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Evitar robos en cajeros automáticos

En España hay anualmente cerca de 450 atracos con violencia en estos dispositivos

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: jueves 18 septiembre de 2008

El robo electrónico

Una encuesta realizada por la multinacional NCR, especialista en seguridad electrónica para bancos y entidades financieras, desveló que en España uno de cada tres usuarios de cajeros automáticos considera insuficientes las medidas de seguridad. Este temor se explica porque, además de los asaltos físicos, también existen los electrónicos, que son mucho más frecuentes y sutiles, hasta el punto de que alguien puede ser robado sin que se dé cuenta de ello en el momento. Los ladrones de este tipo son más difíciles de detectar y, en general, poseen conocimientos informáticos, pues utilizan elementos tecnológicos para el atraco, como cámaras ocultas y falsas ranuras con lectores que se colocan en la superficie del cajero. Así, al introducir la tarjeta, el dispositivo registra la información importante (número, nombre del titular, fecha de vencimiento, etc.) igual que si fuera un escáner, mientras que la cámara oculta graba el código PIN. Con esos datos en la mano, es perfectamente posible utilizar los fondos de la víctima para hacer compras por Internet.

El mecanismo parece sacado de un cuento de ciencia ficción pero, lamentablemente, es real y sucede. Más alarmante todavía es conocer la existencia de otro método prácticamente casero, cuyas instrucciones de confección y uso pueden encontrarse con facilidad en varias páginas web. En líneas generales, se trata de una cinta negra, plana y prácticamente indetectable que los ladrones introducen en la ranura del cajero. Cuando el usuario coloca su tarjeta, ésta queda atrapada en el interior, aunque sin llegar a posicionarse en el lugar en que debería. El cajero no puede efectuar la operación y el cliente, por lógica, intenta recuperar su tarjeta. Sin embargo, una especie de ganchillos o lengüetas impiden su expulsión. En ese momento, suele aparecer alguien amable que finge prestar ayuda e insta a la víctima a intentarlo otra vez, digitando su número PIN. Por supuesto, la tarjeta sigue atrapada y el usuario, por lo general, se va, creyendo que la recuperará después en el banco. El tiempo que tarde en llamar a la entidad para notificar del incidente es más que suficiente para que el ladrón «pesque» la tarjeta, la introduzca correctamente, marque el número secreto y retire la mayor cantidad de efectivo posible.

Uno de cada tres usuarios de cajeros automáticos considera insuficientes las medidas de seguridad

Los consejos para evitar este tipo de robos son unánimes. En primer lugar, antes de iniciar cualquier transacción, es necesario asegurarse de que no haya elementos extraños en el cajero y que todas las ranuras estén despejadas, sin materiales adheridos, incluida la que expende el dinero. Si la unidad está protegida por una puerta, conviene cerrarla por dentro, para evitar que otras personas puedan entrar. De no ser posible, en ningún caso debe aceptarse la ayuda de personas desconocidas. Al finalizar una operación, hay que prestar atención a la tarjeta que devuelve el cajero, ya que también existen aparatos fraudulentos que retienen el plástico auténtico y devuelven otro en su lugar. Si la tarjeta o el dinero no salieran de la máquina, el primer paso es verificar la ranura correspondiente. En caso de no estar atrapados allí, se debe avisar de lo ocurrido al banco. Por ello, tan importante como memorizar el código secreto es saber el número de teléfono que la entidad tiene habilitado para alertar de estos incidentes o solicitar el bloqueo de las tarjetas. No importa que el suceso tenga lugar de madrugada, un día festivo o fuera del país; todas las instituciones cuentan con este servicio de atención permanente, que funciona las 24 horas del día.

En estos casos, el móvil suele ser un gran aliado, pues permite llamar al banco desde el lugar del incidente y cancelar las tarjetas antes de abandonar el cajero. Si no se dispone de un teléfono en ese momento, lo ideal es avisar cuanto antes, ya sea desde una cabina pública, un comercio cercano o la casa, pero hacerlo uno mismo. El procedimiento es sencillo y ágil; sin embargo, requiere proporcionar datos personales, de modo que no es aconsejable que otra persona se encargue del asunto, aun cuando se ofrezca a llamar desde su móvil, asegure conocer el número de teléfono para incidencias o diga que sabe lo que hay que hacer. Asimismo, y aunque no ocurra nada sospechoso o inusual, siempre conviene revisar el estado de cuenta con cierta periodicidad, guardar los comprobantes y tener un registro personal de los movimientos para poder detectar cualquier anormalidad, por nimia que sea.

LA RESPUESTA DEL BANCO

Las precauciones ayudan a disminuir los robos, pero a veces no son suficientes. Los asaltos también se producen en las inmediaciones del cajero, tras seguir a la víctima, cuando está desprevenida. Y bajo amenaza o intimidación con un arma, está claro que lo más valioso es la vida. Por esa razón, antes de arriesgarse innecesariamente o exponerse a algo más grave que un atraco, es bueno conocer los servicios y características de seguridad que ofrecen las entidades emisoras de tarjetas y los bancos. Por ley, las entidades deben cumplir con ciertos requisitos de protección, de modo que, si una persona es víctima de robo en un dispositivo adulterado, puede reclamar a la institución que se le reintegre el dinero. Más aún: muchos bancos y tarjetas ofrecen cobertura contra robos tras haber retirado efectivo, incluso si el delito se produce fuera del cajero.

La oferta es variada. Unos cubren hasta 600 euros por siniestro y tarjeta. Otros, más. Algunos miden la cobertura en tiempo (por ejemplo, es válida durante los quince minutos posteriores al retiro de dinero) y otros delimitan ese seguro por áreas, como cuando el asalto se produce a menos de 200 ó 300 metros del lugar donde está ubicado el cajero. En ocasiones, este servicio es gratuito o no tiene costes adicionales en el momento de utilizarlo, aunque también hay tarjetas que cobran una franquicia si el cliente recurre al seguro. Por último, además de las propias instituciones y sus características, existen en el mercado paquetes de seguros privados que no son excesivamente caros y contemplan este tipo de asaltos.

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