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El cobro a morosos, un negocio en auge

Antes de contratar los servicios de una de estas empresas se recomienda conocer sus métodos de trabajo y sus honorarios

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  • Fecha de publicación: lunes 22 septiembre de 2008

El proceso monitorio

Imagen: Pierre Amerlynck

Nada tiene que ver la estrategia del cobrador disfrazado con los procedimientos que siguen las plataformas gestoras de cobro. Su método de trabajo se basa en la gestión amistosa con el deudor. Para ello, hacen valer las ventajas que se conceden en la Ley Antimorosidad y recurren al mecanismo del proceso monitorio.

La Ley Antimorosidad nació con dos claros objetivos; el primero, penalizar con intereses el retraso en pagar tras el vencimiento del plazo pactado entre las partes, y el segundo, hacer frente a la tan común situación en la que el cliente fija a su proveedor plazos de pago excesivamente largos, y que luego ni tan siquiera cumple. Desgraciadamente, la realidad es que un porcentaje muy bajo de empresas aplica esta ley. Ahora bien, no deja de ser un mecanismo de presión que las plataformas gestoras de cobro utilizan, sobre todo en cuanto se menciona el apartado de los intereses.

Los procesos monitorios representan el 27% del total de asuntos judiciales en España

Por su parte, el proceso monitorio es un procedimiento que nació con la intención de ser rápido y sumario, además de barato, y que goza de una gran aceptación en los países europeos. De hecho, según el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) el número de procesos monitorios presentados representa el 27% del total de asuntos judiciales en España. Este instrumento se aplica a deudas inferiores a los 30.000 euros, y se inicia presentando una demanda, que si se desea puede ser sin la presencia de un abogado o procurador, ya que se trata de rellenar un formulario en el Juzgado de Primera Instancia del domicilio del deudor. Una vez admitida, el juez se dirige al moroso y le otorga un plazo de 20 días para responder. En ese periodo de tiempo, el deudor puede acceder a liquidar sus impagos, o puede oponerse a la deuda alegando causas por las que no está de acuerdo, lo que da lugar a un proceso judicial ordinario. Por el contrario, si el moroso no responde y omite la llamada del juez, automáticamente el embargo es ejecutivo.

El tiempo que transcurre entre que se interpone la demanda y el juez contacta con el deudor varía en función de la comunidad autónoma en la que se presente, aunque por término medio, “el tiempo de espera es de 3 ó 4 meses”, según indica Juan Carlos Panizo, gerente de una plataforma de gestión de cobros. Aun así, indica que es un mecanismo que agiliza el cobro de impagos y que en este negocio “ha supuesto un aumento del 160% en relación al año 2001, fecha en la que se creó”.

¿Cuáles son sus tarifas?

La mayoría de las empresas dedicadas al recobro de deudas suele pactar contractualmente una comisión en forma de porcentaje sobre la cantidad de dinero recuperado. Esta cifra puede variar y se calcula en función de la suma de dinero a la que asciende la deuda, la antigüedad del expediente y la dificultad de las gestiones que los cobradores deban llevar a cabo para liquidar los impagos. La empresa de Panizo aplica “un porcentaje del 20% cuando la deuda se resuelve por la vía amistosa y de un 35% si es necesario emprender acciones judiciales”, según aclara.

Lo habitual es que los honorarios de estos servicios, que oscilan entre el 15% y el 50%, se liquiden una vez que el cliente haya recuperado lo que se le debía. Se aplica así el principio internacional del “no collection no commission”, es decir, si no hay resultados no hay comisiones que cobrar. De esta manera, el cliente de este tipo de negocio se asegura de que la empresa se esforzará al máximo por liquidar sus impagos. Por ello, se recomienda no contratar los servicios de aquellas agencias de cobro que solicitan una cuota fija mensual indistintamente de si la deuda se recupera o no. De cualquier forma, es aconsejable que antes de firmar cualquier contrato el consumidor lea detenidamente su contenido, especialmente las cláusulas que se refieren a la forma de pago. Asimismo, se debe recordar que, ante la más mínima duda sobre el documento, lo mejor es solicitar el asesoramiento de un abogado que despeje cualquier incertidumbre.

EL PERFIL DEL MOROSO

  • En el puesto número uno del ranking de morosos está el profesional, el que cosecha pufos allá donde va; dar de baja el teléfono, estar ilocalizable o incluso cambiar de residencia son sus prácticas más habituales.
  • El segundo lugar lo ocupa el autofinanciado. Se trata de una persona que sabe con exactitud que muchas de las facturas que debe han vencido tiempo atrás pero sigue demorando sus pagos hasta que cobre las deudas de sus propios acreedores.
  • Por último está el moroso en crisis, es decir, quien trabaja o ha trabajado en empresas del sector de la construcción o de otros subsectores que viven, en gran medida, de ella: marmolería, carpintería metálica… Este tipo de deudor suele acceder a liquidar sus deudas por la vía amistosa fraccionándolas en plazos.

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