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Alargar la edad de la jubilación

La jubilación temprana dificulta un sistema sostenible de Seguridad Social e implica desaprovechar conocimientos y recursos humanos

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: viernes 4 julio de 2008
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Reposición desigual

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Las estadísticas demuestran que los puestos que quedan vacantes tras la jubilación de una persona mayor no se vuelven a cubrir con jóvenes en relación de uno a uno. Es decir, que tras el cese de actividad de cinco empleados, por ejemplo, no se suele contratar a otros cinco para cubrir sus puestos, según explica Yolanda Sánchez-Urán, catedrática de Derecho del Trabajo y la Seguridad Social en la Universidad Complutense de Madrid. No hay un reemplazo equivalente de esa mano de obra y, si lo hay, no es en las mismas condiciones salariales. La mayoría de las empresas aprovechan las jubilaciones para reestructurar sus plantillas y reducir sus costes, indica la catedrática.

El asunto no es menor, sobre todo cuando entra en juego otra variable importante: las jubilaciones forzosas. Sánchez-Urán, especializada en el estudio de la ampliación de la vida laboral y que se encuentra preparando un informe sobre el tema para el Consejo Económico y Social (CES), señala que los distintos estudios realizados en el marco de la Unión Europea evidencian que se producen dos fenómenos contrapuestos. Por un lado, la población está envejeciendo y su vejez es cada vez más activa. Por otro, abandona sus puestos de trabajo con 52 ó 53 años. Al principio, dice la experta, estos ceses son temporales, pero lo cierto es que los trabajadores no se reinsertan en la vida laboral; ni en el mismo puesto, ni en otro.

Dos corrientes superpuestas

Las jubilaciones forzosas, sumadas a la precariedad laboral de los jóvenes, conllevan inconvenientes muy serios. A largo plazo, hacen peligrar todo el sistema de Seguridad Social, pues se crea un amplio colectivo de personas que, además de no aportar beneficios al Estado, cobra mes a mes una pensión durante décadas. Si alguien cesa en su actividad a los 55 años, pero vive hasta los 85, el resultado son treinta años de gastos públicos que no se compensan con las aportaciones de los jóvenes trabajadores. En resumidas cuentas, se genera un déficit. Lógicamente, la jubilación es un derecho, pero cuando se produce de manera forzosa recorta la pensión del empleado. Éste es el problema a corto plazo.

La jubilación es un derecho, pero cuando se produce de manera forzosa recorta la pensión del empleado

En España este problema es bien conocido. En los últimos años, como indica el presidente de la UDP, se han desarrollado importantes Expedientes de Regulación de Empleo (ERE) en nuestro país que han puesto fuera del mercado a cientos de miles de trabajadores cualificados, experimentados y en perfectas condiciones físicas y mentales para el desempeño de su trabajo. Se ha expulsado del mercado laboral a estos trabajadores, menores de 55 años, y se les ha penalizado hasta con el 40% de su pensión. Por ello, según Luis Martín Pindado, antes de prolongar la vida laboral se debería penalizar gravemente a las empresas que realizan estas prejubilaciones en su mayor parte forzosas.

Hubo un intento de hacerlo en 2001, cuando se adoptaron dos medidas desde el punto de vista jurídico, matiza Sánchez-Urán. Ese año, siguiendo la política de envejecimiento activo, se derogó la disposición adicional décima del Estatuto de los Trabajadores, que era la que permitía realizar jubilaciones forzosas. Simultáneamente, se intentó favorecer la jubilación postergada con unos beneficios económicos para el empresario y el trabajador. Durante cuatro años, no fue posible en España pactar estas prejubilaciones, hasta que en 2005 se dio un paso atrás y se reestableció la medida, a petición de las empresas y de los propios sindicatos. La situación actual es una cortapisa, según enfatiza la catedrática, ya que ahora mismo se quiere favorecer una jubilación postergada pero se mantiene la posibilidad de pactar jubilaciones forzosas. Es más, si la empresa tiene establecida esta vía en su convenio, puede aplicarla y el trabajador no tiene nada que decir.

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