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Seguros de decesos, no siempre convienen

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: lunes 2 noviembre de 2009

La muerte es el mayor de los dramas, el más duro de los golpes al que se ve sometido el ser humano. Y asombra que, una vez tras otra y a lo largo de los siglos, siga sorprendiendo la fuerza y acritud del dolor que genera cada fallecimiento. Quizá sea porque preferimos ignorarla, vivir como si la muerte no existiera. Por mucho que sea un fenómeno inherente e inseparable a la vida, hablar de la muerte incomoda, se ha convertido en el tema inoportuno y gafe por antonomasia, en el auténtico tabú de países desarrollados como el nuestro. Cada país, cada región, cada cultura e incluso cada época tienen sus costumbres, ritos y tradiciones relacionadas con la muerte, con el duelo que genera, con los entierros y funerales, y con los ya casi anacrónicos lutos. Todavía causan extrañeza a algunas personas los asépticos y profesionalizados velatorios en el tanatorio, las misas funerales oficiadas sin cuerpo presente y, ya no digamos, la incineración de los restos del difunto. Pero si hay algo realmente nuestro, apenas visto por otros lares, es el seguro de decesos, una póliza que se paga cada año para que, cuando ocurra el fallecimiento, costear los -muy onerosos- gastos del sepelio no constituya un problema económico para la familia.

Buscar y comparar

En España el seguro de decesos es una tradición familiar, y no sólo pasa la costumbre de padres a hijos, muchas veces también la aseguradora se hereda. Es común que toda la familia tenga contratada la póliza con la misma entidad, porque es “la de toda la vida”. Sin embargo, al igual que se cambia de compañía en el seguro del coche o del hogar, en el de decesos también se puede hacer. Procede averiguar si nuestra compañía, por ejemplo, bonifica o no la antigüedad del asegurado, qué tipo de prima se paga y, claro, pedir presupuesto en otras aseguradoras. Algunas de las que operan en Internet tienen también este tipo de pólizas, por lo que interesa navegar un poco en la Red con este fin. Pero el precio no ha de ser el único elemento que determine el cambio de compañía, hay comprobar lo que cada una ofrece y no sólo los servicios y su calidad previsible, sino también la letra pequeña del contrato a firmar. Además, puede que la decisión más acertada sea tan simple como dejar de pagar la póliza que llevamos años pagando. Es el caso de quien tiene suscrito un seguro de vida que da amplio amparo a los suyos tras su fallecimiento.

Seguros ocultos

Hay seguros de vida que funcionan como tales a pesar de que no sean las tradicionales “pólizas de vida y riesgo”, pensemos en las hipotecas que llevan asociado un seguro con cobertura de fallecimiento, en los unit-linke (modalidad de seguro de vida que invierte las primas pagadas en fondos de inversión), o los seguros asociados a préstamos personales y tarjetas de crédito. La finalidad de estos productos financieros es reducir el impacto económico que supone la muerte del tomador de la póliza en las personas que dependen de quien ha pagado las cuotas. Sin embargo, son seguros de cuya existencia poco o nada suelen saber los beneficiarios; de ahí que no siempre se cobraran. Esto ocurría hasta mediados de 2007, ya no. Ahora se puede saber si algún familiar ha tenido a bien incluirnos como beneficiarios de un seguro de vida. La creación del Registro de Contratos de Seguros con Cobertura de Fallecimiento, dependiente del Ministerio de Justicia, que podemos consultar sin problema alguno, puso fin a esta inaceptable situación.

Seguros de decesos, en pocas palabras

  • Si se es menor de 40 años, normalmente no conviene contratar un seguro de decesos. Por económicas que sean las primas (mensuales o anuales), se puede acabar pagando más de lo que representan los gastos funerarios.
  • Si se disfruta de una economía estable y saneada o se tiene suscrito un seguro de vida con amplia cobertura, no merece la pena contratar un seguro de decesos
  • Antes de contratar un seguro de decesos, solicite presupuesto en varias compañías y compare calidad de servicios y precios. Consultar a amigos y mirar lo que comentan los usuarios en los foros de Internet (basta con buscar en Google “seguros de decesos”) puede servir de ayuda.
  • Exija que todas las modificaciones o adiciones del contrato del seguro sean siempre por escrito. Después de la firma de la póliza, no acepte cambios del contrato que le sean desfavorables.
  • Cuando se paga un seguro para cubrir los gastos de los servicios funerarios, lo que se contrata es una prestación de servicios. La familia del difunto no tiene por qué aceptar la empresa propuesta por la aseguradora, pueden elegir la funeraria o empresas que prefieran.
  • Compruebe que en el contrato figura el compromiso de la compañía de revalorizar anualmente los capitales asegurados. Evitará sorpresas en momentos tan difíciles como los posteriores a un fallecimiento.
  • Si dispone de un seguro de decesos, informe a sus familiares del número de póliza, compañía y teléfono al que deben llamar si fallece.
  • Guarde una copia de la póliza y conserve el último recibo del pago.

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