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Medios para aplazar pagos

La crisis propicia la vuelta de sistemas de pago aplazado como el "fiado", los pagarés y las letras de cambio

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: miércoles 1 abril de 2009

Las compras a plazos se han convertido en un mecanismo habitual para la compraventa. Lejos quedó el tiempo en que esta modalidad servía únicamente para adquirir artículos onerosos como coches o inmuebles; hoy en día, mediante el pago a plazos se puede comprar casi cualquier cosa. Por eso, cada vez son más frecuentes casos como el del ayuntamiento de Baracaldo (Vizcaya), que facilita a los vecinos el pago a plazos de los impuestos municipales u otros como el de Murcia, donde cerca de un centenar de autoescuelas permiten que sus alumnos paguen la matrícula, las clases teóricas y prácticas a razón de 85 céntimos al día.

El socorrido dinero de plástico

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El mayor incentivo para usar tarjeta de crédito es que brinda la posibilidad de fraccionar el coste del producto adquirido y pagarlo en varios meses (2, 3, 6, 12, 24, 36, y más), siempre y cuando el importe no supere el límite mensual establecido en el contrato. La otra gran ventaja de la tarjeta es que se pueden realizar compras y disponer de efectivo en cualquier país en que opere la compañía que la emite.

El principal incentivo para usar tarjeta de crédito es que brinda la posibilidad de fraccionar el coste del producto adquirido y pagarlo en varios meses

El uso de la tarjeta de crédito se ha extendido tanto que mucha gente no sabría administrarse sin ella. Para algunos productos o servicios, como los vuelos de bajo coste o el alquiler de automóviles, resulta indispensable. De todos modos, en España el índice de uso de tarjetas de crédito es uno de los más bajos de Europa, y las compras con tarjeta representan sólo un 16% del consumo en los hogares, a pesar del alto número de tarjetas activas en el país”. En Francia, por ejemplo, el mismo indicador asciende al 60%. Una de las causas radica en que España cuenta con el índice más alto de cajeros por habitante de Europa, y la mayoría de la población prefiere extraer efectivo antes que pagar con la tarjeta porque así controla mejor sus gastos.

En todo caso, los bancos procuran estimular su utilización, ya que perciben comisiones con cada pago que se hace con ellas. El principal riesgo que supone la tarjeta de crédito es que resulta demasiado fácil gastar: hay usuarios que pierden de vista el hecho de que el dinero del que disponen no es suyo, lo que les lleva a realizar compras por encima de su capacidad económica. Esta circunstancia también puede ser un negocio para los bancos, que cobran intereses por las demoras en los pagos (entre 12% y 25% anual), y que aumentan exponencialmente mientras la deuda no sea cancelada.

A la hora de elegir una tarjeta, no conviene aceptar la primera que a uno le ofrecen. Es preferible estudiar las ofertas del mercado y comparar los siguientes indicadores:

  • Comisiones (emisión, renovación y tenencia de la tarjeta, retirada en efectivo y transferencia de fondos, etc.).
  • Intereses (sobre las compras y sobre demoras en el pago).
  • Periodo de gracia (en el que se puede realizar cargos sin que se cobren intereses).
  • Descuentos y beneficios.

Para tener una idea general del coste de una tarjeta de crédito conviene averiguar su índice TAE (Tasa Anual Equivalente), un porcentaje que se calcula teniendo en cuenta comisiones, gastos e intereses.

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