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Certificados de calidad

Un valor añadido que genera una mayor confianza en el consumidor

Cada vez son más las organizaciones que obtienen certificados de calidad. Aunque las primeras empresas en lanzarse a los procesos de certificación fueron las del sector industrial, hoy en día compañías de todos los sectores – incluso la Administración- se someten voluntariamente a estos procesos. Resulta frecuente encontrarnos con expresiones técnicas como “ISO 9000”, “sistema de gestión de la calidad”, “EFQM” o “marca N de AENOR”, que asociamos a la calidad de los productos, servicios o gestión de una empresa. Pero, ¿qué significan realmente estos certificados? Y, sobre todo, ¿qué aportan al consumidor?

Qué aportan al consumidor y a la organización

Hemos hablado del valor añadido que suponen las certificaciones de calidad respecto a los productos, servicios o empresas que no “lucen” este tipo de certificados. Pero, ¿qué aportan concretamente al consumidor o usuario?

  • Al ser certificado por terceros, constituyen una información objetiva sobre el producto o servicio que ayuda al consumidor a elegir entre los productos y servicios de características similares que ofrece el mercado.
  • Una confianza en ese producto o servicio que no aseguran el resto de competidores, puesto que la empresa decide voluntariamente someterse al proceso de certificación, con controles periódicos de seguimiento, lo que supone una inversión y esfuerzo añadidos.
  • La existencia de unos canales de comunicación con el fabricante o proveedor (servicios de atención al cliente, encuestas de satisfacción, etc.) que exige la obtención del certificado, ya que, por ejemplo, las normas ISO 9000 se rigen por una política de orientación al cliente.

Asimismo, las certificaciones de calidad conllevan una serie de ventajas para las empresas u organizaciones que las obtienen:

  • Un descenso en los costes; existe una optimización de los recursos y una disminución de los errores y duplicidades. Según la Asociación Española para la Calidad, esto puede suponer un ahorro económico de hasta un 25%.
  • Una diferenciación de la competencia, un mayor prestigio de la firma e imagen y la apertura de algunos mercados.
  • Una mejor organización y gestión de la empresa. “La implantación de un sistema de calidad es una magnífica oportunidad para que una empresa sea más competitiva, esté mejor organizada y sea más eficiente. Las empresas que lo hacen están en mejor posición para afrontar los retos que se les presentan”, declara Jaime Lloret, presidente de AEC.

    A pesar de estas ventajas, algunas empresas -sobre todo, las PYMES- son reticentes a las certificaciones de calidad, ya que estos procesos exigen un gran esfuerzo y conllevan algunas dificultades:

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