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Contratación de asistencia doméstica

Está permitido hacer contratos de palabra, pero establecer las condiciones laborales por escrito ayuda a ambas partes en caso de conflicto

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: jueves 15 junio de 2006

En los últimos años ha aumentado la contratación de asistencia doméstica en los hogares españoles, así lo refleja un crecimiento paulatino y sostenido en las altas de la Seguridad Social en el Régimen Especial, muy evidente sobre todo cuando se produjo la regulación de trabajadores inmigrantes del año 2005. Este trabajo, intensamente feminizado, en el que la mayoría de las empleadas desarrollan tareas de sustitución directa de la mano de obra empleadora, también femenina, ha tomado valor de mercado. No obstante, pese a lo fundamental que resulta el cuidado de niños y personas dependientes u otras muchas tareas destinadas al bienestar de la familia, la sociedad infravalora esta actividad. Las trabajadoras -el 90% son mujeres- se quejan de que este empleo exige una gran implicación personal y profesional que raramente se refleja en su remuneración. Las familias que requieren de los servicios de estas personas insisten en que se ha de establecer una relación de confianza y denuncian que las asistentas “dejan el trabajo de hoy para mañana”. Mientras, el decreto regulador vigente y el Régimen Especial de Servicio Doméstico de la Seguridad Social permiten que más de la mitad del empleo generado por este sector siga siendo sumergido. Pactar las condiciones laborales por escrito buscando la intermediación de organizaciones como Cáritas o la Red Acoge contribuye a formalizar unas mejores y más estables relaciones laborales.

Sector en auge

Varios son los aspectos sociológicos que han hecho aumentar en la última década la demanda de servicio doméstico, entre ellos, la creciente participación de la mujer en el mercado de trabajo; el envejecimiento de la población; las nuevas formas de gestión del tiempo familiar y la importancia del propio ocio, así como una paulatina tendencia a la dispersión geográfica de los miembros de la familia. Así lo refleja la investigación “Informalidad del Empleo y Precariedad Laboral de las Empleadas de Hogar” llevada a cabo por la Universidad de Valencia.

Cada vez es más habitual la contratación de personas para el cuidado de niños y mayores dependientes, labores de limpieza y otras tareas domésticas. Este estudio, fechado en 2004, constata cómo, debido a insuficientes políticas de conciliación y una falta de guarderías y otros servicios sociales públicos y a la carestía de los privados, la contratación de personas que ayudan en casa ha ido extendiéndose progresivamente desde los segmentos sociales más altos hacia las clases medias.

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Pero este aumento de la demanda no ha supuesto una revalorización de esta actividad, porque, al mismo tiempo, también ha crecido el número de personas dispuestas a trabajar en este sector. El motivo es muy evidente: la llegada de un elevado contingente de mujeres inmigrantes. Para las extranjeras las tareas del hogar son una oportunidad de empleo segura. De hecho, ya superan en casi toda España el 80% de las empleadas externas del sector y se aproximan al 100% en el caso de las asistentas internas, según todas las fuentes y estudios consultados.

Puede hablarse en femenino. En febrero de 2006, el Régimen Especial de Empleados del Hogar de la Seguridad Social alcanzó la cifra de 355.530 afiliados, pero ni siquiera llega al 10% el número de varones. La mayorías de ellos se dedican a labores de jardinería, conducción de vehículos y acompañamiento de enfermos o personas mayores.

La feminización de esta actividad laboral no se refiere sólo al ámbito de las empleadas, sino también al de las empleadoras, puesto que, habitualmente, son mujeres las que solicitan la ayuda de otras mujeres para efectuar unas tareas cuya responsabilidad todavía recae, de forma más o menos exclusiva, sobre ellas.

Las iniciales reticencias respecto a la contratación de personal extranjero en un ámbito tan privado como es el hogar, persistentes hasta bien entrados los 90, han sido superadas “por mera necesidad, lo mismo que ha sucedido en otros sectores como la construcción, la pesca o la hostelería”, remarca Matxalen Garmendia, experta en investigaciones sociales de la Universidad del País Vasco y autora en 2005 del “Diagnóstico de las condiciones laborales de las empleadas domésticas de la Comunidad Autónoma del País Vasco”.

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