron a ser 3.207.900 personas, lo que supone una tasa de desempleo del 13,91%. Lo que aún es más grave es que cada vez hay más familias con todos sus miembros sin trabajo. En sólo tres meses los hogares que sufren esta situación han aumentado en 189.100, y en 385.500 en los últimos 12 meses. Esto significa que 800.000 familias tienen a todos sus integrantes desempleados. Estar en paro o el temor a perder el trabajo hace que los ciudadanos gasten menos, se producen menos ventas y esto está repercutiendo, de nuevo, negativamente en el tejido empresarial.

La tasa de morosidad se ha multiplicado porque las familias han llegado a un nivel de endeudamiento que les está haciendo imposible hacer frente a los pagos que tienen pendientes -todo ello ayudado por la subida del precio de los productos básicos, del combustible y de las cuotas de las hipotecas durante 2008-. Una nueva espiral que ha provocado que los bancos no estén dispuestos a dar hipotecas o créditos a los ciudadanos, a pesar del respaldo recibido. Con lo cual, quien quiere comprar ahora una vivienda, a un precio más bajo que hace un año, tampoco puede hacerlo porque carece de financiación. Algo similar ocurre con la venta de automóviles, que ha entrado en una grave crisis y está arrastrando consigo a los trabajadores del sector.

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