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Deshumidificadores

El porcentaje de humedad relativa adecuado para el confort y la salud está entre el 45% y el 55%, sea verano o invierno

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El exceso de humedad en las paredes de las casas, en la ropa y en los libros puede provocar, además de las conocidas incomodidades para su habitabilidad, uso y conservación, graves consecuencias para el medio ambiente y la salud, sobre todo para las personas mayores con problemas respiratorios y para los enfermos de asma. ¿Cómo eliminar la humedad de hogares, oficinas, bibliotecas…? El deshumificador, un aparato de aspecto similar al del aire acondicionado, contribuye a
‘sacar’ del aire el agua que le sobra, almacenándola en un depósito o llevándola directamente a un desagüe. Dada la diversidad de modelos, sistemas, capacidades y potencias, el gasto energético vendrá determinado por el sistema escogido y las condiciones en las que deba trabajar el aparato.

Diversidad de modelos

“La tecnología y las prestaciones de estos aparatos son tenidas en cuenta sobre todo en los sectores industriales. En cambio, en el ámbito doméstico, especialmente en viviendas y oficinas, se tiene más consideración a la estética y el diseño”, reconoce Ana María Cervantes, quien además añade que “la cantidad de unidades que se puede vender en el mercado español a lo largo de un año no es fácil de determinar. Ha de tenerse en cuenta que hay varios equipos y marcas y muchos modelos que se pueden usar en función de la aplicación que se le va a dar”.

Pero, ¿qué aparato es el más apropiado? ¿en qué hay que fijarse a la hora de adquirir un modelo u otro? Las respuestas son varias, desde la cantidad de los litros que son capaces de extraer y el volumen del local a tratar, hasta los distintos usos que se le vaya a dar: doméstico o industrial. Sin embargo, “una de las características que diferencian a unos y otros es el tamaño del aparato, ya que pueden llegar a ocupar bastante espacio”, explica Ricard Esquirol.

Si el tamaño es uno de los factores más importantes a tener en cuenta, también es importante fijarse en la capacidad de absorción. “Hay que comparar la cantidad de litros que extrae cada 24 horas y analizar muy bien en qué condiciones de temperatura y humedad relativa viene dado ese dato”, relata Joseph Joan Berenguer, quien señala que los litros que se aspiran al día vienen determinados por “la temperatura ambiente y la humedad relativa existente en el local a deshumidificar”. Asimismo, hay que prestar atención al consumo y escoger aquel que a menor consumo aporte mayores prestaciones. De todas formas, se debe tener en cuenta que, dada la diversidad de modelos, sistemas, capacidades y potencias, el gasto energético vendrá determinado por el sistema escogido y las condiciones en las que deba trabajar el aparato.

Para su funcionamiento, en el caso de los equipos domésticos, no se requiere ninguna instalación especial: basta con enchufarlo. El propio aparato dispone de un depósito un con sensor para indicar cuándo está lleno. En ese caso, la unidad se detiene para evitar fugas de agua. Ana María Cervantes insiste en que son equipos de fácil uso. “En el caso de los domésticos, van conectados a la red y su ubicación depende de las necesidades, ya que son portátiles y cuentan con ruedas para su sencillo traslado”, señala.

Si se trata de equipos de mayor tamaño, conocidos como equipos frigoríficos, hay dos posibilidades de instalación: en ambiente o para conductos. Los primeros pueden ser colocados en el suelo o la pared y lo único que necesitan es la alimentación eléctrica y un tubo de desagüe, tal y como aseguran desde Hanseata. Y en el caso de los equipos de conducto se requiere la instalación de los conductos para repartir por toda la superficie del local el aire deshumidificado.

Respecto al precio, éste varía entre unos aparatos y otros. Un pequeño deshumidificador doméstico puede rondar alrededor de 250 euros y los equipos grandes, dependiendo del sistema de la capacidad de deshumidificar- hasta 600 litros/día- puede alcanzar los 30.000 euros. “Los de adsorción son más caros, pero también tienen ventajas especiales que los otros no tienen”, señalan desde Hanseata.

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