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Certificados de calidad

Un valor añadido que genera una mayor confianza en el consumidor

Cada vez son más las organizaciones que obtienen certificados de calidad. Aunque las primeras empresas en lanzarse a los procesos de certificación fueron las del sector industrial, hoy en día compañías de todos los sectores – incluso la Administración- se someten voluntariamente a estos procesos. Resulta frecuente encontrarnos con expresiones técnicas como “ISO 9000”, “sistema de gestión de la calidad”, “EFQM” o “marca N de AENOR”, que asociamos a la calidad de los productos, servicios o gestión de una empresa. Pero, ¿qué significan realmente estos certificados? Y, sobre todo, ¿qué aportan al consumidor?

Entidades certificadoras y tipos de certificación

Las certificaciones de calidad son emitidas por entidades certificadoras. La
Entidad Nacional de Acreditación (ENAC)
es la encargada en España de reconocer y determinar si una organización es o no competente para certificar a otras.

Cuando una empresa quiere certificar un producto o servicio, debe contratar a una entidad certificadora, que se encargará de definir el alcance del proceso, efectuar los ensayos, el muestreo y las evaluaciones pertinentes, y emitirá la certificación sólo cuando la empresa cumpla con todos los requisitos establecidos en la norma.

Pero el proceso de certificación no finaliza con la emisión del documento, ya que, de forma periódica, la empresa certificadora efectúa diferentes controles y auditorías (o evaluaciones) de seguimiento, a fin de comprobar que se siguen cumpliendo los requisitos de calidad que la norma establece, y la certificación se debe renovar en función del plazo de validez del certificado, anualmente o cada pocos años.

Existen centenares de tipos de certificaciones de calidad, tantos como normas de referencia. Sin embargo, se puede establecer una clasificación en función del objeto de la certificación: empresas, productos, servicios, procesos, personas y modelos de gestión. En este sentido, es importante aclarar que cada certificación sólo es válida para el objeto que se expide; es decir, si un producto o un servicio están certificados, no implica que la empresa tenga certificada su gestión, y viceversa. Cuando el sistema de gestión está certificado, no significa que todos los productos o servicios que salgan de esa organización lo estén.


Veamos algunas de las certificaciones más conocidas:

  • Productos: existen numerosas variedades de certificaciones de producto, como las emitidas por los Consejos Reguladores y Denominaciones de Origen (por ejemplo, el mejillón Gallego, el vino de Rioja, el arroz de Valencia, el queso de Cabrales, etc.). También es muy conocida la “Marca N” de AENOR, que exhiben ya 60.000 productos en referencia a alguna de las 20.000 normas UNE que existen (las siglas UNE corresponden a “Una Norma Española”; son las normas nacionales aprobadas por AENOR, organismo reconocido por la Administración española para desarrollar las actividades de normalización en nuestro país).
  • Personas: supone garantizar la capacitación de las personas que ejercen su actividad en el ámbito de la gestión de la calidad. La Asociación Española para la Calidad (AEC) está acreditada para emitir estos certificados.
  • Certificaciones específicas de sectores: que se emiten tomando como base normas propias de determinados sectores. Al igual que las normas ISO 9000, certifican sistemas de gestión. Entre estas normas sectoriales están la del automóvil (TS 16949), la del sector aeronáutico (EN 9100) o la “Q de Calidad Turística”.
  • Sistemas de gestión de la calidad: la finalidad de estos sistemas es asegurar la calidad de una empresa u organización, aplicando una política de calidad a todos los niveles de gestión. Implantar sistemas de gestión de la calidad es lo que más suelen hacer las empresas, ya que se ahorran procesos repetidos y algunos recursos duplicados o innecesarios, con lo que se suele reducir el gasto económico y de tiempo.

    Si la empresa decide certificar su modelo de gestión de acuerdo con criterios de calidad, normalmente optará por las normas ISO 9000; si desea hacerlo con criterios medioambientales, podrá elegir entre la norma ISO 14001 (con más de 3.000 empresas certificadas en España) o el Reglamento EMAS (Eco-Management and Audit Scheme, con poco más de 300 certificados).

    Las normas ISO son las que siguen el modelo propuesto por la Organización Internacional de Normalización (International Standardization Organization, ISO). Son las más extendidas internacionalmente, ya que desde su aparición en 1987, han certificado la gestión de más de 550.000 organizaciones en 160 países; pero no son las únicas: el referente europeo denominado EFQM (European Foundation Quality Management), basado en esquemas de Calidad Total, se está consolidando como el modelo de gestión más avanzado.

    Las normas ISO y la metodología EFQM no son incompatibles, sino que más bien se complementan. Mientras que EFQM hace referencia a la gestión global de una empresa, sobre tres pilares -estrategia, recursos y resultados-, las normas ISO certifican distintos procesos (de fabricación, producción, etc.). Por ejemplo, en una fábrica de tornillos, las normas ISO asegurarían que cada día se fabrican los tornillos adecuados, con las medidas que exige la norma específica y siguiendo los requisitos concretos del cliente; mientras que EFQM observaría que se sigue la estrategia empresarial conveniente, dedicando a ello los recursos adecuados y con el objetivo de conseguir los resultados esperados.

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