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Colonias de verano

En los últimos años los campamentos se han especializado en materias concretas con el fin de adaptar la oferta a los gustos de los jóvenes

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: viernes 11 agosto de 2006

Las colonias de verano han experimentado una importante evolución. Lejos de desaparecer, en los últimos años están cada vez más solicitadas tanto por padres y madres que trabajan fuera de casa como por los escolares que disfrutan de más tiempo libre durante el periodo estival. A los mayores les permite conciliar la vida familiar y laboral, mientras que niños y adolescentes ven en ellas una oportunidad de vivir experiencias diferentes y, en muchos casos, especializadas en las actividades que más les gustan. Deporte, aventura, idiomas o nuevas tecnologías son algunas de las posibilidades. El objetivo es que los jóvenes aprovechen el verano para algo más que descansar, siempre que ellos estén de acuerdo con la actividad y teniendo en cuenta sus preferencias y motivaciones. En este sentido, los padres deben dialogar con sus hijos sobre sus gustos e informarse correctamente de todos los detalles del campamento, ya que durante su desarrollo no suelen estar permitidas las visitas y las llamadas telefónicas son limitadas.

Elegir la mejor opción

La primera vez que un niño acude a un campamento son muchas las dudas que se plantean a los padres ¿Se adaptará bien? ¿Se sentirá solo? ¿Hará amigos? ¿Estará atendido correctamente? Un buen número de cuestiones que es importante resolver a tiempo para evitar una mala experiencia. Silvia Martín, miembro del Grupo Aula Joven, que organiza campamentos desde 1995 en la Comunidad de Madrid, señala que el primer factor a tener en cuenta es la propia madurez del niño, “ya que un pequeño de seis años, por ejemplo, no es igual que otro, cada uno lleva su ritmo”. Del éxito de la primera experiencia dependerá que el niño repita o no al año siguiente y que disfrute del campamento. “La mayoría de los niños repiten, quizá menos en el caso de chicos a partir de catorce años que optan por otras actividades. La clave está en encontrar la opción que mejor se adapte a cada chaval porque, a partir de ahí, podrá hacer más amigos y le costará menos adaptarse a los monitores y a la dinámica del campamento”, añade Martín.

Lo más importante es que los padres respeten las preferencias de sus hijos, que hablen con ellos sobre sus gustos y que tengan en cuenta su interés y motivaciones. “Con esta premisa, lo recomendable es que a partir de los tres años los niños acudan a campamentos urbanos, con un horario que les permita dormir en casa, para marcharse de campamento o colonias a partir de los seis años -precisa Segarra-. Antes de esta edad es un poco pronto para mandar a un niño a un campamento porque le cuesta más separarse de los padres, pero a partir de los seis años no suele haber ningún problema”. En ningún caso es bueno forzar a los niños a acudir a colonias porque habrá más posibilidades de rechazo. Asimismo, es conveniente que los padres acudan a las reuniones informativas previas y que conozcan al equipo de monitores, que deben tener una formación específica como monitor de tiempo libre. “Este es el requisito mínimo que deben cumplir, además de ser personas a las que les guste estar con niños”, remarca Segarra, quien confirma que la mayoría de los monitores suelen tener formación universitaria en magisterio o pedagogía.

Antes de partir, hay que estar seguros de que se cumplen todas las garantías correspondientes, ya que durante los campamentos no suelen permitirse las visitas de los padres y las llamadas telefónicas están restringidas. Según Silvia Martín, permitir ambas cosas podría ser “contraproducente” para el desarrollo de la autonomía del niño: “Lo habitual es que los padres puedan llamar a sus hijos tres veces durante el tiempo que están en el campamento, pero las visitas, salvo excepciones, no están permitidas”. Esto no significa, no obstante, que los padres no estén informados de lo que hacen los pequeños. En los últimos años diversas organizaciones han creado páginas web en las que se puede acceder a toda la información sobre el desarrollo de la actividad o bien, por parte de los organizadores, “se envían correos electrónicos y fotografías a los padres para que sepan qué están realizando sus hijos y que cuando hablen con ellos por teléfono les puedan preguntar o sepan de antemano lo que van a hacer en los próximos días”, explica Silvia Martín. Pese a todo, para evitar complicaciones, la Fundación Pere Tarrés ha elaborado el siguiente decálogo para ayudar a los padres en la toma de decisiones.

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