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Trabajar con personas ineficaces

Abordar los problemas directamente y poner límites es el mejor modo de tratar con un compañero o jefe ineficaz

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: jueves 20 diciembre de 2007

¡Que levante la mano el que nunca haya conocido en su entorno laboral a compañeros o jefes incompetentes!. Personas incapaces de realizar bien su trabajo y sí de responsabilizar a otros de sus errores. ¿Es posible detectarlos antes de que vampiricen a los demás? O, mejor aún: ¿existe la fórmula mágica para saber cómo tratarlos antes de que perjudiquen al trabajo con su actitud? Están en todas las organizaciones, en todas las categorías y en todas las actividades laborales. Y se encarnan en formas muy diversas: desde el compañero pelota hasta el jefe trepa. Lo que más sorprende es que, pese a su ineptitud, en muchas ocasiones se mantengan en su puesto e, incluso, en otras muchas, sean ascendidos a un cargo superior. Cada uno sigue una pauta de comportamiento.

Tipología del incompetente

La lista de personas difíciles de tratar en el trabajo, puede ser interminable. Así lo señala señala Francisco Gavilán, psicólogo y autor del libro «Toda esa gente insoportable», quien reconoce que casi nadie es insoportable todo el tiempo. Nadie reacciona siempre conforme a un único modelo de personalidad,algunos se comportan así con algunas personas, pero no con otras.

Para mantener una relación fácil con estos compañeros de trabajo y, sobre todo, para evitar que perjudiquen al resto, Gavilán da algunas recomendaciones sobre las estrategias defensivas que se deben emplear con algunos de los más habituales:

El pelota: Suele ser manipulador, desleal, hipócrita y egoísta, características que esconde bajo una aureola de simpático y seductor. El pelota desarrolla un sinnúmero de fórmulas para resultar simpático a la persona de la que puede conseguir algo más que el saludo. Su objetivo es únicamente conseguir un favor, un ascenso, un empleo o una operación comercial. Este halagador infatigable jamás se atreverá a comunicar algo que sea emocionalmente perturbable para su jefe. Es más, suele ser su confidente más fiel, manteniéndole al corriente de todo lo que pasa en la oficina. El pelota sigue esta táctica hasta que consigue el ascenso y se desvincula de su último jefe, para volver a empezar con su nueva víctima.

Cómo actuar con él:

  • Hablarle clara y directamente de su defecto: «no creo nada de lo que dices de mí, tus palabras me incomodan y por este camino nada conseguirás de mí».
  • Mantener firmemente esa postura ante él.
  • Darle otra oportunidad con estas palabras: «no lo tendré en cuenta esta vez, pero en el futuro sí.»
  • Cortar relaciones con él si no está dispuesto a reconocer su conducta.

El autoritario: La relación de la persona autoritaria con los demás se basa en su capacidad de amenazar, castigar e insultar. Sus esquemas mentales parecen estar anclados en la época de la esclavitud. Por ejemplo, el jefe autoritario busca humillar públicamente cuando él está ansioso y preocupado por un proyecto del que es responsable. Puede empezar a gritar a alguno de sus subordinados, delante de todos, por cualquier causa. Para el autoritario, trabajar en equipo consiste en un conjunto de personas que hacen lo que él dice. Aunque luego culpabilice al equipo entero si él equivocó el camino.

Cómo actuar con él:

  • Esperar el momento oportuno y plantearle una confrontación sosegada. Hay que decirle tranquila, pero firmemente, que se está dispuesto a discutir el asunto con él en privado. Hay que hacerle ver que no se está dispuesto a someterse a sus amenazas, pero que sí es posible negociar.
  • Ofrecerle nuevos métodos de trabajo o relación. Exponerle con claridad lo que realmente se puede hacer para resolver el conflicto y darle esperanzas razonables para una solución que lo tranquilice.
  • Si después de todo sigue amenazando, hay que dejarle que se desahogue y, sin ninguna muestra de miedo, mirarlo fijamente, sin bajar la mirada (si se hace, verá al oponente como una persona débil e intentará pisotearla de nuevo) y replicarle en su mismo tono agresivo. Se asombrará al ver reproducida su conducta e, inmediatamente, cambiará su negativa actitud, al menos con quien le hizo frente.

El trepa: La forma de actuar del trepa gira en torno a un único objetivo: satisfacer sus ansias de poder. Suele fingir que trabaja, pero en realidad, ni le interesa el trabajo, ni los intereses de la empresa. Su única obsesión es escalar con el menor esfuerzo y tiempo posible la pirámide de la organización. No confía en nadie. No puede respetar a sus amigos porque no los tiene, aunque les hace creer que lo son. Intenta ganarse su confianza y poder arrebatarle así alguna idea brillante. Ante todo, necesita convertirse en imprescindible y refuerza esta dependencia atesorando y manipulando la información. El trepa cree que el hombre ha de ser agresivo, competidor y dominante en todo lo que hace. Por esta razón, adopta el papel de verdugo antes de que otro lo convierta en víctima.

Cómo tratar con él:

  • Hay que decirle claramente que su juego de humillar y aniquilar ha quedado descubierto, y que no se está dispuesto a tolerarlo más.
  • Conviene mantenerse firme en la confrontación, pese a las reiteradas justificaciones que el trepa esgrimirá al estilo de: «no es lo que tú crees».
  • Si el trepa reconoce su forma de actuar, se le debe hacer ver que la colaboración con él será estrictamente profesional. Si no reconoce su error, hay que tratar de distanciarse o mantener el menor trato posible con él.

El indeciso: Es una persona débil, dependiente, inhibida, insegura, sin criterio ni iniciativa. Asumir cualquier responsabilidad, por pequeña que sea, le produce tal estado de ansiedad que le impide tomar decisiones. Cuando ha de encarar una situación, la elude con mil y una justificaciones hasta que ya es demasiado tarde. Con esta actitud, siempre son los demás los que tienen que sacarle las castañas del fuego. Para él es fundamental trabajar en equipo. Eso le permite culpar al otro.

Cómo tratar con él:

  • El indeciso no conoce la forma de elegir entre dos opciones que nunca son perfectas. Hay que ayudarle a percibir las ventajas y los inconvenientes de las distintas posibilidades. Así se librará paulatinamente de su miedo.
  • Se le puede plantear la siguiente pregunta: «¿Qué es lo peor que te puede suceder si te equivocas?». De esta manera, comprenderá que su miedo a tomar decisiones es desproporcionado.

El perfeccionista: Está compulsivamente obsesionado por conseguir la excelencia en todo lo que hace. Cuida al máximo cualquier detalle por insignificante que sea. Es, por tanto, obstinado, dogmático, rígido y meticuloso. Lo malo de su postura es que afecta muy negativamente, no sólo a sí mismo, sino a sus compañeros. Por ejemplo, los jefes perfeccionistas no admiten que ningún subordinado ponga en marcha un sistema de trabajo más eficaz que el que él organizó. Perfeccionar es una tarea que, según él piensa, le compete exclusivamente a él.

Cómo tratar con él:

  • No hay otra alternativa que enfrentarse a él. Hay que mostrarle con sosiego y corrección que sus exigencias, por mucho que él se obstine, son inaceptables.
  • Hay que demostrarle que se sabe trabajar de forma eficaz y que, en el supuesto de que se cometa un fallo, existe el derecho a cometerlo. Hay que reivindicar el derecho a cometer errores.

El crítico negativo: A este personaje también se le conoce como el «poneperos» porque jamás deja caer de sus labios un elogio sin acompañarlo inmediatamente de un reproche: «reconozco que te has esmerado mucho en este trabajo, pero creo que se puede mejorar». Al final, este reproche es lo que permanecerá con más fuerza en la conciencia del receptor. Es, en definitiva, un ser que no sabe hablar positivamente porque es, sencillamente, negativo.

Cómo tratar con él:

  • Hay que tener mucha paciencia para tratar con los compañeros y jefes negativos para intentar modificar su conducta. Lo peor que se puede hacer es tratar de convencerlo de que es una persona negativa.
  • Hay que intentar sacar algo positivo a sus críticas. De hecho, una persona aduladora nunca dirá si un trabajo está mal hecho. Por el contrario, el negativo está especializado en ver el vaso medio vacío, y puede que algunas de sus críticas sí puedan tener una parte de razón.

Cuando el incompetente es el jefe

Muchas situaciones de ineficacia se deben a que los jefes no hacen bien su trabajo. No marcan con claridad los objetivos, no proporcionan los medios e instrumentos necesarios, desconfían de las personas a su cargo, o emplean estilos de dirección basados en el «ordeno y mando», más que en la participación del equipo. Como añade Antonio Galindo, director de Asesores Emocionales, un jefe no debe caer en favoritismos, ni en lástimas o penas. Estas actitudes las practican los jefes para no entrar en conflicto abierto.

Un buen jefe ha de detectar la razón de la ineficacia (si es ignorancia, incompetencia para el puesto de trabajo, desmotivación) y abordar el conflicto, sin violencia, pero de manera clara y manifiesta. Dialogar de manera sistemática con la persona, proponerle acciones y evaluar si ha experimentado o no progreso. Sin grandes paternalismos. Y si, después de todo no se observa una evolución, quizás sea necesario trasladar a esa persona de puesto o prescindir de ella, siempre respetando su integridad.

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