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Variable, fija o mixta: qué hipoteca te conviene según tu perfil

Elegir un tipo u otro puede salir más o menos a cuenta en función de las necesidades del hipotecado

Al pedir financiación para comprar una vivienda hay que tener en cuenta un buen número de factores: el dinero que se necesitará, el plazo de devolución, las comisiones y otros gastos que cobre el banco… El tipo de interés, sin embargo, se alza por encima de todos ellos, ya que es lo que determina cuánto costará buena parte de la hipoteca tanto cada mes como en total. Pero ¿qué interés es mejor para el préstamo hipotecario? ¿Conviene más el variable, el fijo o el mixto? En este artículo explicaremos cuál puede ser la opción más adecuada en función del perfil de cada cliente, así como de sus preferencias y de sus necesidades particulares.

Hipoteca variable: para los que quieren pagar menos

¿Qué es una hipoteca a tipo variable? El interés de una hipoteca variable se calcula sumando un diferencial (que es una cifra fija) al valor de un índice de referencia, que por lo general es el euríbor. Desde hace varios años, esta tasa cotiza en valores negativos, así que el tipo aplicado sobre estos préstamos es muy bajo y, en consecuencia, sus cuotas son relativamente asequibles. Así, las hipotecas a tipo variable son las más apropiadas para los clientes que quieren abonar poco dinero al mes.

Sin embargo, sus cuotas pueden encarecerse si el euríbor sube, algo que sucederá tarde o temprano. Por ello, antes de lanzarse a contratar estos créditos tenemos que asegurarnos de poder asumir un potencial aumento de las mensualidades, en caso de que este índice cotice al alza. En ese sentido, es recomendable calcular qué cuota pagaríamos en varios escenarios: con un euríbor al 0 %, al 1 %, al 2 %, al 3 %... De este modo, será más fácil valorar si contamos con los ingresos suficientes para abonar las mensualidades, en el caso de que este índice de referencia alcance los valores a los que cotizó hace una década.

Hipoteca fija: para los más prudentes

Las hipotecas fijas, como su nombre indica, tienen un interés que se mantiene constante durante todo el plazo, así que sus cuotas siempre son las mismas. De hecho, solo pueden cambiar, si se incumplen los requisitos de vinculación o si se modifica el contrato en un momento posterior a la firma.

Dada esta estabilidad, estos productos son muy convenientes para los clientes que prefieren pagar siempre lo mismo y no quieren estar pendientes de los vaivenes del euríbor. Ese plus de seguridad, en cambio, no es gratuito. El interés de las hipotecas a tipo fijo es algo más alto que el de las variables, por lo que es necesario tener unos ingresos relativamente altos para poder hacer frente a las mensualidades. Esto se acentúa todavía más, si seleccionamos un plazo corto para que el interés del préstamo sea menor (en estos productos, cuanto más corto es el plazo, más bajo es el tipo aplicado).

Aun así, si el euríbor subiera mucho a corto o a medio plazo, una hipoteca fija podría salir más barata que una variable, aunque es imposible saber hoy si llegará a producirse ese escenario.

Imagen: qimono

Hipoteca mixta: para los que pueden adelantar capital

Y en las hipotecas mixtas, el interés es fijo durante los primeros años (entre 3 y 20) y variable los siguientes. Por sus características, estos productos presentan dos inconvenientes: no ofrecen tanta protección como las hipotecas fijas, ni tienen unas primeras cuotas tan baratas como las variables. Entonces, ¿a quién puede interesar un tipo mixto?

En primer lugar, el interés mixto puede ser conveniente si queremos disfrutar de una cierta estabilidad durante los primeros años de vida de la hipoteca y planeamos adelantar capital. De este modo, las cuotas que pagaremos serán más bajas que con una fija (el tipo inicial de las mixtas es más bajo) y, al realizar amortizaciones anticipadas, nos quedará poco principal pendiente cuando se nos empiece a aplicar el interés variable.

En segundo lugar, el tipo mixto puede ser una buena opción para conseguir un interés fijo relativamente bajo durante un tiempo. Por ejemplo, si pedimos una hipoteca a 30 años, seleccionando un tipo fijo durante las primeras dos décadas y uno variable para la siguiente, se nos aplicará un interés más bajo que si firmamos una hipoteca fija para todo ese plazo. Hay que tener presente, eso sí, que es posible que, a la larga, se abone más en caso de que el euríbor esté muy alto cuando comience a aplicarse el tipo variable.

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