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¿Cuánto cuesta opositar?

El gasto puede alcanzar varios miles de euros, según el puesto al que se desee acceder y el método de estudio

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: viernes 12 septiembre de 2008
Img estudiando Imagen: sanja gjenero

Presentarse a unas oposiciones supone un esfuerzo sostenido de entre nueve meses y tres años en el que el gasto puede oscilar desde unos pocos euros hasta varios miles, dependiendo de las aptitudes del aspirante, el puesto al que quiera acceder y el método de estudio que elija.

Invertir tiempo, aprender trucos

/imgs/2008/03/apuntesa.jpgAunque variadas y numerosas, las academias que preparan a los aspirantes coinciden en que no hay fórmulas mágicas para colocarse el primero en la lista y acceder a un empleo público. De hecho, la principal responsabilidad recae en el opositor y no en el centro de estudios, pues las técnicas y estrategias que se imparten, por sí solas, no servirían para nada. El esfuerzo y la dedicación de la persona es la base y, como tal, también supone unos costes. Al margen del desembolso económico, presentarse a unas oposiciones requiere otro tipo de inversiones y renuncias. Y la primera de ellas es el tiempo. ¿Cuánto se tarda, de media, en alcanzar los conocimientos necesarios para acudir preparado a la prueba? Lo mínimo, según indican varias academias, son nueve meses o un año; un periodo que puede extenderse hasta los dos o tres años, dependiendo de la facilidad de aprendizaje, la complejidad de la prueba y las horas diarias que se dediquen a estudiar.

De ahí que los cursos tiendan cada vez más a impartirse de un modo personalizado. “La apuesta por la formación abierta tiene varias razones”, explica Manuel Fandos, profesor de academia. Por un lado, no todas las personas son iguales; hay opositores que trabajan a tiempo completo en el sector privado, o que tienen hijos o mayores a su cargo, y otros que trabajan a tiempo parcial o que están desempleados y viven con sus padres. En estos casos, la flexibilidad horaria resulta imprescindible. Por otro lado, el modelo tradicional de un aula con varios compañeros de clase, en estos casos, no funciona. Según describe el profesor, “si un opositor se prepara en una sala junto a otros 19, no los verá como compañeros, sino como enemigos, pues sabe de antemano que no hay plazas para todos y que deberán competir. La situación que se genera es muy tensa”.

El tiempo mínimo de preparación oscila entre nueve meses y un año, pero suele extenderse hasta tres

A su vez, el ritmo de aprendizaje es diferente para cada persona. Por eso los cursos a medida permiten que cada opositor se centre en aquello que más le cuesta o necesita mejorar. Asimismo, posibilitan que los preparadores sigan de cerca la evolución del aspirante. Por supuesto, hay una tarea que no evita ninguna escuela: sentarse y estudiar, algo que se hace en solitario. Sin embargo, las academias ofrecen técnicas de estudio y relajación para amenizar la faena. Muchas de ellas también realizan simulacros de examen, ayudan al opositor a mejorar su comunicación gestual si debe enfrentarse a una prueba oral y hacen hincapié en las tan habituales (y temidas) “preguntas con trampa”, que pueden dejar fuera de carrera al opositor más abnegado.

Los cursos “baremables”

Para acceder a algunos puestos públicos se utiliza un sistema mixto de selección que combina las características de la oposición con las del concurso. En estos casos, tan importante como la prueba en sí son los méritos anteriores del aspirante, pues colocarse en el primer lugar de la lista se consigue gracias a la suma de puntos de ambas instancias. De base, una persona está habilitada para concursar cuando dispone de la titulación académica que se necesita para desempeñar el puesto. No obstante, cuando todos los aspirantes tienen la misma formación profesional, se valoran otros méritos que suman puntos y, por tanto, marcan la diferencia. Aquí es donde entran en juego los llamados cursos “baremables”, que son aquellos méritos que la Administración tiene en cuenta como valor curricular y que puntúan.

La mayor parte de los cursos “baremables” no suponen un gasto superior a 150 euros

Estos cursos “baremables” se apoyan en la idea de que los funcionarios deben actualizar su formación para desempeñar sus tareas lo mejor posible; algo deseable en todos los sectores e imprescindible en algunos, como el sanitario. La cuestión es que, además de servir a este propósito, los cursos son también un valor añadido en el currículo del aspirante. En este sentido, si el proceso de selección es mixto, habrá que considerar también los costes que implica realizar uno o más de estos cursos pues, aunque hay algunos gratuitos o subvencionados, la inmensa mayoría son de pago. La cuantía, claro está, dependerá de la cantidad de cursos que se sigan, la duración de los mismos, la academia que se elija y el diploma obtenido.

Dejando a un lado los que son gratuitos, el rango de precios es muy amplio, ya que va desde 40 a 9.000 euros. Entre los más baratos se hallan, por ejemplo, los cursos básicos de idiomas o los que mejoran la eficiencia de un operario, como el de manipulador de alimentos. En el otro extremo se colocan los másters y postgrados, de mayor duración y complejidad y, muchas veces, presenciales. Algunos de los más caros son el máster en Gestión de Proyectos Tecnológicos -cuya matrícula ronda los 8.900 euros-, el máster en Dirección de Empresas y Gestiones Turísticas -unos 5.700 euros-, y el curso de Técnico de Grado Medio en Cocina, que cuesta casi 6.000 euros y supone 2.400 horas. Aun así, la mayor parte de los cursos “baremables” no supera los 150 euros.

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