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Alojar huéspedes en tiempos de crisis

Muchos ciudadanos se han visto obligados a alquilar habitaciones de su vivienda para pagar sus hipotecas

Img alquilo habitacion Imagen: Daniel Lobo

Organización de la convivencia

Si por una habitación se paga de media 371 euros en Madrid y 380 en Barcelona -muchas otras ciudades españolas son más baratas- el propietario puede obtener una cantidad que le ayude con los gastos del piso, sobre todo si dispone de más de una estancia para alquilar. Lo habitual es que los huéspedes tengan derecho a utilizar su habitación y además el salón, la cocina, la terraza y, por supuesto, el baño. El propietario debe dejar claro desde el principio si el alquiler incluye gastos de comunidad, teléfono, agua caliente, Internet, gas, electricidad. Para el dueño de la vivienda lo más conveniente es que estos gastos sean compartidos, pues algunos de ellos son fijos y la entrada de un nuevo compañero le ayudará a hacer frente a un desembolso que iba a realizar en cualquier caso.

La convivencia en la vivienda se organiza como previamente hayan determinado sus habitantes. Es frecuente repartirse las tareas domésticas entre quienes residen en la casa por medio de turnos y rotaciones. El frigorífico también puede estar dividido en baldas, cada una de las cuales pertenece a una persona, aunque algunos alimentos se pueden comprar entre todos, como el aceite para cocinar, el azúcar, la sal o aquellos que más puedan utilizarse en común. Lo mismo ocurre con los útiles y productos de limpieza del domicilio.

Pero en algunos hogares, esto cambia y el alquiler de la habitación no es el único servicio por el que pagan los inquilinos. A veces, los propietarios de la casa ofrecen al huésped la posibilidad de lavarle y plancharle la ropa, hacerle la comida, limpiar la casa y la habitación.. y reciben un dinero a cambio. Esta forma de convivencia no suele ser la escogida cuando los propietarios trabajan fuera de casa o son estudiantes, aunque sí por personas de más edad, amas de casa, viudos o separados acostumbrados a hacer las tareas domésticas para su familia.

Una alternativa intermedia consiste en alquilar la habitación por temporadas cortas, y no para una convivencia de meses o años. En este caso, el propietario de la vivienda con varias habitaciones las alquila por semanas o días. Aunque el perfil del casero puede variar, suele tratarse de personas de mediana edad o mayores con pisos grandes y céntricos, en ocasiones con rentas escasas como para hacer frente a los gastos que conlleva la casa -calefacción, comunidad…-. Los huéspedes son personas, en general, con turnos cambiantes como médicos, enfermeros, trabajadores que rotan en turnos de día, noche y fin de semana y que no viven habitualmente en la ciudad en la que alquilan el cuarto. El precio por habitación y noche puede estar en torno a los 20 ó 25 euros en el centro de las grandes ciudades con derecho a utilizar otras estancias de la casa así como a tener la llave. Normalmente, este tipo de contratos suele hacerse de manera verbal y el huésped paga al final del día o la semana sin que quede registrado en niingún tipo de contrato.

Aunque alquilar habitaciones es una fórmula que ha existido siempre, ahora se utiliza con más frecuencia y por un grupo más amplio de personas (tanto por parte de los huéspedes como de los propietarios), aunque todos lo ven como una situación temporal hasta que pase la crisis, consigan otro trabajo, bajen las hipotecas, los precios de los pisos o los del alquiler.

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