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Jubilados, unos “guías turísticos” diferentes

Profesionales retirados de distintos ámbitos ejercen como "voluntarios culturales" en museos y catedrales de España

La formación

Los responsables de la Confederación Española de Aulas de Tercera Edad dan mucha importancia a la formación de los futuros guías, que se lleva a cabo desde dos vertientes. En primer lugar, los mayores asisten a un curso de formación sobre voluntariado en el que aprenden las características, objetivos, los derechos y deberes y los aspectos jurídicos del voluntariado. Los aspirantes reciben información sobre la organización interna de los museos, las actividades que se desarrollan en ellos, los fines que deben cumplir estas instituciones así como las características generales del público que los visita. Se les enseña, además, a afrontar los problemas que pudieran surgir y algunas técnicas de evaluación de su trabajo.

Tras ello, los futuros “guías” reciben una carta en la que se les destina al museo que previamente han solicitado. Esta elección suele deberse a motivos de cercanía al domicilio, estudios realizados, motivaciones personales u otro tipo de preferencias. Muchas veces es la profesión que han desempeñado antes de jubilarse la que les lleva a optar por una u otra institución. Ya en el museo, los aspirantes realizan un aprendizaje más concreto sobre la institución en la que van a desarrollar su actividad. Allí pasarán entre dos y seis meses formándose mediante visitas guiadas, clases, conferencias, catálogos y material documental. El objetivo de este período -en el que es el propio museo quien con sus recursos materiales, profesionales y técnicos enseña al participante- es que este guía excepcional esté completamente formado cuando inicie su tarea, el mejor modo de poder mostrar con rigor las colecciones, salas y objetos del museo a los grupos de niños, jóvenes y jubilados que se acerquen a visitarlos.

Los jubilados no suplen la labor de los guías profesionales, sino que la complementan allí donde su acción no llega

Cuando el director del museo o el responsable del programa comprende que la persona está capacitada para empezar a desarrollar su función, se lo comunica al participante a quien, desde ese momento, se le considera voluntario de pleno derecho. El jubilado recibe una tarjeta en la que se certifica que es voluntario cultural. Esta acreditación, igual para todos los museos de España, incluye los datos personales, fotografía, nombre de la institución donde presta sus servicios y un sello de la misma.

El voluntario tiene que firmar un acta en el que se compromete a cumplir los objetivos del programa y donde declara que no busca ninguna contraprestación económica ni vínculo laboral. Además, debe asegurar que dedicará sus conocimientos y esfuerzos al servicio del museo elegido en la medida del tiempo libre que tenga disponible y desee dedicar a esta labor.

No al intrusismo

Los responsables del programa siempre han querido evitar que la participación de los voluntarios pudiera dar pie a acusaciones de intrusismo laboral o competencia desleal por parte de los guías profesionales. Cuando empezaron a desarrollarse, desde algunos sindicatos, comités de empresa o agrupaciones de trabajadores se acusaba a las instituciones que los promovían de quitar puestos de trabajo y utilizar mano de obra barata. Por este motivo, la Confederación Española de Aulas de Tercera Edad participa sólo a instancia de los directores de los diferentes museos, y siempre que no exista en la institución gente que realice este trabajo, ya sean guías profesionales o personas que enseñan el museo a cambio de una propina.

El programa nació como respuesta a un vacío, ya que la mayoría de los museos no contaba hace 15 años con personal de plantilla que mostrara las colecciones y difundiera la cultura. Y, aún hoy, son muchas las carencias a la hora de explicar y enseñar a los visitantes la historia, la ciencia o las obras de arte expuestas en estas instituciones culturales. Éste es el espacio que ocupan los voluntarios, que no suplen la labor de los profesionales sino que la complementan allí donde la acción de los guías no llega.

Para evitar conflictos, la Confederación Española de Aulas de Tercera Edad firmó un acuerdo con la Asociación Nacional de Guías Profesionales de Turismo (APIT) en el que se delimitaba el campo de actuación de cada uno de estos colectivos. El ejercicio de la actividad de los voluntarios culturales se somete a los principios de intervención mínima y subsidiariedad. Es decir, el voluntario sólo actúa en los ámbitos a los que no alcance la competencia de los guías y sólo lo hará complementando los servicios turísticos profesionales cuando no exista esta figura o sea insuficiente. Por otra parte, sólo los profesionales habilitados se denominan “guías”, mientras que las personas que enseñan el museo sin recibir a cambio retribución económica son “voluntarios culturales”.

Los voluntarios enseñan el museo a los visitantes menores de 18 años pertenecientes a centros españoles o extranjeros y a grupos mayores de 65 años, así como a otros colectivos que puedan integrarse. Las visitas organizadas por agencias de viajes no están incluidas en el ámbito de actuación de los voluntarios, independientemente de la edad o el grupo al que pertenezcan.

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